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Guantánamo

René Magritte

Dime dónde esconder la sombra que robaste 
esta tarde en el supermercado,
le arrebataste la sombra a la cajera que cobró
tus cinco semillas de girasol.

Ella caminará sin ver su reflejo gris, 
¿quitaste también su semblante apaciguado?
¿le dejaste algo al menos?
¿se dará cuenta de que es una mujer sin sombra?

El sol se esconderá para que no descubra mi robo, -me dijiste-,
y me enseñaste tu dentadura afilada y tu boca sonriente.
Te van a encerrar en Guantánamo, te van a acusar de terrorismo, 
ella habla inglés y árabe y no tiene sombra, -te dije-. 

Escondiste la sombra en lo más profundo de tu armario,
nadie más supo de ella, ni siquiera su dueña, ni si quiera yo 
que te vi quitándosela aquella noche turbia de supermercado. 

Los años pasaron con el ritmo que pasa el viento, 
los días se fueron como se va la espuma del océano, 
y si me dejas seguir con estas metáforas, 
podría contar tu historia en quinientos renglones. 

Pero no, 
porque ella murió y no se pudo llevar su sombra, 
y no estuviste en la cárcel y aprendiste árabe y aprendiste inglés, 

ahora quieres aprender la lengua de los muertos para hablar con 
tu sombra sin nombre, sombra inmortal, sombra condenada, 
sombra sin refugio, sombra del cadáver, sombra de la sombra muerta, 
sombra del ardor, sombra de tus ojos, sombra del hoyo negro,


 sombra de tu sombra viva. 



No estoy en el mar


René Magritte


yo vengo aquí a gritar, 
no estoy en un bosque
no estoy en una montaña alejada
no estoy en el calabozo de los locos
no estoy en la casa de tu abuela
no estoy en el circo ni en el teatro
no estoy en el templo
no estoy en el mar

yo vengo aquí a gritar
lo que siempre te digo
lo que nunca te dije
lo que digo ahora

yo vengo aquí a gritar
porque quiero desastre
porque quiero orden
porque quiero silencio
porque quiero aire
porque quiero espacio

yo vengo aquí a gritar
no vengo a cantar
no vengo a rugir
no vengo a gemir
no vengo a balbucear
no vengo a escupir

yo vengo aquí a gritar
lo que todos quieren escuchar
lo que nadie quiere decir
lo que todos olvidaron
lo que nadie esconde

yo vengo aquí a gritar
con los pulmones cerrados
con los ojos dormidos
con la boca palpitando 
con el corazón fermentado
con el hígado enmohecido 


Escuchar la conversación de dos señores con sombrero, flotando en el cielo.


Escuchar las conversaciones ajenas en un café, historias de terror y de conflicto.
Escuchar mientras escucho esas narraciones, la licuadora haciendo frapés.
Escuchar a la vez música de Sean Lennon.
Escuchar en mi interior la voz que me dice que me distraigo bastante.
Escuchar de nuevo la conversación ajena.
Escuchar los tacones de una mujer que se dirige al baño.
Escuchar síntomas inexistentes.
Escuchar el estrés.
Escuchar las risas, las charlas de la gente que está a un lado.
Escuchar el ruido que hace la taza cuando la pongo en el plato justo después de sorber la última gota de café.
Escuchar que es por rebeldía a mí misma que tomo café, uno bien cargado.
Escuchar On again off again de Sean Lennon, otra vez, una y otra vez.
Escuchar lo que una persona me dijo en sueños.
Escuchar que el estrés produce pesadillas y el sueño de la razón produce monstruos.
Escuchar el caer de la lluvia.
Escuchar la derrota.
Escuchar los dilemas.
Escuchar las risas de la calle de enfrente.
Escuchar el caer de las botellas de cerveza.
Escuchar el crujir del cornflakes.
Escuchar lo que quiero y no quiero escuchar.