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How to disappear completely

Hace una semana fui a la biblioteca y me dispuse a buscar algunos libros de Slavoj Žižek un filósofo esloveno que ha llamado mi atención así como la de otros muchos. Mi primer acercamiento a su "pensamiento" fue a través de un documental que vi en youtube en donde al principio habla del amor como un acto violento y ya después aparece acostado en su cama sin camisa mostrando su pelo en pecho y hablando sobre las ideas que tiene acerca de Lacan y de Marx. Debo confesar que en primera instancia me impactó su idea sobre el amor, el amor mostrado como un acto violento
 pero también sobre la cultura y "la pasión por lo real".

 Aquí cito algunos fragmentos que apunté en una libreta aunque no tienen mucho que ver unos con otros:

 Nuestra propia libertad sirve para enmascarar y sostener nuestra más profunda falta de libertad. 


 Podríamos decir en términos generales que el pensamiento libre es el mejor de todas las salvaguardas contra la libertad. En su estilo moderno, la emancipación de la mente del esclavo es la mejor forma de entrar a la emancipación del esclavo. Enséñele a preocuparse de si quiere ser libre y nunca se liberará. 
Gilbert Keith Chesterton. 


 Piensa tanto como quieras y tan libre como quieras pero ¡Obedece! 
Kant.

 La característica clave del siglo XX: la pasión por lo real. En contraste con el siglo XIX lleno de proyectos e ideales utópicos o científicos, de planes para el futuro, el siglo XX se ha atrevido a enfrentarse a la cosa en sí, al realizar directamente el añorado Nuevo Orden. 


 El movimiento verdadero y definitorio del siglo XX es la experiencia directa de lo Real como algo opuesto a la Realidad social cotidiana, lo Real en su extrema violencia como precio que hay que pagar por pelear las decepcionantes capas de la realidad.




 Es un problema muy antiguo saber exactamente qué es la realidad. Cómo estamos nosotros en esta realidad, haciendo qué y para qué. Hasta dónde es cierto que tenemos libertad. Saber elegir es la clave, un día me dijeron eso. Ser quizá los más pesimistas pero nunca unos amargados. Tenía pensado escribir más sobre esto, sobre aquello pero estoy algo cansada, qué tan real puede ser esto que digo. La incertidumbre siempre la incertidumbre. ¿Es más real la realidad que la incertidumbre? este último concepto es lo más real que he encontrado en este mundo. No quiero que me recuerden por decir que no creo más en el amor, tampoco quiero que me recuerden por lo contrario. Quizá lo mejor será que no me recuerden. Todo eso del siglo XX. Ya estamos en el XXI y todo sigue siendo un simulacro. Así como hay gente desilusionada existe otra que no lo está. Eso es lo maravilloso de los pensamientos y de las formas de percepción que cambian en cada cabeza, aquí estamos quizá para tratar de entender todo esto que en realidad no sabemos de qué se trata pero no paramos de escribir. Todo este despilfarro sin sentido que usted acaba de leer, sólo es para entenderme sin entenderme y empezar a utilizar los preceptos de la contradicción. Pierda su tiempo en otra cosa por favor.

And somewhere, maybe someday...

Soy solo un sueño de un perro que está en coma, me dijo una vez un amigo, reí un rato y se me quedó esa idea en la cabeza.
¿Qué comparación tenemos con el mar? ninguna.
Pero tenemos el privilegio de verlo y sentirlo y sumergirnos en él.
Una vez, una chica me estaba contando sus penas de amor, para ella el que había sido su novio era el mar. Ella decía, él es el mar.
Y yo sentía pena y algo de enojo discreto a la vez. ¿Cómo se atrevía a comparar el mar con una persona?
Yo nunca me he atrevido a hacer ese tipo de comparaciones.

I'm just a little person,
One person in a sea
Of many little people
Who are not aware of me.

Hoy en la biblioteca, cerca del museo vi a un pájaro caer, agonizar moviendo sus alas para luego morir, sentí un golpe en el pecho al ver esa imagen. Los pájaros muertos me persiguen. Cerré los ojos para ya no seguir viendo esa ave y pensé en el mar, en lo grande que es, en cuántos pájaros muertos albergaría.
Cerré los ojos y de nuevo pensé que no compararía a ninguna persona con el mar.

Una foto feliz para un triste relato.


Hubo un día (hace unos meses) en el que me sentí muy triste, lo bastante como para perderme toda la tarde por las calles hasta que me llegara la noche. Salí muy temprano de mis actividades que muy apenas pude hacer y comencé a caminar por las calles. Mi mente no descansaba, cada momento pensaba en las fallas, mis fallas. Las fallas. Tenía miles de pensamientos chocaban unos con otros, todos eran demasiado gruesos. Mi cerebro se inflamó, se inflamó tanto que dejó de pensar. Hice todo lo que no hubiera en un estado de ánimo normal (no digo de felicidad, sino de un estado de ánimo "normal", estable). Fui a ver la peor y la más pésima de las películas en el cine. Me senté yo sola hasta la última fila. En esos momentos además de estar muy triste no me agradaba la humanidad, no quería a nadie cerca de mí. Trataba de pasar la mayor parte del tiempo sola. La película transcurría, desde el principio me percaté de que era una bazofia pero me quedé ahí, quieta pero tratando de parpadear. Me quedé sentada frente a la pantalla que se estaba pudriendo con la película. Salí del cine y mi ánimo iba cada vez más para abajo. Tenía hambre. Traté de comer lo más desagradable que se puede comer, sí, lo hice, me dirigí a un Mc Donalds que quedaba cerca y no pude comerme ni siquiera dos pedazos de esa basura. Era una imagen triste. Yo sola en ese lugar de comida rápida viendo como al lado de mí otro pobre miserable como yo ingería esa "comida" mientras veía los dibujos en la cajita feliz. Ese día el panorama era gris y lo recuerdo. Porque hoy pienso en ese día, en lo difícil que fue. Ese día lloré un poco. Llamé a quien no tenía que llamar. Quise que me animaría quien no me podía ya animar. Antes de llegar a casa traté de respirar un poco, traté de que mi mente triste se fuera a otro lado para que llegara solamente mi cuerpo y atravesara la puerta, saludara a mamá y papá y se fuera al cuarto. A pensar, a llorar, leer o hacer algo por el estilo. Ese día fue triste y ese día por una extraña razón viene a mi cabeza los días finales de cada mes. Por una extraña razón que más o menos voy conociendo, ese día tan triste viene a mis pensamientos los días finales del mes. Odio el cine basura y la comida basura. No me gusta ponerme tan triste porque así suelo tomar las peores decisiones a la hora de elegir una película o elegir qué comer. Al final la soledad no es algo que me moleste tanto.

Odio deberían de tener los pájaros cuando les cortan los árboles con sus nidos dentro.




Esto no es una declaración de odio, tampoco es algo que valga la pena leer.
Es simplemente algo que escribo en este sitio postadolescente visceral.
Si esto fuera una declaración de odio no colgaría esta imagen. Porque en ella está lo que quiero: viajar.
Mi único objetivo, lo que más busco y me gusta.
Un viaje lejos. A lo más lejos que se puede ir: el espacio. Ver de cerca lo que son las estrellas y darme cuenta de que nuestra percepción del mundo en la tierra está equivocada. Subirme a la nave espacial y recortar papeles para hacer collages. Llevar unas buenas tijeras y un resistol de barrita.
Esto no es una declaración de odio porque si así lo fuera no colgaría esta imagen.
Pondría el dibujo de un perro con rabia, así de fácil de connotar, sin complicaciones semánticas ni nada.
Esta imagen es sólo para recordarme que tengo que viajar. Que las ojeras aumentarán si me quedo en el mismo lugar.
Es para recordarme que tengo que terminar lo que he empezado. Es para recordarme que tengo que comprar un casco para salir en bicicleta. No me gustaría partirme el cráneo.
Deberían de inventar un casco que haga a la gente viajar. Seguro en el año 2046 alguien lo inventará. Las aerolíneas pasarán de moda y ahí estaré yo comprando vuelos económicos que me lleven a recorrer la tierra. Ahí estaré yo, viajaré sola.
No necesitaré de nadie en los viajes, estaré sola. Ignoraré a los paseantes. A la gente que se asusta con muy poco. A la gente que ilusiona para sentirse bien sólo por un momento. Olvidaré a toda la gente que tiene ilusiones porque eso es para la gente que tiene tibia el alma. En mis viajes no habrá gente con alma. Iré sola. Tendré conmigo la música. Mis ojos. No necesitaré más. Viajaré sola. No necesitaré ningún arma ni a nadie. No necesitaré ni siquiera un cortauñas.
No necesitaré de un taxi. Yo me moveré sola. No necesitaré de alguien estratega.
Solo estaré yo y la ciencia de las soluciones imaginarias por si necesito encontrar una solución a algo. Así de simple.
Esto no es una declaración de odio, esta imagen no es de odio. Es para viajar. Es también para olvidar lo que se quiere olvidar. Porque la memoria es sabia y algunas veces sabe seleccionar aquello con lo que se quiere quedar.
Porque el sistema nervioso de estar tantas veces en lo mismo se atrofia. Porque hay personas que no pueden permanecer.
Saber elegir.
Saber elegir el lugar a donde quiero viajar.
Saber elegir el no llevar maletas.
Saber elegir mi propia compañía.
Saber elegir las palabras.
Llegar a la impertinencia. Saber parar. Detenerlo todo en el momento justo.
Frenar con palabras a aquello que puede acercarse más y destruirte.
Que las palabras ayuden a frenar el tren cuando estás amarrado a las vías.
Esto entonces, no es una declaración de odio.

22 1/2

De mayo a julio con veintidós años y medio. Escribo esto después de cinco años.
A los diecisiete tenía una grabadora en mi cuarto y escuchaba música de viejitos. Llegaba de la prepa, intentaba tomar café (nunca he podido, me mareo). Trabajaba en el teatro. Escribía una historia por semana. Leía textos muy aburridos pero en el fondo me divertía. Tenía ya como unos dos o tres amores platónicos. Un actor, un fotógrafo y un museográfo. Todos como unos diez años mayores que yo.
Me fui a ciudad subterránea y ahí pasé los dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno y una muy pequeña parte de los veintidós. Comencé a creer que los árboles que van al camino de Valenciana sí tenían el tronco dorado. Siempre he disfrutado las curvas de las carreteras y los cerros. Y siempre he disfrutado que la gente lea cosas sin importancia.
En esos cinco años mi cara se fue alargando y las muelas del juicio fueron saliendo, menos mal que durante ese tiempo no sufrí ninguna fractura como de los cinco a los nueve años (Tres fracturas en ese lapso de tiempo).
Además de que me salieron las muelas y luego me las quitaron, probé cosas que antes no había probado que me llevaron al doctor (pero fue peor en la infancia cuando probé una hamburguesa de Burger King y terminé vomitando por horas y luego en el doctor).
Me subí a unos columpios, me trepé a un árbol, de esos que hay en la presa de la olla. Tomé muchas fotos con una cámara lomográfica. Intenté escribir más historias. Leí todo lo que me pidieron, escribí todo lo que me pidieron. Recibí un premio. A los diecisiete me enamoré, después entre todos esos cinco años me fui desenamorando. Me desenamoré. Siempre pero siempre he tenido amores platónicos, durante esos cinco años algunos ya no fueron tan platónicos. Viajé. Recordé y muchas veces me quedé sólo en los recuerdos (como ahora). Durante esos cinco años siempre estuve planeando a dónde sería el siguiente viaje. Todavía no sé a dónde ir.
A los 22 1/2 he descubierto muchas cosas:
1.- Me gusta la música tranquila, escuchar las guitarras. Pensé que nunca me gustaría la música sin voz.
2.- Descubrí que tengo un sistema nervioso muy débil, lo descubrí experimentando.
3.- A los 22 1/2 no he terminado mi tesis, estoy a punto de graduarme porque acabé todas la materias.
4.- A los 22 1/2 acepté por fin, lo que ya había pensado hace años: no creo en ninguna fuerza divina.
5.- 22 1/2 pensé en que nunca quiero tener hijos.
6.- 22 1/2 he visto muy malas películas últimamente.
7.- 22 1/2 Descubrí que me gusta la gente que habla extraño. Y si me gusta me voy.
8.- A los 22 1/2 me despedí de mi gran amor platónico.
9.- A los 22 1/2 cambié mi cama de lugar después de pasar el momento más duro de la desilusión de los 22.
10.- A los 22 1/2 estoy aquí tontamente desvelándome aunque en una horas tenga que ir a dar clase. Chicos, su maestra de 22 1/2 tiene veintidós años y medio tratando de comprender el mundo, no pregunten por qué tiene esas ojeras grandes. Piensen que se fue de fiesta.

La fidelidad: es un invento.



El título proviene de una columna de periódico, de las que Fadanelli escribe en El Universal. A fin de cuentas muchas situaciones y hasta muchos sentimientos son un invento, eso no me asusta ni me da miedo. Mucho menos me deprime. Lo que me deprime son los aforismos de Cioran y ver los noticieros, a veces salir a la calle. Pero eso no importa. Las cosas que no existen se inventan y estoy a favor de hacerlo. Estoy a favor del invento. De la creatividad y la imaginación. Las dos cosas que más me gustan en la vida y por las que he tropezado un millón de veces. Y seguiré tropezando.
Puede que muera por un arranque de arrebato de imaginación. Puede que muera con el cerebro atrapado con el pájaro negro. Puede que muera (gritando).
Puede que mis dientes se caigan mordiendo el caparazón de una tortuga. Puede que muera teniendo el corazón de alguien en mi puño.
Invento posibilidades que aún no existen pero existen porque las invento. ¿Quién me sabe hablar de realidad? Nadie.
Recuerdo que la monogamia es lo peor que les puede pasar a las mujeres. No sé de la frase, sé que alguien la inventó así como alguien inventó la fidelidad. No me importa tampoco.

"Esa necesidad estúpida de seguir hablando porque de lo contrario el silencio llegará y pondrá fin a todo". Esta frase proviene de la columna que mencioné antes y no creo en la destrucción a través del silencio. Sí creo en la destrucción con el ruido.

El silencio, no entiendo bien lo que dice John Cage sobre el silencio. Está su música callada solamente, su música para los pájaros.
No estoy segura de nada.
Los inventos están. Me inventaré una idea que me saque otra porque como dice Fadanelli: "La fidelidad no existe de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia. Y como no existe se inventa. Tiene que inventarse. De otra manera viene el silencio, la muerte, el desanmor, el petróleo en el mar. En fin."

Yo me voy a reír de todos aquellos que en su juventud fueron rufianes y que en su vejez los veré con una extrema calvicie. Casi sin cráneo.

Para qué las metáforas.

(Banksy)

Leí, claro, algo de Fadanelli que decía: la literatura crea metáforas que hacen menos solitario el camino hacia la muerte.

No sé si creerlo, a estas alturas no sé en qué creer. No creo en el lenguaje de la muerte ni en las páginas en blanco.

Todos tenemos algo qué decir. Pero muertos decimos más cosas, lo decimos todo.
Muertos transmitimos todo el amor que nos faltó dar.
Porque la ausencia es el mayor de los amores, es el mayor de los regalos.
La ausencia es el almacenamiento de recuerdos y los recuerdos vencen a la muerte.

Para qué por ejemplo, sentir la muerte tan cerca. Para qué estar ahí.

El camino de la muerte es solitario, no necesita de metáforas.

Y de nada sirve que un hombre se aferre al filo de una ventana para no caerse.