Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: Se alquila paraíso en ruinas.
Juan José Arreola.
A todas mis despedidas a las que ya hice, a las que ya olvidé y también a las que he hecho pero no he olvidado. Para todas mis despedidas va este texto de Arreola.
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Es que soy menonita.
A punto de leer a John Fante, Pregúntale al polvo, y antes leo una frase.
Una que me hace cosquillas,
me pregunto si yo alguna vez la usare en mi vida.
"En fin, Camila, puedes irte a la mierda. Sabré olvidarte. Tengo dinero"
En fin, (y luego el nombre de no sé quién), puedes irte a la mierda. Sabré olvidarte. Tengo dinero.
Nunca le he dicho a nadie que se puede ir a la mierda.
Todos tenemos una primera vez en la vida.
Una que me hace cosquillas,
me pregunto si yo alguna vez la usare en mi vida.
"En fin, Camila, puedes irte a la mierda. Sabré olvidarte. Tengo dinero"
En fin, (y luego el nombre de no sé quién), puedes irte a la mierda. Sabré olvidarte. Tengo dinero.
Nunca le he dicho a nadie que se puede ir a la mierda.
Todos tenemos una primera vez en la vida.
Ya habían dicho: el amor es un perro infernal.
Corre, aplasta la mosca que se quedó viendo a través de la ventana.
De cuatro años para acá. Se me vienen estos cuatro años. He aprendido mucho pero también he ignorado otro tanto. He dejado de hacer unas cosas por otras. Y esta noche escucho Radiohead, Animal Collective, Molloy and his bike y Daniel Johnston.
Escucho y veo y me truena la cabeza.
Hace como un mes vi un documental sobre Hunter S. Thompson y me quedé pensando en las bermudas y las armas. Y en los autos viejos y en los viajes por carretera.
Hace cuatro años no pensaba en eso. Hace cuatro años leía Herman Hesse y a Oscar Wilde, escribía cosas y se las mostraba a mis amigos. Hace cuatro años veía el escenario y me emocionaba la música, sobre todo la música que se hace con panderos. Pensaba también en el periodismo, en escribir artículos sobre política, sobre lo que pensaba una tipa de 17 años que escuchaba a Lennon y a Yoko por las noches. Leía diario las columnas de los periódicos y buscaba artículos científicos para obtener puntos extras en física.
Hace cuatro años estaba en un cerro con una pluma, rellenando bolitas en un papel, jugaba México contra Argentina, así como hoy. Me regresé con el doctor que también estaba rellenando bolitas, nos fuimos juntos y yo estaba entusiasmada y nerviosa, él ya estaba resignado, bebimos jugo y agua al mismo tiempo y escuchamos la radio, el partido a punto de terminar, la derrota.
Hubo un cambio, me fui a la ciudad subterránea. Un lugar al que al principio me resistía, pero ahora después de cuatro años, puedo decir que es mi lugar. Un lugar a punto de ser abandonado.
Se acabaron mis materias y busco temas, cosas que me agraden, algo con lo que pueda escribir como cien cuartillas.
Y no sé todavía qué, no encuentro algo que se me pegue totalmente en la cabeza, algo que realmente me interese.
De lo primero que escribí hace cuatro años fue sobre Boris Vian, sobre sus poemas, hice un ridículo análisis que valió para luego escuchar su música.
Después escribí sobre el movimiento Dadaísta, sobre la "muerte del arte", sobre Magritte.
Hicimos muchas lecturas, lecturas colectivas y empezamos a construir un diálogo, un diálogo pesado. Un diálogo basura, uno serio, otro derribador de lo serio, uno cómico, indiferente, a veces con teoría a veces sin ella.
Empecé a leer a Sausurre, a distinguir entre lengua y lenguaje. A leer al círculo de Praga, a Roman Jakobson con la función poética y después no entender a Hjelmslev, ni a Sapir y la lingüística estructural y la conceptualización del mundo. Para luego pasar a Chomsky y comprar Chomsky para principiantes y leer La arquitectura del lenguaje y el minimalismo y la reducción. Y olvidarlo todo, así de fácil, quedarte con ciertas frases, ciertas imágenes y nada más. Quedarte con el frío, con las bancas de cuero, con las crudas.
La Retórica y La Poética de Aristóteles, el diccionario de Helena Beristáin. El encuentro de ensayistas y Simone de Beauvoir. El segundo sexo.
Semántica, el signo y su relación con el mundo, Frege. Polisemia, polisemia.
La vida es sueño, Los viajes de Gulliver, Drácula, Historia de Cronopios y de famas, Fervor de buenos aires, La casa de muñecas, Las flores del mal, Mujeres, El café de nadie, El capote, Nadie los vio salir, Bodas del cielo y del infierno.Luego el clave con Mallermé. Cosas que te decían, cosas que querías o cosas que encontrabas, todo disparejo, todo como quieras, tus ojos y tu tiempo.
Luego D. Fieltroman Aguilar Crocota Ruvalcaba me prestó muchos libros, me regaló otros y vinieron Carver, Bolaño, Bellatín, Kerouac, Bukowsky, Jarry, Paul Auster, Borroughs y Borges de nuevo.
La conjura de los necios, La biblia de neón y los libros de aforismos. Alejandra Pizarnik y la piedra de la locura del mundo.
Pasaron los años entre varios libros, entre varias películas y nueva música para mí.
Escribí sobre Borges, luego Guillermo Fadanelli y Compraré un rifle y Lodo. Sobre el fotoperiodismo y Patricia Aridjis. Y sobre Blanco y un Coup de dés, Revueltas y esas cosas, y sobre Beckett y luego de nuevo sobre Boris Vian y terminé de nuevo con el arte contemporáneo en México y su relación con el pesimismo y la indiferencia anunciada en La era del vacío. Y de nuevo Magritte.
Todo esto para autonarrarme que no tengo una idea clara, pero pienso que las artes visuales y la literatura en estos cuatro años, me han hecho ver y pensar cosas diferentes. Me gustan pues y pienso unirlas. Pero no sé cómo ni cuáles.
Porque quedan muchas cosas por leer y por ver, porque tengo memoria corta y falta de atención. Porque quiero verlas juntas, porque son parte de mi autobúsqueda. Y porque sí.
Pienso de nuevo en Hunter S. Thompson en tener armas para matar tantas palabras inútiles como éstas. Pero pienso más en las bermudas y en largos viajes por carreteras.
Escuchando Let Down de Radiohead. Canción vieja, de hace cuatro años.
Escucho y veo y me truena la cabeza.
Hace como un mes vi un documental sobre Hunter S. Thompson y me quedé pensando en las bermudas y las armas. Y en los autos viejos y en los viajes por carretera.
Hace cuatro años no pensaba en eso. Hace cuatro años leía Herman Hesse y a Oscar Wilde, escribía cosas y se las mostraba a mis amigos. Hace cuatro años veía el escenario y me emocionaba la música, sobre todo la música que se hace con panderos. Pensaba también en el periodismo, en escribir artículos sobre política, sobre lo que pensaba una tipa de 17 años que escuchaba a Lennon y a Yoko por las noches. Leía diario las columnas de los periódicos y buscaba artículos científicos para obtener puntos extras en física.
Hace cuatro años estaba en un cerro con una pluma, rellenando bolitas en un papel, jugaba México contra Argentina, así como hoy. Me regresé con el doctor que también estaba rellenando bolitas, nos fuimos juntos y yo estaba entusiasmada y nerviosa, él ya estaba resignado, bebimos jugo y agua al mismo tiempo y escuchamos la radio, el partido a punto de terminar, la derrota.
Hubo un cambio, me fui a la ciudad subterránea. Un lugar al que al principio me resistía, pero ahora después de cuatro años, puedo decir que es mi lugar. Un lugar a punto de ser abandonado.
Se acabaron mis materias y busco temas, cosas que me agraden, algo con lo que pueda escribir como cien cuartillas.
Y no sé todavía qué, no encuentro algo que se me pegue totalmente en la cabeza, algo que realmente me interese.
De lo primero que escribí hace cuatro años fue sobre Boris Vian, sobre sus poemas, hice un ridículo análisis que valió para luego escuchar su música.
Después escribí sobre el movimiento Dadaísta, sobre la "muerte del arte", sobre Magritte.
Hicimos muchas lecturas, lecturas colectivas y empezamos a construir un diálogo, un diálogo pesado. Un diálogo basura, uno serio, otro derribador de lo serio, uno cómico, indiferente, a veces con teoría a veces sin ella.
Empecé a leer a Sausurre, a distinguir entre lengua y lenguaje. A leer al círculo de Praga, a Roman Jakobson con la función poética y después no entender a Hjelmslev, ni a Sapir y la lingüística estructural y la conceptualización del mundo. Para luego pasar a Chomsky y comprar Chomsky para principiantes y leer La arquitectura del lenguaje y el minimalismo y la reducción. Y olvidarlo todo, así de fácil, quedarte con ciertas frases, ciertas imágenes y nada más. Quedarte con el frío, con las bancas de cuero, con las crudas.
La Retórica y La Poética de Aristóteles, el diccionario de Helena Beristáin. El encuentro de ensayistas y Simone de Beauvoir. El segundo sexo.
Semántica, el signo y su relación con el mundo, Frege. Polisemia, polisemia.
La vida es sueño, Los viajes de Gulliver, Drácula, Historia de Cronopios y de famas, Fervor de buenos aires, La casa de muñecas, Las flores del mal, Mujeres, El café de nadie, El capote, Nadie los vio salir, Bodas del cielo y del infierno.Luego el clave con Mallermé. Cosas que te decían, cosas que querías o cosas que encontrabas, todo disparejo, todo como quieras, tus ojos y tu tiempo.
Luego D. Fieltroman Aguilar Crocota Ruvalcaba me prestó muchos libros, me regaló otros y vinieron Carver, Bolaño, Bellatín, Kerouac, Bukowsky, Jarry, Paul Auster, Borroughs y Borges de nuevo.
La conjura de los necios, La biblia de neón y los libros de aforismos. Alejandra Pizarnik y la piedra de la locura del mundo.
Pasaron los años entre varios libros, entre varias películas y nueva música para mí.
Escribí sobre Borges, luego Guillermo Fadanelli y Compraré un rifle y Lodo. Sobre el fotoperiodismo y Patricia Aridjis. Y sobre Blanco y un Coup de dés, Revueltas y esas cosas, y sobre Beckett y luego de nuevo sobre Boris Vian y terminé de nuevo con el arte contemporáneo en México y su relación con el pesimismo y la indiferencia anunciada en La era del vacío. Y de nuevo Magritte.
Todo esto para autonarrarme que no tengo una idea clara, pero pienso que las artes visuales y la literatura en estos cuatro años, me han hecho ver y pensar cosas diferentes. Me gustan pues y pienso unirlas. Pero no sé cómo ni cuáles.
Porque quedan muchas cosas por leer y por ver, porque tengo memoria corta y falta de atención. Porque quiero verlas juntas, porque son parte de mi autobúsqueda. Y porque sí.
Pienso de nuevo en Hunter S. Thompson en tener armas para matar tantas palabras inútiles como éstas. Pero pienso más en las bermudas y en largos viajes por carreteras.
Escuchando Let Down de Radiohead. Canción vieja, de hace cuatro años.
Los palomos asados no vuelan por el aire.

Era una certidumbre física y médica, un hecho;
nadie lo había asesinado, por la sencilla razón
de que no había sido asesinado. Tenía que admitir
que la mayoría de mis colegas hubiesen suspendido
la investigación allí mismo. !Yo no!
Me sentía demasiado ridículo, demasiado irritado, y
había ido ya demasiado lejos. El asesinato es algo
que se produce intelectualmente; tiene, pues, que
ser concebido por alguien.
W. Gombrowicz.
El hipodromo.
Ahora entinedo y lo comprendo tarde.
Ahora sé por qué tantos escritores, tantos individuos (en general) quieren parecerse a Bukowsky.
Los escritores no buscan su talento ni mucho menos su genuina "dedicación" para escibir. Los individuos en general tal vez sí busquen su talento pero no la "dedicación".
Todos buscan su estilo para conquistar mujeres, su estilo para llevarlas a la cama.
Y no los culpo, si yo fuera hombre no diría que estuviera mal parecerme a él.
Bukowsky, un hombre nada privilegiado fisicamente hablando, con las arrugas menos atractivas (nada que ver con Beckett) y con el entrecejo lleno de polvo. Borracho.
Sin embargo, ahora comprendo a las mujeres que babeaban por él, su sensibilidad era única y rebasaba a su sucio cuero cabelludo.
La sensibilidad es algo que escasea, no es algo común. No es algo que se encuentra tan rápido y fácil como una coca-cola. Ahora los comprendo y las comprendo porque mi mente anda muy ociosa. Me canso de no tener respuesta, de no saber dónde está el Chapo Guzmán y lo que hay por Haití (y luego pienso que lo mismo puede ocurrir con Cuba).
Por eso, mejor pienso en el poeta del Pájaro azul y en su vieja máquina de escribir, por eso se me viene a la mente la lectura y la escritura como escape de la realidad. Yo no compraría un rifle para matar un venado.
Yo no reproduciría imágenes a gran velocidad.
No creo que Bukowsky me vaya a besar algún día (y no sólo porque esté muerto).
Y a veces tampoco creo en la ley de la gravedad (ni cuando me la paso arrojando manzanas).
Ahora sé por qué tantos escritores, tantos individuos (en general) quieren parecerse a Bukowsky.
Los escritores no buscan su talento ni mucho menos su genuina "dedicación" para escibir. Los individuos en general tal vez sí busquen su talento pero no la "dedicación".
Todos buscan su estilo para conquistar mujeres, su estilo para llevarlas a la cama.
Y no los culpo, si yo fuera hombre no diría que estuviera mal parecerme a él.
Bukowsky, un hombre nada privilegiado fisicamente hablando, con las arrugas menos atractivas (nada que ver con Beckett) y con el entrecejo lleno de polvo. Borracho.
Sin embargo, ahora comprendo a las mujeres que babeaban por él, su sensibilidad era única y rebasaba a su sucio cuero cabelludo.
La sensibilidad es algo que escasea, no es algo común. No es algo que se encuentra tan rápido y fácil como una coca-cola. Ahora los comprendo y las comprendo porque mi mente anda muy ociosa. Me canso de no tener respuesta, de no saber dónde está el Chapo Guzmán y lo que hay por Haití (y luego pienso que lo mismo puede ocurrir con Cuba).
Por eso, mejor pienso en el poeta del Pájaro azul y en su vieja máquina de escribir, por eso se me viene a la mente la lectura y la escritura como escape de la realidad. Yo no compraría un rifle para matar un venado.
Yo no reproduciría imágenes a gran velocidad.
No creo que Bukowsky me vaya a besar algún día (y no sólo porque esté muerto).
Y a veces tampoco creo en la ley de la gravedad (ni cuando me la paso arrojando manzanas).
Imagina si esto se acabara.

Beckett, hubo un día en el que dije que me gustaban tus arrugas.
El día en que lo dije me salió otra arruga en la frente, cerca de una cicatriz de la infancia.
Me gustan más tus obras de teatro, pero me gustan más tus poemas que tu narrativa.
Aunque te digo que mi cuento favorito (tuyo) es el de Primer amor. La traducción en español de España de Primer amor.
Me gusta ese relato porque (a pesar de que tengo un problema con todas y cada una de las despedidas) el abandono final, la última despedida del texto en el que él se va, es una de mis despedidas-abandonos favoritos.
Encuentro poemas tuyos en la red y un dibujo en el blog viejo de D.(http://avibujos.blogspot.com/). No tengo recortes de tus arrugas.
No me gusta sobrepensar pero cuando hace frío y me da sed me gusta leer cosas como esto en la red:
Sábado, un respiro
no reír más
desde la media noche
hasta la media noche
no llorar
(Samuel Beckett)
Las criaturas que nunca escribieron cartas de amor son ridículas.
Todas las cartas de amor son
Ridículas.
No serían cartas de amor si no fueran
Ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,
Como las otras,
Ridículas.
Las cartas de amor, si hay amor
Tienen que ser
Ridículas.
Pero, al final
Sólo las criaturas que nunca escribieron
Cartas de amor
Son
Ridículas.
Quién me diera el tiempo en que escribía
Sin notarlo
Cartas de amor
Ridículas.
La verdad es que hoy
Mis memorias
De esas cartas de amor
Son
Ridículas.
(Todas las palabras esdrújulas,
Como los sentimientos esdrújulos
Son naturalmente
Ridículas).
Un poema de Álvaro de Campos.
Yo nunca he escrito una carta de amor (al menos no lo recuerdo) y ya tengo dos décadas con un año extra, me pregunto si la escribiré algún día... una carta, carta.
Luego pienso que de todos modos en muchas situaciones he sido ridícula.
Ey chica: ¿por qué eres tan ridícula? (me pregunto a mí misma)
Ridículas.
No serían cartas de amor si no fueran
Ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,
Como las otras,
Ridículas.
Las cartas de amor, si hay amor
Tienen que ser
Ridículas.
Pero, al final
Sólo las criaturas que nunca escribieron
Cartas de amor
Son
Ridículas.
Quién me diera el tiempo en que escribía
Sin notarlo
Cartas de amor
Ridículas.
La verdad es que hoy
Mis memorias
De esas cartas de amor
Son
Ridículas.
(Todas las palabras esdrújulas,
Como los sentimientos esdrújulos
Son naturalmente
Ridículas).
Un poema de Álvaro de Campos.
Yo nunca he escrito una carta de amor (al menos no lo recuerdo) y ya tengo dos décadas con un año extra, me pregunto si la escribiré algún día... una carta, carta.
Luego pienso que de todos modos en muchas situaciones he sido ridícula.
Ey chica: ¿por qué eres tan ridícula? (me pregunto a mí misma)
Goma de mascar.
¿En qué he pensado?
En muchas cosas, cosas que no voy a decir. De lo que sí estoy segura es que hoy como ningún otro día me han dado ganas de tener una cámara fotográfica poderosa.
Las calles están repletas de situaciones, objetos, grillos, gargajos, sombreros, cabras que se pueden fotografiar. Me hubiera gustado que alguien más viera al mismo tiempo,lo que yo vi hoy.
Ayer confesé un gran secreto a mis amigos mientras uno de ellos masticaba una guacamaya.
Cómo acabar de una vez por todas con la cultura es el título del libro de Woody Allen que leí hace poco, bueno leí la traducción en español de España ¿están cachondeándose de mí? (fue regalo de cumpleaños en la FIL), no cabe duda que su sentido del humor es mi sentido. Mi relato favorito es el de "Para acabar con el ajedrez" en la narración dos personas juegan ajedrez por correspondencia y se explican el uno al otro los movimientos, los dos declaran jaque-mate.
Escritos pornográficos de Boris Vian (es otro regalo de cumpleaños en el auditorio del estado) es un libro que contiene cinco poemas eróticos y un relato sobre la utilidad de una literatura erótica, todo esto escrito con la genialidad y humor que distinguen a Vian(uno de mis amores platónicos ya fallecidos): "la literatura erótica sólo existe en la mente del erotómano; y no podemos pretender que la descripción... pongamos de un árbol o de una casa, sea menos erótica que la de una pareja de expertos enamorados... lo esencial es conocer el estado mental del lector". Y él también dice:
En tu vientre amparo
En tus muslos separados
En tu misterio corredero
Escribo tu nombre
He venido de noche
Para embadurnarlo todo
He venido por tu nombre
Para escribirlo
con esperma.
¿Cuál es el estado mental del lector? No tengo idea, ¿quién es el lector?
Hoy en la biblioteca, esperando a Chino, leí El cuaderno rojo de Paul Auster del cual nomás había leído la novela gráfica Ciudad de Cristal que me prestó hace un año o más el señor Crocota. El cuaderno rojo está compuesto de relatos breves que hacen que no te puedas despegar de la lectura. Son relatos en los que el propio autor se convierte en ficción en cuanto dice: "todo lo escrito aquí es verdadero". Mi relato favorito fue en el que se describe el encuentro de B. y E. me gustó por ser el más inverosímil de todos, por lo tanto el más deseado.
Ahora leo Amuleto de Roberto Bolaño (otro regalo cumpleañero en el Chumani) esta novela es corta pero todavía no la acabo. Auxilo (protagonista de la novela) me hace sentir triste y a la vez desear estar en el DF, la pérdida de sus dientes me tiene consternada, me ha llegado a estremercer.
Y bueno leí un cuento que me gustó mucho en otro libro cumpleañero Nuevas voces de la narrativa mexicana, éste todavía no lo termino pero puedo decir que algo tiene "Soñar el sol" que no lo volvería a leer.
Las lecturas cumpleañeras vacacionales están de "rebane" -como diría Samuel-. Todavía faltan algunas. Mientras, espero irme a perder por el sur, que los ahorros me alcancen. En Diciembre aquí estoy: masticando goma de mascar.
En muchas cosas, cosas que no voy a decir. De lo que sí estoy segura es que hoy como ningún otro día me han dado ganas de tener una cámara fotográfica poderosa.
Las calles están repletas de situaciones, objetos, grillos, gargajos, sombreros, cabras que se pueden fotografiar. Me hubiera gustado que alguien más viera al mismo tiempo,lo que yo vi hoy.
Ayer confesé un gran secreto a mis amigos mientras uno de ellos masticaba una guacamaya.
Cómo acabar de una vez por todas con la cultura es el título del libro de Woody Allen que leí hace poco, bueno leí la traducción en español de España ¿están cachondeándose de mí? (fue regalo de cumpleaños en la FIL), no cabe duda que su sentido del humor es mi sentido. Mi relato favorito es el de "Para acabar con el ajedrez" en la narración dos personas juegan ajedrez por correspondencia y se explican el uno al otro los movimientos, los dos declaran jaque-mate.
Escritos pornográficos de Boris Vian (es otro regalo de cumpleaños en el auditorio del estado) es un libro que contiene cinco poemas eróticos y un relato sobre la utilidad de una literatura erótica, todo esto escrito con la genialidad y humor que distinguen a Vian(uno de mis amores platónicos ya fallecidos): "la literatura erótica sólo existe en la mente del erotómano; y no podemos pretender que la descripción... pongamos de un árbol o de una casa, sea menos erótica que la de una pareja de expertos enamorados... lo esencial es conocer el estado mental del lector". Y él también dice:
En tu vientre amparo
En tus muslos separados
En tu misterio corredero
Escribo tu nombre
He venido de noche
Para embadurnarlo todo
He venido por tu nombre
Para escribirlo
con esperma.
¿Cuál es el estado mental del lector? No tengo idea, ¿quién es el lector?
Hoy en la biblioteca, esperando a Chino, leí El cuaderno rojo de Paul Auster del cual nomás había leído la novela gráfica Ciudad de Cristal que me prestó hace un año o más el señor Crocota. El cuaderno rojo está compuesto de relatos breves que hacen que no te puedas despegar de la lectura. Son relatos en los que el propio autor se convierte en ficción en cuanto dice: "todo lo escrito aquí es verdadero". Mi relato favorito fue en el que se describe el encuentro de B. y E. me gustó por ser el más inverosímil de todos, por lo tanto el más deseado.
Ahora leo Amuleto de Roberto Bolaño (otro regalo cumpleañero en el Chumani) esta novela es corta pero todavía no la acabo. Auxilo (protagonista de la novela) me hace sentir triste y a la vez desear estar en el DF, la pérdida de sus dientes me tiene consternada, me ha llegado a estremercer.
Y bueno leí un cuento que me gustó mucho en otro libro cumpleañero Nuevas voces de la narrativa mexicana, éste todavía no lo termino pero puedo decir que algo tiene "Soñar el sol" que no lo volvería a leer.
Las lecturas cumpleañeras vacacionales están de "rebane" -como diría Samuel-. Todavía faltan algunas. Mientras, espero irme a perder por el sur, que los ahorros me alcancen. En Diciembre aquí estoy: masticando goma de mascar.
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