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Olvídalo, la palabra que más se repite.


Foto recortada de una revista sobre cine soviético de los años 50 y coloreada con lápices encontrados en una cartuchera. En tamaño real el recorte mide 3 x 5 cm.

How to disappear completely

Hace una semana fui a la biblioteca y me dispuse a buscar algunos libros de Slavoj Žižek un filósofo esloveno que ha llamado mi atención así como la de otros muchos. Mi primer acercamiento a su "pensamiento" fue a través de un documental que vi en youtube en donde al principio habla del amor como un acto violento y ya después aparece acostado en su cama sin camisa mostrando su pelo en pecho y hablando sobre las ideas que tiene acerca de Lacan y de Marx. Debo confesar que en primera instancia me impactó su idea sobre el amor, el amor mostrado como un acto violento
 pero también sobre la cultura y "la pasión por lo real".

 Aquí cito algunos fragmentos que apunté en una libreta aunque no tienen mucho que ver unos con otros:

 Nuestra propia libertad sirve para enmascarar y sostener nuestra más profunda falta de libertad. 


 Podríamos decir en términos generales que el pensamiento libre es el mejor de todas las salvaguardas contra la libertad. En su estilo moderno, la emancipación de la mente del esclavo es la mejor forma de entrar a la emancipación del esclavo. Enséñele a preocuparse de si quiere ser libre y nunca se liberará. 
Gilbert Keith Chesterton. 


 Piensa tanto como quieras y tan libre como quieras pero ¡Obedece! 
Kant.

 La característica clave del siglo XX: la pasión por lo real. En contraste con el siglo XIX lleno de proyectos e ideales utópicos o científicos, de planes para el futuro, el siglo XX se ha atrevido a enfrentarse a la cosa en sí, al realizar directamente el añorado Nuevo Orden. 


 El movimiento verdadero y definitorio del siglo XX es la experiencia directa de lo Real como algo opuesto a la Realidad social cotidiana, lo Real en su extrema violencia como precio que hay que pagar por pelear las decepcionantes capas de la realidad.




 Es un problema muy antiguo saber exactamente qué es la realidad. Cómo estamos nosotros en esta realidad, haciendo qué y para qué. Hasta dónde es cierto que tenemos libertad. Saber elegir es la clave, un día me dijeron eso. Ser quizá los más pesimistas pero nunca unos amargados. Tenía pensado escribir más sobre esto, sobre aquello pero estoy algo cansada, qué tan real puede ser esto que digo. La incertidumbre siempre la incertidumbre. ¿Es más real la realidad que la incertidumbre? este último concepto es lo más real que he encontrado en este mundo. No quiero que me recuerden por decir que no creo más en el amor, tampoco quiero que me recuerden por lo contrario. Quizá lo mejor será que no me recuerden. Todo eso del siglo XX. Ya estamos en el XXI y todo sigue siendo un simulacro. Así como hay gente desilusionada existe otra que no lo está. Eso es lo maravilloso de los pensamientos y de las formas de percepción que cambian en cada cabeza, aquí estamos quizá para tratar de entender todo esto que en realidad no sabemos de qué se trata pero no paramos de escribir. Todo este despilfarro sin sentido que usted acaba de leer, sólo es para entenderme sin entenderme y empezar a utilizar los preceptos de la contradicción. Pierda su tiempo en otra cosa por favor.

La post-adolescencia, las viseras, el alivio y la libertad.

Nunca había visto a los volcanes de cerca como lo he estado haciendo en estos días, al tener un paisaje tan esplendoroso a mi alrededor no tendría por qué quejarme de nada. Conservo mis ojos y además de eso conservo la capacidad de asombro que muchos ya perdieron. O quizá que muchos nunca tuvieron.
La nostalgia y esas cosas que te hacen detenerte en los recuerdos, a veces en recuerdos que ni siquiera valen la pena. Como me pasó hace algunos días.
No necesito ese pasado, ya desde hace mucho tiempo he tenido bien claro que no quiero que regrese nunca. Me siento con mucha libertad y esa sensación no la cambio por los años anteriores.
Aquí están mis papilas gustativas, mi tiempo para leer
para escribir, aquí dentro de mi cabeza tengo un montón de conexiones nerviosas que me hacen ser como soy. Me llevo todo lo que necesito a donde quiera que vaya, a donde quiera que regrese.
La vida también se encarga de quitarme a los roedores de encima, de quitarme lo que no trae nada bueno, ni una pizca.
La fortuna.
Hoy brindaría alzando el licor a favor de la fortuna, la que me persigue pero que en algunas ocasiones yo no quiero que me alcance. Hoy me detendré.
Somos seres complejos que a veces sin saber por qué nos aferramos a cosas tan inútiles, tan llenas de basura. También he comprendido que existen "humanos" en el mundo que tienen la cabeza llena de algo peor que la basura y algunas veces su cabeza está también llena de imanes con los cuales atrae a otra gente. Puede que esa otra gente también posea los mismos desperdicios en su cabeza pero puede que existan otras personas que no y que sin embargo, fueron arrastradas por ese imán.
Corran rápido, huyan, sean fuertes y poderosos porque se pueden quedar atrapados.
Corran y escuchen fuerte también.
Todos tenemos las palabras, a ellas nunca las perderemos y tenemos que aprender a escuchar las que de verdad nos sirven. Escuchar.
A ignorar también.
Me ha gustado esta estancia en la que he pasado mucho tiempo conmigo misma.
Tengo la vida para ir más lejos.
Si tuviera un abuelo o mis abuelos en donde quiera que se encuentren me dirían algo que es muy cierto: "De los errores se aprende".
Yo no me vuelvo a equivocar de esa manera tan infame. Pensar más antes de sentir simulacros.
Mente despejada, tengo la vida para ir más lejos.
La vida para ir más lejos.
Como quizá, la última parte de este concierto:

Aquí todo madura y se descompone con facilidad.

Soy el narrador. El que dicta esta historia simplemente, sé de los pensamientos y de las ideas de otras personas. Sé la historia de esa persona y de aquella otra.
Sé lo que les pasa y lo que ven.

Ella, una fanática de todo y de nada, le gusta saber de muchas cosas, su imaginación le impide estar acorde con la realidad, la imaginación o la pereza, no lo sé muy bien. Sé que le gusta el arte, su pintor favorito René Magritte. Le gusta la literatura, no tiene ningún escritor favorito pero le gusta Raymond Carver, Paul Auster y recientemente lee a Virginia Woolf. Su futuro no es muy claro pero tampoco su presente, su mente está un poco estancada. La veo pasar y sé de ella, de sus pensamientos y su vida porque yo soy un narrador. Tiene un trabajo que no le gusta mucho, de hecho tiene dos trabajos que aunque no los aborrece, tampoco está conforme, ella no está conforme con nada. Le falta algo de motivación o quizá simplemente arriesgarse más. Le gusta escribir pero no lo hace muy seguido, piensa mucho en ello, en las historias que le gustaría escribir en qué decir y cuándo, pero como les decía para ella es difícil notar que un pensamiento no es la realidad tangible y concreta. Por lo que a veces le basta el pensamiento, lo cual le ha traído algunos conflictos existenciales internos con los que batalla algunas veces. Hace varios meses que no escribe un relato y un día de navidad, después de ver demasiadas películas decide sentarse y tratar de escribir en el ordenador. Piensa en muchos temas: en barcos, en escribir alguna historia que tenga que ver con la formación de los planetas, con el clima, con el caos del mundo y hasta en escribir sobre las compras de pánico.
Decidió escribir sobre el tema que menos podría interesarle al mundo (al mundo de los lectores, las editoriales y en general al: mundo), así que se dispuso a escribir un relato sobre sí misma. Un relato de su vida. Hace algún tiempo concluyó con algunas etapas en su vida, se gradúo y terminó una relación. Le daba mucha pena escribir algo sobre su vida, pero a fin de cuentas lo intentó. Escribió sobre ella y sobre ellos (personas que estaban a su alrededor), lo siguiente:

En una tarde de mayo, Teresa portaba un vestido verde y unas mallas cafés, no se había dado cuenta que para esa tarde primaveral había escogido un vestuario similar al de un árbol. Tenía trabajo, mucho trabajo en un festival de cine, se encargaba de organizar unas conferencias sobre un famoso cineasta ruso llamado Andrei Tarvkovsky. En el mundo hay muchas personas que dedican su tiempo a realizar análisis sobre cosas realmente innecesarias, por ejemplo: análisis sobre las películas de este señor. Sin embargo, ella pensaba que había varios seguidores de aquel director y que sería bueno reunir a esa gente para que hablaran de sus aficiones y un tanto de los fetiches que tenían.
Esas conferencias absorbían su tiempo y sólo quería que quedaran perfectas ya que si lo lograba obtendría un puesto en las oficinas de la Cineteca Nacional. Uno de sus pasatiempos preferidos era sin duda ver películas, el cine llenaba un espacio de su vida por lo que deseaba trabajar en la cineteca.
Se encontraba en un momento conflictivo con un chico con el que había salido algunos años. La vida se encargó de terminar con lo que había que terminar, aun así quedaron algunas secuelas que el paso del tiempo poco a poco fue curando. A ella todavía le parece increíble el haber podido dejar de establecer contacto con él, aunque le parecía, faltaba más determinación de su parte.
Pasó su etapa de prueba y finalmente no consiguió el trabajo en la cineteca, siguió con una vida un poco más solitaria y dos trabajos que a pesar de que no eran los que quería le ayudaron a sostenerse un poco y a comprar cosas que le hacían falta.
Transcurrían los días, ella trabajaba y pensaba mucho en su futuro, por un largo tiempo se perdió de su presente precisamente estando atrapada en los pensamientos sobre su futuro. Se estancó en el tiempo. En el verano fue cautivada por un estudiante de cinematografía, salieron un par de veces y conversaron un par de veces también, eso fue suficiente para que ella pusiera demasiada atención en él. A veces solía ser muy fácil de cautivar. No sabía si esa especial atención era su manera de distraerse de sus verdaderas responsabilidades como la de titularse o la de olvidar o la de conseguir un nuevo trabajo.
Se estancó en el tiempo pensando en alguien a quien no veía y a quien no conocía del todo bien como para decir que estaba enamorada (además decir que uno está enamorado es como decir que se tiene diarrea en una junta laboral a la que no se pudo llegar, es mejor guardárselo y decir que se tuvo un contratiempo). Todo era un poco confuso.
Esa autosuspensión del tiempo pasó del verano al invierno hasta que en una película escuchó la siguiente frase: "las personas (hombres o mujeres) se olvidan convirtiéndolas en literatura". Como si esa frase fuera la llave de la puerta del olvido, Teresa estaba dispuesta a escribir un relato sobre ese chico que le hizo de la manera más absurda suspender el tiempo -sabía que quizá lo que escribiría no resultaría ser literatura, pero esos balbuceos le podrían ayudar en algo- y el resultado fue el siguiente:

Llegada la noche, Esteban tomaba una taza de café en la sala de su casa, con la luz apagada y sólo iluminado por una tenue lámpara, pensaba en la muerte y sus implicaciones. El día anterior había visto un documental sobre la muerte de los pingüinos, los cuales eran suicidas y la película "El séptimo sello" en donde la muerte y el ser humano se enfrentan a un duelo de ajedrez. Pensaba en la defunción, particularmente en el día de su descenso, en cómo sería, en dónde a qué día y a qué hora, sería en un hospital, en la calle, en otro país, con su familia o solitario.
En la oscuridad y con esa taza de café pensaba en todas los detalles de su propia muerte, se imaginó la caja en donde estaría y en cómo sería su funeral (si es que tendría uno), quiénes irían, quiénes llorarían, quienes no. Imaginaba a aquella niña a la que obsequió el cadáver de una mariposa el día que se encontraron en el jardín japonés. La imaginaba llegando al funeral con una caja de galletas, la misma que le había regalado cuando iban en sexto de primaria. Llegaría aun siendo una niña a pesar de los años. Pensaba en ella y en sus amigos de la infancia también, esos que no ha vuelto ver desde entonces.
Pasó algunas horas imaginando los detalles de su muerte, pero lo que realmente hacía que le diera más vueltas al asunto fue la realidad, la realidad de saber que nada de lo que imaginaba pasaría, -los seres humanos solemos fantasear demasiado, por eso, la realidad puede ser un tremendo choque-. Sin embargo, la incertidumbre fue algo que le encantó siempre.
Fue la incertidumbre la que lo llevo a encerrarse dentro de sí, era un tipo un tanto solitario, hablaba poco y sólo cuando era necesario. Estaba consiente de que sus circunstancias de vida definían su personalidad, le gustaba reflexionar acerca de las cosas y situaciones que lo rodeaban. Su voz era muy baja, transmitía cierta tranquilidad a quien lo alcanzaba a escuchar. Las personas están acostumbradas a hablar con un tono alto, quieren llegar a los oídos de todos, si por ellos fuera gritarían todo el día. Él no.
Esteban se dedicaba a escribir guiones cinematográficos y a producirlos también, por las noches se sentaba un rato en su sillón favorito que estaba justo en medio de la sala, tomaba café veracruzano y se disponía a pensar por lapsos de tiempo a veces cortos, a veces largos. Tenía una obsesión por pensar en la muerte, le gustaba leer los poemas de Villaurrutia antes de ponerse a escribir. El guion que más había disfrutado hacer era sobre danza Butoh, ese tema llamaba su atención desde tiempo atrás por los fundamentos en los que se construye esta expresión del cuerpo: "la danza hacia la oscuridad" que pretende recobrar el cuerpo desde el vientre materno.
Elaboró una historia que quiso abordar a través de un cortometraje, construyó vestuarios que parecían el cielo muy nublado de alguna ciudad abandonada, dos bailarines profesionales estuvieron presentes con sus movimientos el día de la grabación. Gesticulaciones rígidas, la expresión facial en su máximo esplendor, el cuerpo cubierto de llagas despertando al movimiento lento, las sensaciones tomaban velocidad. Corte.
Después de grabar, su mirada se enfocó en aquella bailarina, su cuerpo tan delgado, su cara un poco demacrada, su cabello tan frágil, sus ojos tan fuertes. Quiso abrazarla pero temía que un sólo abrazo fuera a deshacerla. Tenía bailando Butoh ya casi treinta años, conocía la técnica, el poder de la danza hacia la oscuridad. Nadie como ella para transmitir con sus manos, piernas, vientre, rostro.
Esteban quedó impregnado, la pensaba todo el tiempo, quería volverla a ver. La llamó con el pretexto del cortometraje, le dijo que necesitaría hacerle otras tomas. Ella accedió y cuando estuvo en casa de Esteban los dos se sentaron en su sillón favorito y tomaron café. Platicaron un poco sobre sus vidas, la bailarina tenía cincuenta y tres años recién cumplidos, no tenía esposo ni hijos. Vivía sola en una casa muy grande que había heredado de sus padres, desde niña comenzó a interesarse en la danza, pero no fue sino hasta que viajó a Japón a la edad de 23 años cuando conoció el Butoh y se convirtió en su profesión.
Vivió tres años en ese país del cual siguió recordando los campos de cerezos como una imagen linda que la acompañaba todas las noches antes de irse a dormir. Le contó a Esteban que estaba enferma, le quedaban algunos meses de vida según su doctor particular, ella estaba lista para partir. Sentía nervios pero a la vez tranquilidad, era de esas personas que creían en el destino y en que existía un libro que ya estaba escrito y que ese libro regía su vida, el autor ya había escrito esa enfermedad y nadie la podía borrar.
Esteban no podía dejar de mirarla con afecto, a sus adentros pensó que estaba enamorado, que quería besarla pero que era demasiado pronto. Mientras ella hablaba, él se detuvo en la muerte de nuevo. Él, que siempre se intrigaba en las formas de morir, en pensar en su muerte y en lo mucho que le angustiaba no conocer su futuro, se sorprendió al escuchar a una persona que ya tenía bien claro el lecho de su muerte, el médico le contó uno a uno los días y casi tenía una fecha clara en la que dejaría de existir.
Esteban quería que su muerte tuviera fecha también, quería saber el día preciso de la partida de su bailarina de Butoh. En su adolescencia a Esteban lo acompañó muchas veces una canción de The Smiths llamada "There is a light that never goes out" en la que una frase tenía especial atención en él: “to die by your side is such a heavenly way to die”. Siempre se preguntaba si en realidad alguna vez podría decir esa frase a alguien con toda seguridad, ¿algún día sentiría placer y privilegio de morir al lado de alguna persona?
Como Esteban ocupaba bastante tiempo pensando en su muerte, quiso planearla igual que unos novios recién comprometidos planean su banquete de bodas.
Para esto, necesitaba la ayuda de una sola persona, la bailarina de Butoh.
El tiempo pasó y se fueron conociendo mejor, entre los dos formularon ideas para que el cortometraje quedara mejor, a ella le gustaban tanto las imágenes, su vestuario, sus gestos, quedó satisfecha.
Comenzaban a tenerse confianza, la suficiente para que ella le revelara a Esteban la fecha tentativa de su muerte: 23 de mayo.
Era verano, los dos subieron al auto rumbo al bosque, llegaron a ese lugar recóndito y lleno de árboles, se sentaron a comer panecillos y a beber un poco de vino tinto. A sus 53 años y él a sus 24 sabían perfectamente cómo unir sus labios, cómo acariciar sus cuellos, cómo sujetarse de las manos. Después de comer pasaron la tarde localizando a un árbol que fuera lo suficientemente amorfo para que se convirtiera en su favorito.
Esteban creía que los seres humanos tenían una idea muy simple de lo que era la belleza, sus cánones estéticos le parecían de cierta manera vulgares. Él sabía que era la naturaleza la que tenía la belleza que buscaba, ahí nada era perfecto. Las ramas de los árboles, por ejemplo, no eran nunca iguales, ni estaban parejas ni seguían un sólo camino, eran un sin fin de posibilidades en cuanto a formas, eran un sinfín de posibilidades en cuanto a colores, olores, dimensiones. Para él la belleza era ese cúmulo de posibilidades, esa enredadera sin fin.
Al encontrar el árbol, los dos le hicieron un hueco en donde susurraron su más grande secreto, algo que sólo confesarían a aquel tronco café lleno de hojas verdes. Al terminar de susurrar taparon el hoyo. A los dos les daba tanta curiosidad saber qué habían dicho a ese árbol frondoso pero ninguno dijo nada.
Era de noche, se fueron al auto de nuevo y llegaron a la carretera, la neblina cubría el camino, con la canción de The smiths a todo volumen, cerraron los ojos apretando fuertemente los párpados y sin soltarse las manos, se dejaron caer a un barranco lleno de hermosas rocas de diferentes tonalidades.
Teresa puso fin a su relato, mató a sus dos personajes de la manera más obvia, los mató en un auto. Imaginó la caída al barranco con un soundtrack de fondo, lo imaginó en cámara lenta como si estuviera viendo una película en el cine. Después, se dio cuenta de que esa hipótesis sobre escribir de alguien a quien quieres olvidar para olvidarlo de verdad era totalmente errónea porque le surgieron ganas de escribir más y más acerca de la vida de esa persona que la suspendió en el tiempo. Escribió y escribió en una libreta de pasta color púrpura hasta llenarla, sólo ella leyó los relatos y lo hizo una y otra vez hasta llegar al punto de quemar la libreta en la fogata que hicieron sus primos en una noche de campamento. La lectura de la libreta púrpura se había vuelto una obsesión.
No supo qué más decir sobre Teresa, sabía que contar detalles de su vida no le traería nada bueno, además siempre que escribía pensaba que estaba prediciendo el futuro, le daba miedo diagnosticar enfermedades en sus personajes, que fueran suicidas en potencia, que murieran sus amigos, su familia. Pero tampoco le gustaba escribir acerca de la felicidad, le parecía un tema que no era digno de contarse, tal vez sólo de vivirse si es que era posible.
Yo como narrador he podido observarla y ver cuál es su proceso creativo a la hora de escribir y sé que se pone muy nerviosa y que muchas cosas la distraen, siempre tiene la necesidad de beber un vaso con agua cuando está a punto de culminar una idea y tiene que caminar o moverse un rato para luego sentarse y concluirla. No sé si con esa inconstancia llegue lejos. Necesita más lecturas y un tiempo más largo para escribir.
Uno de sus amigos le obsequió algunas películas que ella disfrutó mucho ver, en especial una llamada “Memorias del subdesarrollo” de Tomás Gutiérrez Alea, esta película es cubana y fue hecha en 1968, está basada en una novela del mismo nombre escrita en el año de 1965 por un escritor cubano llamado Edmundo Desnoes en donde nos cuenta la vida de un burgués que trata de adaptarse a los cambios que trae consigo la Revolución. Ella no leyó la novela sólo ha visto la película y notó que el personaje principal refleja a esas personas que llevan una revolución interior constante, esas personas suelen ser muy observadoras y a través de sus ojos podemos ver los cambios en Cuba, su gente y lo que proyectan.
El personaje principal se la pasa observando y dando sus opiniones sobre lo que ve, nos describe qué es y qué significa el subdesarrollo. Habla de algunas características con las que convive la gente que vive en un país subdesarrollado como él, habla hasta del subdesarrollo de sus sentimientos, habla sobre la incapacidad de relacionar las cosas, para acumular experiencia y desarrollarse. Ella tenía muy claras muchas frases de la película. El protagonista era un ser un poco apático que veía con cinismo y un cierto despotismo a sus paisanos y las personas que gestaban la Revolución, sobre todo se burlaba de la gente de su misma clase, los burgueses que eran como marionetas en un país en donde el socialismo estaba a punto de tomar sus propias riendas. El protagonista creía que todos eran unos ilusos y que no había nada ni nadie que pudiera transformar en otra cosa el subdesarrollo de su país.
Al ver la película ella quedó enamorada del personaje principal, su actitud tan aparentemente indiferente, su apatía, su reflexión tan ácida pero de cierta manera tan verdadera acerca de la situación social. Todo eso y uno de sus tantos amores imposibles por ser un ente de la ficción. Esa película desarrolló varias reflexiones en su interior porque a la vez estaba leyendo “El extranjero” de Albert Camus en donde el protagonista era tan parecido al de la película. Como si alguien se hubiera encargado de extirparles las emociones e inyectado sustancias de resignación. Ella se preguntaba si alguna vez podría llegar a ser como ellos a dejarse llevar con resignación pero con muchos cuestionamientos en su interior. Dejándose que la vida le vaya pisando los pies. Así como Cuba, su país México, seguía en el subdesarrollo por eso se identificó con muchos conceptos y observaciones del filme.
Una de las frases de esa película que más se quedó en su cabeza fue en la que se menciona que las personas en subdesarrollo son incapaces de sostener un sentimiento. Se cuestionó sobre si ella sí era capaz de sostener un sentimiento y sobre cómo era o qué era sostener un sentimiento. Se dio cuenta de que los sentimientos le dan miedo al igual que muchos, se dio cuenta de que su cerebro estaba en subdesarrollo.
Yo como narrador, la observé y escribí sobre ella porque estaba muy aburrido mirando el cielo, me sabía de memoria las formas de las nubes, mi imaginación estaba en su apogeo pero a la vez muy trabada, como si alguien la tuviera amarrada a un árbol, quizá al mismo tronco al que Esteban y la bailarina le contaron su secreto.
Su vida me dejó todavía más aburrido, ser un narrador tiene su precio, uno también se acompleja contando las historias de otros pero hay que renovarse y pensar en el próximo relato a narrar ya que aquí en esto que llamamos mundo, todo madura y se descompone con facilidad.



Broken Fall



Pensamientos no dichos luego se olvidan.
El pasado fin de semana caí en una exposición de Bas Jan Ader.
Anteriormente había visto sus videos y parte de su obra. Me gustó encontrar en el museo las instalaciones, fotos y videos de este artista.
Aquí dejo una de las instalaciones que más me gustó.
Thoughts unsaid then forgotten.
Thoughts unsaid then forgotten.

Palabras que se han quedado en mi mente desde hace una semana.

Tentáculos de hierro y humo.

No sé si tenga unas ojeras muy grandes por pasar tanto tiempo en la computadora. Los ojos se pueden llegar a cansar demasiado con la luz del monitor. No sé si sea por eso o porque ya diario tengo que despertar a las seis de la mañana. Me quejo demasiado a veces. Me gusta lo que hago ahora pero siento que algo falta. Me falta hacer lo que me gusta desde los 15 años. A los 16 años sentí una emoción grande cuando mi profesor Gil me dio una buena noticia acerca de mi escritura. Me tengo que poner a trabajar. Moverme de la ciudad. Aprovechar que nada me ata y que todo está bien. Llevo ya medio año cerrando un ciclo y parece que lo voy clausurando bien. Necesito más lecturas, curiosamente me gustan las lecturas deprimentes. Curiosamente influyen tanto en mi estado de ánimo. (Ahora sí, ya dejé de leer a Cioran). Leo el "Arranca-corazones" de Boris Vian y esa lectura me divierte. Leo los libros para principiantes. Leo "Mis días en Shanghai" de Aura Estrada.
Pierdo mucho el tiempo.
Me gustan las recomendaciones musicales de 7, las que pone Tun Naal, las de David, de Lalo. Si algo disfruto realmente es escuchar música, pensar en las letras, traducir. Pero a la vez tengo un conflicto, no me gusta ser una especie de "burgués wannabe", estoy consciente de que no lo soy porque lo que me falta es el capital pero el recién haberme graduado de Letras Hispánicas, el estudiar francés y el perder el tiempo tantas veces, me hace pensar en que necesito romperme más seguido las uñas, irme a la selva. Hacer un servicio a las comunidades, moverme, aprender, aprovechar toda esta energía que tengo. No quedarme sólo con las palabras y la escritura en los libros o detrás del monitor.

A todos los locos los perdí.



¿Dónde están los locos de mi infancia?,
los locos que cantaban y bailaban en el hospicio devastado
por el sol?

Lêdo Ivo

Post para hermano.



Hay alguien mayor que admiras y quieres.
Lejano Oriente.
Hay un lejano oriente pero hay mentes conectadas.
Hay un cumpleaños el día de hoy.
Hay suerte al poder decir hermano.
Hay palabras que se escuchan a lo lejos pero que se escuchan: ¡Feliz cumpleaños!
Esas palabras hacen eco.
Hay personas que están en tu vida de por vida.

By this river.







Con sus hombros encima de los míos. Con sus botas rodando por el suelo y sin pies adentro. Se acabó tu cumpleaños, ya no es primero de diciembre, sin embargo, hay muchas luces e insectos arrastrándose.
Desde que te convertiste en Yonqui no te he vuelto a ver. Me hago muchas preguntas ¿por qué no mejor en punk?
Excesos absurdos del arte conceptual, en eso hemos caído.
La ausencia del abuelo. Los pensamientos dirigidos a las personas que nunca conocí y a las que voy a conocer cuando tenga 22 años, 33 años, 44 años, 55 años.
Números iguales puestos juntos, eso justamente eso nos debería de dar miedo y no los peinados de David Bowie.
Desde que te convertiste en hipster no te he vuelto a ver. Me hago muchas preguntas ¿por qué no mejor Yupie?
Hay que comprarnos una canción lenta y colgarla en la pared de nuestra habitación.
Hay que procurar no vivir en casas que tengan humedad. Cuatro mudanzas en cuatro años y no recuerdo las escaleras. Hay que comprarnos un idioma y tatuarlo en nuestro cerebro.

Varios pedazos, rotos.



El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valió la pena.
Mark Twain


Hombre: 23 años, siente que la espalda le pesa porque se desvela y se desvela chueco.
Hombre con pocos dientes, labios frescos y tragos de ron.
Paulina con 23 años,no la he conocido y no sé si lo haré, ella con casi todos los dientes, labios secos y tragos de ácido. Su mejor bebida.
Hombres que te cuenten historias.
Hombres que sepan hablar sin atragantarse.
Hombres que mastiquen tu nombre hecho con plastilina.
Hombres que van a morir.
Los hombres que tienen la música. Que tienen las regaderas y esconden las armas.
Paulina, 21 años, tres fracturas, nunca ha sido hospitalizada a pesar de su frente partida y su ausencia molar.
Hombre: 33 años, cara tatauda, nariz larga, sordo.
Hombres que tengan cejas, que ladren, que cuenten historias.
Hombres que tengan el pronóstico del día.
Hombres que no tengan recuerdos.
Hombres que sepan explicar el tiempo.
Paulina, 46 años, viva en algún lugar, cabello largo, la han dibujado como caricatura.
Hombre: 21 años, largo, calvo, inquieto y sólo una vez ha pensado en la contradicción.
Hombres que duermen con cucarachas, que azotan la puerta, que cierran la boca.
Hombres que guardan telarañas, que tiñen su cabello, que coleccionan canicas.
Hombres de ditancias serias, muestren sus uñas y derritan su casa.

Soundtrack de la semana.



La melodía de la voz, de la ronca, la suave, la verde o la aguardentosa. Las noches en silencio con muchas cobijas. Las noches sin contenido. Un recipiente vacío, una ciudad se desgarra. Me tapo los ojos y escucho una melodía cursi. Me tapo los ojos y recuerdo el día de ayer sin ningún suceso extraordinario. En mi mente sólo hay recuerdos de lo ordinario.
La necesidad del sueño, de dormir. Y luego la necesidad de despertar, de rapar a los ojos cansados. Raptar la creatividad de los otros y triturarla. Castrarla.
Seguir escribiendo como un adolescente. Seguir sintiendo como un adolescente. Patear la puerta de tu cuarto como un adolescente.
Buscando ácidos para reventar mandíbulas. Escondiendo mis libros preferidos.
Pensar en el adolescente que quiere ser niño. Tener una melodía dulce.
Delinquir los sonidos y tener de nuevo trece años.

Sobre calvicie, menopausia y gritos largos.

Hablando con la verdad cuando se es joven uno jamás piensa la posibilidad de dejar de gustarles a las mujeres. Uno cree que lo masculino se sobrepondrá con los años y que siempre existirá una mujer capaz de reconocer esa masculinidad oculta entre tantas arrugas, opacada por el centellante manto de una calva obscena. No es así, en cuanto te precipitas en los cincuenta comienzas también a presentir que el sexo tiene un fin, y lo que es peor, lo que en términos de humanidad resulta absolutamente incorrecto: te enteras de que serás testigo de tu propio derrumbe: ¡Invitado a tu propia muerte!
Guillermo Fadanelli.

Hablando con la verdad cuando se es joven una jamás piensa en la posibilidad de dejar de gustarle a los hombres. Una cree que lo femenino se sobrepondrá con los años y que siempre existirá un hombre capaz de reconocer ese feminidad oculta entre tantas arrugas, opacada por la centellante caída de unos senos obscenos. No es así, en cuanto te precipitas en los cincuenta comienzas también a presentir que el sexo tiene un fin, y lo que es peor, lo que en términos de humanidad resulta absolutamente incorrecto: te enteras de que serás testigo de tu propio derrumbe: ¡Invitada a tu propia muerte!

Mig Jagger y David Bowie.



Amigas de nacimiento.
Compañeras de infancia.
Cantantes de la misma música.
Lectoras de poesía una misma noche.
Matadoras (machas) de gusanos quemadores.
Guardadoras de secretos.

Porque somos eso, porque puedo durar horas riéndome sin parar al lado de la Primate. Porque puedo ser tal como soy cuando estoy con ella.
Porque puedo hablar seriamente por horas y aprender algo nuevo. Porque siempre me ha sorprendido su habilidad para la lectura y también para la escritura.
Porque será la socióloga que salvará el mundo.
Porque mi cariño hacia ella es muy muy grande, por eso, pongo estas fotos aquí.


Gargajo Ácido.

Es Jack quien junta las manzanas.

Este día se define como extenso y largo. Largo de pensamientos.
Se ha casado y yo he sido su testigo. Testigo de una unión, la de mi amiga de la primaria. Mi amiga que ha compartido muchos momentos conmigo. Ella también es testigo, le consta que se me olvidan las cosas, los detalles, las credenciales de elector en los bares, en las donaciones de sangre pero no en el registro civil.
La boda, un trámite, el trámite que ama mi amiga ahora que une su vida con su novio. El trámite que me dio dolor de cabeza y mucha nostalgia. Pienso en mi amiga y en el sueño que tuve ayer con ella en el que le llamaba para decirle que me perdonara por no llegar al registro civil.
Pienso en las tardes en las ella me platicaba con ilusión la idea de encontrar alguien bueno para casarse, tener hijos, formar una familia. Pienso muchas veces en todo lo contario.
Yo llevaré a su hijo a jugar beisbol, llevaré a su hija a jugar beisbol, llevaré a su hijo a ver una obra de teatro, llevaré a su hija a ver una obra de teatro, pensé en los libros de cuentos que le voy a regalar. Llevaré a su hija a un concierto de piano, llevaré a su hijo a un concierto de piano. Andaremos en bici y de vez en cuando iremos a las montañas.
Porque lo que me decía hace seis, cinco años, es lo que ahora pasa.

Por otro lado, este día trajo una donación fallida a causa de mi aceleración. Mi ritmo cardiaco se acelera muy seguido. Todas las mañanas siento que se me hace tarde. Camino rápido para alcanzar el camión. Mi corazón no deja de palpitar hasta que ya llevo veinte minutos en el salón de clases. Mi corazón se acelara cuando espero, cuando tardo, cuando encuentro algo (o alguien) inesperado, cuando voy al dentista (en general a cualquier tipo de doctor), cuando me encuentro a alguien que tengo mucho tiempo sin ver, cuando voy a lugares donde hay mucha gente, cuando tomo café (por eso no tomo), cuando tomo cerveza, cuando hablo con alguien que generalmente es callado, cuando llego por primera vez a un lugar, cuando estoy por última vez en un lugar, cuando me enojo, cuando estoy triste, cuando se me olvida algo importante, cuando tengo examenes, cuando fracaso, cuando gano, cuando estoy a punto de donar sangre ja, cuando me desvelo... cuando estoy a punto de hacer algo productivo.
Estoy acostumbrada a vivir acelerada sin ningún buen motivo para estarlo. Por eso mi pulso cardiaco nunca me parece raro. Por eso mis revueltas emociones y frecuentes tartamudeos y parloteos me parecen de lo más comunes.
Este día se resume en sangre y boda. En bodas de sangre. Vacías de sangre, mejor dicho.
Y este post que parece de puberto termina con un video de Kerouac, porque todo esto tiene que ver con drogas, literatura beat, sexo, rock and roll y sangre derramada.

Agarra la escopeta y corre por la carretera.

1.- Porque la crisis vocacional apesta.
2.- Y es la que tengo ahora.
3.- No es que me haya equivocado.
4.- Yo muchas veces he sabido lo que debo hacer.
5.- Yo casi siempre tengo un plan.
6.- Lo malo es que no siempre y cuando no lo tengo viene la crisis vocacional que apesta.
7.- Tal vez porque está a punto de acabarse un ciclo en mi vida.
8.- Tal vez porque nunca he sido muy buena para cerrar las ventanas del cuarto cuando comienza a llover.
9. Sí, muchas veces pienso en el bien social. En lo que tiene que aportar la gente para que la sociedad avance, se desvincule de la violencia, la intolerancia, la mala organización, los malos hábitos, el analfabetismo y la violencia de nuevo. Pienso por ejemplo que una investigación sobre arte contemporáneo y literatura mexicana del siglo XXI no sirve para nada, más que para obtener un título universitario por unanimidad. ¿A quién le va a importar ese tipo de escritura? Se busca un beneficio, uno social. No estoy segura de lo que escribo ahora, porque nadie con una crisis vocacional que apesta, está seguro de sus ideas.
10.- A veces me emociono, no siempre tengo crisis, me emociono los sábados por la mañana en el taller mecánico sin rostro. Porque hay quien tiene inquietudes parecidas a las mías, las de esa época. Inquietudes preparatorianas. Porque aunque no han pasado muchos años, las de ahora son distintas y me apena decir que son menos esperanzadoras de vez en cuando.
11.- Me desespero al no poder viajar todo el tiempo.
12.- Pienso que tal vez de ahora en adelante mis energías se enfocarán a eso, sólo a eso.
13.- Soñé con mi papá, con un bar y el proceso de preparación de una cerveza.
14.- Luego también soñé, mientras dormía en una casa de campaña, con una pareja perfecta que se daban un regalo navideño y luego iban a pasear. Él precisamente era mi amor platónico, diez años mayor que yo.
15.- Y sí, he tenido noches de insomnio.
16.- No he pensado en proyectos de investigación, más bien he leído cuentos o novelas cortas, de esas en las que no inviertes mucho tiempo.
17.- Él sí que escribe demasiado. Él es una prueba de que se tiene que trabajar para conseguir lo que queremos.
18.- Lo que me hace falta es ver buen cine. Me acordé de cuando llevé la película de Japón de Reygadas a un profesor en la preparatoria para que nos la pusiera, todos se durmieron pero el profesor quiso repetir la escena de los caballos. Nunca había visto a ningunos aparearse. Me dio pena.
19.- Necesito acabar los libros de estas fechas.
20.- Que el 24 de mayo la respuesta sea afirmativa. Para irme al puerto. Para irme a investigar.
21.- Tengo esta crisis vocacional que apesta y que bloquea mis pensamientos. La crisis de los 21.

Forever



Young.

Conozco muchos.
Forever Young.