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No estoy en el mar


René Magritte


yo vengo aquí a gritar, 
no estoy en un bosque
no estoy en una montaña alejada
no estoy en el calabozo de los locos
no estoy en la casa de tu abuela
no estoy en el circo ni en el teatro
no estoy en el templo
no estoy en el mar

yo vengo aquí a gritar
lo que siempre te digo
lo que nunca te dije
lo que digo ahora

yo vengo aquí a gritar
porque quiero desastre
porque quiero orden
porque quiero silencio
porque quiero aire
porque quiero espacio

yo vengo aquí a gritar
no vengo a cantar
no vengo a rugir
no vengo a gemir
no vengo a balbucear
no vengo a escupir

yo vengo aquí a gritar
lo que todos quieren escuchar
lo que nadie quiere decir
lo que todos olvidaron
lo que nadie esconde

yo vengo aquí a gritar
con los pulmones cerrados
con los ojos dormidos
con la boca palpitando 
con el corazón fermentado
con el hígado enmohecido 


Fuga de cerebros



Científicos exiliados se fueron del planeta,
cuando se dieron cuenta que no les funcionaban
las cuerdas vocales.

Se las acabaron en su última investigación.
Los científicos sabían que Stephen Hawking,
tenía razón.

Quemaron libros, destruyeron computadoras,
discos duros fueron mutilados, todos con información
prohibida para los mortales.

Quienes nunca han fallecido lo saben porque
han visto desfilar ante sus ojos a miles de hombres
con batas blancas.

La inteligencia artificial, acabará con la raza humana,
dice Hawking y alza la mirada a la pared de fondo.
Rotas habitarán nuestras neuronas.

No ha sido descubierto el planeta de los científicos,
pues no dejaron huella al huir, se llevaron incluso
a la persona que podría descubrirlos.

Hay espacio en este mundo para los que muerden
la lengua del otro, para los que salivan como perros,
para los que se derriten ante el sol.

Pero no hay lugar para roedores exiliados, que usan
su tiempo para buscar la verdad ante el circulo infinito
de incertidumbre, que es la vida.

Los cerebros se dieron a la fuga, dejando una nota
en la que dictan que no regresarán jamás.
En su lugar se quedarán un par de estafadores.

No se preocupen, ellos se van a reproducir
rapidamente, velozmente, ferozmente,
con el objetivo de dirigir con sus uñas, nuestras universidades.

El fotógrafo de cadáveres.



En la Revista Alternativas de Octubre dedicada a la muerte, se publicó un artículo que escribí sobre uno de mis fotógrafos preferidos: Enrique Metinides. Dejo aquí el texto. La fotografía desempeña una función de testimonio, de documento que informa y registra un hecho específico. A lo largo de la historia, el trabajo en la fotografía periodística se ha desempeñado en mostrar imágenes de conflictos políticos y desastres naturales. La cámara se convierte en un elemento indispensable para registrar hechos de gran impacto en la historia de la humanidad, de eventos que no son parte de lo cotidiano pues marcan a la historia y trascienden: las guerras, los movimientos sociales, las catástrofes producidas por la naturaleza, etc. El trabajo fotográfico de Enrique Metinides reside en el periodismo, sus composiciones fotográficas son vinculadas con el cine negro, captan el instante preciso de la muerte y la muestran en su apogeo en distintos escenarios como incendios, suicidios, accidentes automovilísticos, aéreos, choques, atropellamientos y rescates de montaña. Susan Sontag menciona que “una fotografía pasa por la prueba incontrovertible de que sucedió algo determinado”, ¿puede existir algo más determinado que la muerte? Precisamente es lo que Metinides retrata en su trabajo fotográfico, la determinación en su máximo esplendor. Enrique Metinides también conocido como “el niño”, nació en la Ciudad de México en el año de 1934, sus fotografías además de vincularse con el periodismo también son consideradas obras de arte por su composición, su línea temática y el impacto social y político que éstas tienen. Su trabajo como fotógrafo lo inició desde que era niño (razón de su pseudónimo) ya que laboraba inicialmente como ayudante de un fotógrafo de periodismo sensacionalista. A partir de entonces se encargó de retratar por mucho tiempo sucesos en el diario La Prensa, mostrando el lado más cruel de la ciudad de México, plasmando en imágenes asesinatos, muertos, incendios y catástrofes de toda índole. Metinides realiza fotografías de sucesos espectaculares pero siempre con una composición que no cae en el escándalo, maneja una estética que transforma lo horroroso en bello. Las imágenes de Metinides tienen un fuerte valor expresivo como suceso trágico, sus fotos son estructuras narrativas que nos cuentan una historia sobre distintas maneras que existen para morir. Enrique Metinides expone emociones de situaciones que caen en las tragedias humanas, como lo dice Baudrillard: “la condición humana sólo es posible cuando los seres vivos están unidos por sentimientos violentos de repulsión, de desagrado” y precisamente las fotografías de Metinides son parte de esa unión. Los espectadores van formando un pacto con la realidad, una realidad oscura, triste y trágica que es plasmada en su periodismo fotográfico. Su trabajo consiste en plasmar cadáveres, formar parte de la escena del crimen en el momento indicado. La fotografía se construye de instantes, pero su complejidad consiste en perpetuar el instante por mucho tiempo. El objeto fotografiado cambia de contexto, ya no es lo que fue, eso pasa con el trabajo de Metinides cuando los hechos criminales se vuelven un acto estético y el retrato de la muerte reside en una obra de arte. Sus fotografías plasman con claridad el deceso de la condición humana.

De Julio a Agosto.

Frecuentemente leo la columna que Fadanelli publica cada lunes en El universal, lo leo porque en la mayoría de los casos me gusta lo que dice y me gusta lo que cita. No siempre lo hago  los lunes, por ejemplo hoy miércoles leí la de esta semana que trata sobre un tema común en esta temporada: las olimpiadas.
A mí también me dan igual esos juegos pero no niego que me puedo entretener viendo algunas competencias por televisión. Pero bueno, a lo que iba es que hace rato leí su columna y me gustó esto que dice:
"Yo definiría el amor como la capacidad de hacer el ridículo ante un ser inventado por nuestra imaginación, de modo que este ser inventado suspire y se conmueva hasta el grado de entregarse a los brazos del ser ridículo que es todo enamorado. Pasar del poema a la saliva, de la melancolía suspirante al encuentro de humores corporales es ya otra cosa".
Me resulta interesante su definición del amor porque a mí me gustaría definirlo de la misma forma, sólo agregando otras palabras en vez de ridículo usaría bochorno, en vez de melancolía usaría vísceras y en vez de suspiros pondría eructos.
Esta semana he notado que ya no tolero como antes a la gente, que me molestan las risas fuera de contexto, que me molesta ir al cine, al teatro y que la gente ría cuando no hay motivo. Pero también esta semana descubrí que las películas de Woody Allen me ponen de buen humor y que podría ver Lost in traslation una y otra vez sin aburrirme y que leí por primera vez una novela de Garcia Ponce. 
No hay mucha novedad, sólo eso.

Siempre hay una bonita imagen para decorar estas palabras dispersas.


Existen momentos en los que las palabras se ocultan en los pensamientos. A veces imagino que dentro de mi frente tengo una caja, en esa caja guardo papelitos, experiencias una en una. Hago una analogía con la realidad pues tengo una cajita llena de recuerdos. ¿Para qué sirven? Para tener un respaldo, el pasado está pero aquí, ahora, pasan otras cosas.
Me sorprendo. La vida me da lecciones, a veces aprendo, a veces no quiero aprender.
Las palabras que se quedan en el pensamiento.
Hay unas que corren más rápido que otras y me sigo sorprendiendo de todo y quizá en mi cabeza pase la idea de que esto de vivir es un peligro.
Es un peligro, es emocionante, no encuentro un buen adjetivo en estos momentos.
Somos eso, un cúmulo de sensaciones. De formas, de tactos.
Somos eso, un montón de piedras que arrojamos a destiempo al mar.
Somos eso, el color del mar, más cerca o más lejos de la inmensidad.
Somos problemas y soluciones y estamos tan llenos de ridiculeces. Aquí estamos todos juntos tan separados que quizá nuestros pensamientos se van conectando mientras se desconectan otros.
Somos gritos, muchos gritos.
Fuerza, más que árboles plastificados.
Una pregunta para Paulina, ¿recuerdas aquel día que dijiste que lo que más te molestaba era lo inesperado?
Una pregunta que te lleva al pasado, al día en que te hiciste esa confesión.
Lo inesperado, la incertidumbre estará por siempre cubriendo nuestros rostros porque yo contaré una historia y tú contarás otra.
Yo hablaré de mis percepciones y tú de las tuyas a pesar de que nuestra vista se dirija a un mismo espacio.
¿De qué trata todo esto?
Somos miedo, somos incertidumbre, somos viento en la cara, somos frío y calor, somos un globo, somos voces, somos acordes, somos caras, somos un cúmulo de sensaciones. Un conjunto de cosas sin orden.
Experiencias y la palabra.
Ahí está todo junto.
En esta noche somos gargantas y canciones, somos un ritmo, conjuntamos nuestras sensaciones.
Aquí estamos para caminar y observar todo lo que topamos en ese camino en el que andamos.
Me gustaba tanto jugar al "sube y baja", ahora entiendo por qué, porque ese juego es una síntesis filosófica de todo esto que está pasando.
Con las vísceras, con la frente, con los dientes, con todos los gestos que tengo para expresarme.
Con todos esos pensamientos que aún no existen para mí pero sé que estarán.
Pensamiento+incertidumbre=nosotros estamos aquí.

La post-adolescencia, las viseras, el alivio y la libertad.

Nunca había visto a los volcanes de cerca como lo he estado haciendo en estos días, al tener un paisaje tan esplendoroso a mi alrededor no tendría por qué quejarme de nada. Conservo mis ojos y además de eso conservo la capacidad de asombro que muchos ya perdieron. O quizá que muchos nunca tuvieron.
La nostalgia y esas cosas que te hacen detenerte en los recuerdos, a veces en recuerdos que ni siquiera valen la pena. Como me pasó hace algunos días.
No necesito ese pasado, ya desde hace mucho tiempo he tenido bien claro que no quiero que regrese nunca. Me siento con mucha libertad y esa sensación no la cambio por los años anteriores.
Aquí están mis papilas gustativas, mi tiempo para leer
para escribir, aquí dentro de mi cabeza tengo un montón de conexiones nerviosas que me hacen ser como soy. Me llevo todo lo que necesito a donde quiera que vaya, a donde quiera que regrese.
La vida también se encarga de quitarme a los roedores de encima, de quitarme lo que no trae nada bueno, ni una pizca.
La fortuna.
Hoy brindaría alzando el licor a favor de la fortuna, la que me persigue pero que en algunas ocasiones yo no quiero que me alcance. Hoy me detendré.
Somos seres complejos que a veces sin saber por qué nos aferramos a cosas tan inútiles, tan llenas de basura. También he comprendido que existen "humanos" en el mundo que tienen la cabeza llena de algo peor que la basura y algunas veces su cabeza está también llena de imanes con los cuales atrae a otra gente. Puede que esa otra gente también posea los mismos desperdicios en su cabeza pero puede que existan otras personas que no y que sin embargo, fueron arrastradas por ese imán.
Corran rápido, huyan, sean fuertes y poderosos porque se pueden quedar atrapados.
Corran y escuchen fuerte también.
Todos tenemos las palabras, a ellas nunca las perderemos y tenemos que aprender a escuchar las que de verdad nos sirven. Escuchar.
A ignorar también.
Me ha gustado esta estancia en la que he pasado mucho tiempo conmigo misma.
Tengo la vida para ir más lejos.
Si tuviera un abuelo o mis abuelos en donde quiera que se encuentren me dirían algo que es muy cierto: "De los errores se aprende".
Yo no me vuelvo a equivocar de esa manera tan infame. Pensar más antes de sentir simulacros.
Mente despejada, tengo la vida para ir más lejos.
La vida para ir más lejos.
Como quizá, la última parte de este concierto: