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Reptiles y camaleones

Collage: Paulina Mendoza 


Vamos andando despacio
pues la prisa no nos lleva a ningún lado. 
Vamos caminando, 
con el paso de los venados:
cautelosos y astutos. 

Vamos cantando fuerte,
vamos a formar una colina, 
vamos soñando tranquilo
con reptiles y camaleones. 

Vamos empujando los remolinos, 
pues los enredos nos dejan sin sombra. 
Vamos diciendo lo que pensamos, 
vamos sintiendo pronto, pues 
nuestro cuerpo se esfuma con el tiempo. 

Vámonos de aquí pues nuestras córneas 
se derriten con la radicación.


El día que olvidé mi paraguas

Collage: Paulina Mendoza

Las calles estaban rotas, el gigante con sus pies de plomo 
las destrozó, hubo entonces: miles de tropiezos de los transeúntes.  

El día que creímos ver llover de nuevo, después de la aridez, 
fue el mismo día que el gigante escupió, 
qué asco: salí sin paraguas a caminar. 

El gigante, el más abominable tan solo por ser el cíclope del condado,
el gigante que puede aplastar una isla con la yema de sus dedos, 
el gigante que inventó su propia lengua y prendió fuego a las otras.
Olvidaron todos el poder de hablar: el gigante estropeó todas las bocas.

Las agujas de plomo brotaron en la cabeza del gigante, 
las aventó como granadas, las arrojó con los ojos cerrados: 

el gigante no quería ver la caída de los muros derribados. 

Simulacro


Collage: Paulina Mendoza


No vemos la realidad sino el reflejo de lo que nosotros somos.
Somos eso, un reflejo y un río de lava, 
no vemos el volcán porque nosotros somos el volcán.
No vemos la lluvia cuando nos convertimos en agua. 
Si somos fuego no vemos el sol. 

Tantas teorías para plantearnos que la realidad es un simulacro, 
la vida misma es un simulacro y somos los objetos que vemos.
Nunca imaginé ser una puerta, nunca imaginé ser una ventana, 
nunca imaginé ser una mesa y un puño de ceniza. 

No vemos la realidad sino el reflejo de lo que nosotros somos. 
La mirada es un salto en paracaídas, es una cascada de lava, 
porque nosotros somos el volcán, el que hace erupción por cada parpadeo 

de los ojos que somos. 

Esto

collage: Paulina Mendoza
Dicen que finjo o miento.
Todo lo escribo. No.
Yo simplemente siento
Con la imaginación.
No uso el corazón.

Todo lo que sueño o vivo,
Lo que me falla o acaba,
Es como una terraza
Aún sobre otra cosa.
Esa cosa es la que es bella.

Por eso escribo en medio.
de lo que no está al pie,
Libre de mi ensueño,
Serio de lo que no es.
¿Sentir? ¡Que sienta quién lee!


Autor: Fernando Pessoa

Días de Junio



Fue en junio cuando fuimos a Cuba. Tiempo atrás yo anhelaba visitar esa isla que imaginaba llena de historias, de música y de colores. Pensé que tardaría más en ir, pero conocí La Habana a mis 25 años.

Desde que empaqué la ropa ligera en mi mochila, iba sintiendo el calor de aquel singular país y cuando E. y yo nos subimos al avión iba tan emocionada que le pedí que me dejara sentar del lado de la ventana para ver el mar Caribe desde lo alto. 


Pensé que estando allá tendría tiempo para escribir mis impresiones pero no lo hubo, me dediqué a observar todo, además de que solo fuimos por ocho días, muy poco tiempo para apreciar la inmensidad de cosas que se quieren ver. Hay recuerdos que no quiero que se vayan y una manera de conservarlos está en la escritura. 

Llegamos al Aeropuerto Internacional José Martí y nos recibió un clima cálido, húmedo y disfrutable.
Lo primero que hicimos fue cambiar nuestros pesos mexicanos a CUC la moneda para extranjeros que equivale al dólar. Estuvimos atentos ya que amigos y conocidos que habían viajado a Cuba, nos advirtieron que algunos cubanos podían estafarnos cambiando nuestro dinero a pesos cubanos, que valen mucho menos que el CUC. (Un CUC vale 13 pesos mexicanos o lo equivalente al precio del dólar en el momento y un CUC vale 24 pesos cubanos.  Hace poco leí que se pretende instaurar en Cuba solo una moneda, pero aún no está confirmado).

Al terminar con la Cadeca (así se les llama a las casas de cambio), ya teníamos a varios taxistas ofreciéndonos su servicio. Nosotros estábamos apabullados, aún sin ubicarnos en un nuevo espacio y de pronto, llegó un señor que no era taxista y nos invitó  subir a su camioneta  para llevarnos a nuestro destino (que aun no teníamos, pues no sabíamos en dónde nos hospedaríamos).

Una amiga que había viajado meses antes a La Habana me había recomendado una casa de huéspedes con un señor llamado Roberto, que rentaba cuartos a un precio accesible. Nosotros fuimos con poco dinero, viajar a Cuba puede ser muy barato. Durante el trayecto del aeropuerto al centro de La Habana vieja, iba viendo todo el paisaje verde y tropical, así como a todos los cubanos con su singular belleza y diversidad. Veía los letreros que había por las calles a favor de la Revolución, unos con imagenes del Che Guevara, otros más con Camilo Cienfuegos y Fidel Castro. 

Recuerdo que a veces, yo expresaba mi deseo de conocer Cuba antes de la muerte de Fidel, ya que me interesaba cómo funcionaba el socialismo, quitando los mitos y las historias que escuchaba sobre dicho sistema político. No conocí muy bien la forma de vida en ocho días pero por lo menos me di una idea y a pesar de que me dijeran y viera que muchas cosas estaban controladas por el gobierno y la policía, me gustó ver  y sobretodo sentir la seguridad en las calles. Saber que nadie te iba a asaltar o atacar, incluso si querías salir a dar un paseo en la madrugada, eso era algo sumamente agradable. Una sensación que nunca he experimentado en mi país, una experiencia nueva para mí. 

No puedo decir mucho sobre el sistema político, pues solo estuvimos en La Habana vieja durante nuestro viaje y conocimos solo un pedacito de la isla, que para mí era hermoso. Entonces dejé de preocuparme por la política y dejarme llevar por lo bello del paisaje, por la gente y por la cultura. 

Al llegar al centro de La Habana pagamos con un billete que tuvimos que cambiar, así que lo primero que vi fui un bar al que me metí, la música era increíble, había un cuarteto de mujeres cantando y tocando y el bar era asombroso, me acerqué a la barra y pedí que me cambiaran el billete, el señor al que teníamos que pagar entró también, él pidió el cambio y se lo dieron. El bar al que habíamos entrado era El Floridita, uno de los más famosos, ya que constantemente fue visitado por el escritor Ernest Heminway. 
En ese lugar había una escultura del escritor y fotografías de su estancia en Cuba. 

Estábamos buscando hospedaje y comenzó a llover, nos dimos cuenta que la dirección del señor Roberto estaba en un mensaje de un correo electrónico por lo que necesitábamos internet. En Cuba es muy complicado y muy caro tener acceso a internet, además de que funciona lento. Encontramos un hotel con servicio y rentamos una computadora que se encontraba en la recepción, nos vendieron una tarjeta de una hora de internet por algunos CUC, pero no recuerdo cuántos. Lo que sí es que para los cubanos con un sueldo promedio de 20 CUC al mes, les es muy difícil adquirir acceso a internet.

Encontramos la dirección y  la casa pronto, llegamos y nos instalamos, el señor Roberto era un cubano al 100 por ciento, un hombre grande, fuerte, negro como la noche, pelo canoso y sonrisa amplia. El acento de los cubanos me fascinaba, recuerdo que al llegar a la aduana a pesar de que habláramos el mismo idioma, me tardé un poco en distinguir las palabras. 

Dejamos las mochilas en nuestro cuarto y salimos a recorrer las calles de La Habana, una de las cosas que más me gustaron fue ver pasar los coches antiguos por las calles, casi no había automóviles nuevos. E. me decía que los coches que veíamos pertenecían al tiempo de la Unión Soviética. E. los identificaba casi todos. Caminamos por el malecón, vimos esas casas enormes y viejas, nos sentamos a observar a los pescadores, caminamos y caminamos, con el calor y con el sol como acompañantes, mientras que nuestras miradas se refugiaban felices en los colores azul y verde de La Habana. 

Todas las mañanas íbamos a buscar el desayuno, comprábamos cosas a pesos cubanos y comíamos jugos y sandwiches que vendían en puestos donde se formaban muchos residentes en las mañanas y a medio día. 

La Habana Vieja es una ciudad demasiado turística por lo que habían muchos productos para dicho mercado:  desde hoteles, souvenirs, restaurantes y lugares para bailar. Lo que E. y yo elegimos fue asignarnos, con nuestro presupuesto bien contado, dos actividades diarias. Una consistía en ir a la playa. Llegábamos nos metíamos al mar y después tomábamos el sol. Una vez nos enterramos en la arena y mi cara quedó roja después de ser lo único expuesto a los rayos del sol.

Además de la playa, fuimos al Museo de Arte Cubano, donde vimos obras de diversos pintores y escultores, todas éstas distintas, sin embargo, al observarlas con atención, podíamos encontrar un común denominador en las mismas. Todas llenas de colores fuertes, amarillos, rojos, verdes y azules. En ese lugar platicamos con una de las custodias, una cubana que llevaba su cabello lleno de trencitas. Se llamaba María y nos dijo que muy pronto tendría vacaciones, que ya las esperaba pues no aguantaba el calor del lugar, ya que el aire acondicionado se había descompuesto. Lo que ella quería era pasar tiempo con su mamá y cambiarse el peinado.

También tuvimos la suerte de escuchar en el Teatro José Martí a la Orquesta Sinfónica de Cuba, acompañada con solistas invitados de Japón, Austria y Corea. Estar en ese concierto fue una experiencia única. Ahora es un grato recuerdo.

Como lo es también aquella noche que pasamos en el malecón, observando el movimiento del agua, la luna, las estrellas, los pescadores y la gente que se reunía a platicar. En esa ocasión, se acercaron dos cubanos a conversar con nosotros y contarnos un poco de sus vidas. Uno era médico y dio la casualidad de que trabajó por un tiempo en un hospital de la ciudad de León en México. El otro era entrenador de un equipo de béisbol (deporte en el que Cuba ha tenido uno de los mejores desempeños). Se quedaron un rato platicándonos sobre el clima, su sueldo, el béisbol, sus paseos nocturnos en la ciudad, etc.  Nos despedimos y caminamos por la Cuba oscura pero tranquila, aquella noche solitaria en la que apreciamos las charlas y la vista y el estar en un lugar inigualable como lo es La Habana.

La comida era deliciosa, los moros y cristianos (una mezcla de frijoles y arroz), se convirtió en mi platillo favorito, los frijoles cubanos fueron un manjar para mi paladar, al igual que el fuerte café y los mojitos que probamos.

Un día antes de partir, visitamos el Museo de la Revolución, un sitio lleno de una historia que en la actualidad muchos cubanos siguen contando orgullosos, mientras que otros piensan y quizá anhelan otra forma de vida. Lo que yo vi, es que hay muchas cosas que en mi país hacen falta como mejor educación, un sistema de salud más eficaz y un apoyo genuino para la cultura. Quizá en dicho país hacen falta cosas que el mío tiene, pero no soy ninguna experta para opinar nada al respecto. Lo que escribo son vagas impresiones, pues deseo nuevamente regresar a la isla cubana y recorrer más de sus ciudades para sumergirme en su música y en su canto.
Me falta mucha música cubana por cantar, muchos poetas cubanos por leer y muchas calles cubanas por caminar.









Anotaciones en un día de invierno.



Aprendemos a tartamudear con el fin de utilizar ese “truco” como vía de escape ante una charla o situación incómoda. El tartamudeo (la frontera de la palabra) distrae al receptor, lo dispone a un momento de absoluta decepción. El receptor cerrará los ojos, no verá nada, no se molestará en contestar. Mientras seguimos tartamudeando hay infinidad de personas inventando una teoría. Encontrando soluciones imaginarias. Estoy casi segura de que los cálculos matemáticos más asombrosos surgieron después de un perfecto y casi glorioso tartamudeo.

Odio deberían de tener los pájaros cuando les cortan los árboles con sus nidos dentro.




Esto no es una declaración de odio, tampoco es algo que valga la pena leer.
Es simplemente algo que escribo en este sitio postadolescente visceral.
Si esto fuera una declaración de odio no colgaría esta imagen. Porque en ella está lo que quiero: viajar.
Mi único objetivo, lo que más busco y me gusta.
Un viaje lejos. A lo más lejos que se puede ir: el espacio. Ver de cerca lo que son las estrellas y darme cuenta de que nuestra percepción del mundo en la tierra está equivocada. Subirme a la nave espacial y recortar papeles para hacer collages. Llevar unas buenas tijeras y un resistol de barrita.
Esto no es una declaración de odio porque si así lo fuera no colgaría esta imagen.
Pondría el dibujo de un perro con rabia, así de fácil de connotar, sin complicaciones semánticas ni nada.
Esta imagen es sólo para recordarme que tengo que viajar. Que las ojeras aumentarán si me quedo en el mismo lugar.
Es para recordarme que tengo que terminar lo que he empezado. Es para recordarme que tengo que comprar un casco para salir en bicicleta. No me gustaría partirme el cráneo.
Deberían de inventar un casco que haga a la gente viajar. Seguro en el año 2046 alguien lo inventará. Las aerolíneas pasarán de moda y ahí estaré yo comprando vuelos económicos que me lleven a recorrer la tierra. Ahí estaré yo, viajaré sola.
No necesitaré de nadie en los viajes, estaré sola. Ignoraré a los paseantes. A la gente que se asusta con muy poco. A la gente que ilusiona para sentirse bien sólo por un momento. Olvidaré a toda la gente que tiene ilusiones porque eso es para la gente que tiene tibia el alma. En mis viajes no habrá gente con alma. Iré sola. Tendré conmigo la música. Mis ojos. No necesitaré más. Viajaré sola. No necesitaré ningún arma ni a nadie. No necesitaré ni siquiera un cortauñas.
No necesitaré de un taxi. Yo me moveré sola. No necesitaré de alguien estratega.
Solo estaré yo y la ciencia de las soluciones imaginarias por si necesito encontrar una solución a algo. Así de simple.
Esto no es una declaración de odio, esta imagen no es de odio. Es para viajar. Es también para olvidar lo que se quiere olvidar. Porque la memoria es sabia y algunas veces sabe seleccionar aquello con lo que se quiere quedar.
Porque el sistema nervioso de estar tantas veces en lo mismo se atrofia. Porque hay personas que no pueden permanecer.
Saber elegir.
Saber elegir el lugar a donde quiero viajar.
Saber elegir el no llevar maletas.
Saber elegir mi propia compañía.
Saber elegir las palabras.
Llegar a la impertinencia. Saber parar. Detenerlo todo en el momento justo.
Frenar con palabras a aquello que puede acercarse más y destruirte.
Que las palabras ayuden a frenar el tren cuando estás amarrado a las vías.
Esto entonces, no es una declaración de odio.

Lo que se dice en una noche, cuando no tengo frío.



Hay gente que sola se enchueca la cabeza.
Hay muchos poemas que no me gustan pero sé reconocer el ingenio de algunos versos.
Hay gente a la que quiero tatuar en la espalda.
Hay poemas que se encierran en el congelador, que se comen en el horno.
Hay muchas tonterías que leer por aquí.
Como muchos poemas que leer con los ojos cerrados.

Hasta que vea un cerdo volar.



En el cielo hay un cerdo que nos mira. Que nos esconde y nos busca.
En el cielo hay un cerdo del color de nuestra carne.

Se alimenta de las nubes y de los pensamientos de los imbéciles.
En el cielo hay un cerdo con los ojos cerrados, hay un cerdo enamorado.
Escucha canciones noise.
En el cielo hay un cerdo que se dedica a hacer noise.
Sólo en una parte del cielo vive y vuela, sólo en los edificios legendarios.
Me asomé por la ventana, el cerdo se comió los últimos cabellos que te quedaban.
Tomó tus dientes prestados y de pasó te mordió las costillas.

En el cielo hay un cerdo que se parece a nosotros.

En la madrugada siempre suenan las sirenas de las patrullas o las ambulancias, sonador de sineras, el más raro.

Busco oficios raros, trabajos extravagantes, un mero ejercicio de inútil reflexión:

1.- Tragador de llaves que quieres perder para nunca volver a encontrar.

2.- Escabador de cortezas de árboles.

3.- Buscador de abejas perdidas.

4.- Reparador de recuerdos (1971511).

5.- Escupidor de escupideras.

6.- Almacenador de semillas mal peladas.

7.- Castrador de luciérnagas.

8.- Lustrador de calvos.

9.- Observador de hormigueros.

10.- Volteador de gallinas.

11.- Maestro de flemas suspendidas.

12.- Golpeador de mandíbulas.

13.- Lingüísta sin voz ni cerebro.

14.- Seguidor de twitter.

15.- Viajador en paracaídas.

16.- Escritor de poesía animada.

17.- Diseñador de espaldas bronceadas.

18.- Bibliotecario salvaje.

19.- Contador de pelotas en una alberca de pelotas.

20.- Tatuador de colmillos de elefante.

21.- Descuartizador de ideas.

22.- Inventor de textos.

23.- Despeinador de artistas conceptuales.

24.- Vendedor de malas raíces.

25.- Estafador de bailarines exóticos.

26.- Adolescentes revienta granos.

27.- Masticador de comida procesada.

28.- Rasurador de ardillas.

29.- Conquistador de sobacos.

30.- Comprador de corbatas y crema de maní.

Sigo con la búsqueda.

31.- Buscador de oficios raros o muy convencionales.

Vamos, véngate.

Ya me presiono con un tema de tesis, un tema que se esconde.
Mi aprendizaje de inglés sigue deteriorado, mi aprendizaje de japonés se quiebra en el hiragana y el francés camina lento pero más seguro que los anteriores.
Los idiomas extranjeros. Las lenguas extranjeras ya deberían de venir incluidas en nuestros genes desde el momento en que se deposita el semen.
Los temas que ahora abordan mi mente: tesis y lenguas extranjeras.
Hay algo que desde hace ya casi cuatro años me ha servido para distraerme de los temas que por algún momento han invadido mi cabeza: los dibujos.
En una feria del libro de León me enseñó una carpeta de dibujos, en ese momento me distraje de mis actividades laborales. Me hice fan de esa carpeta y de las plumas de gel. Quería tener un dibujo de aquellos. Después tuve varios, obtuve tres de ellos intercambiándolos por un ensayo sobre la contaminación y mi favorito,el de la petit rodeada de moscas.
Hace como dos o tres años yo era seguidora de: www.avibujos.blogspot.com
Las situaciones que presentan cada uno de los dibujos me traen sustancias aguardientosas que me causan gastritis y me impiden tomar alcohol.
El sentido del humor es lo que más me ha impresionado en estos casi cuatro años de ser constante espectadora de dibujos.
Ahora también soy espectadora de collages y de figuras hechas con chicharrón, me sigo distrayendo.
Veo: www.crocota.wordpress.com







Los dibujos, collages de Daniel.La impensada tesis. Las combinaciones mal escritas.
Las lecturas de Raymond Carver y la música de Animal Collective son recomendaciones de él,las que más me han gustado.La cámara lomográfica también me ha gustado.
Los cómics de Daniel Clowes, la película de Sin aliento, The flaming lips, Joana Newsome, Boris Vian, Roberto Bolaño, La conjura de los necios, Arte en construcción, La oficina, Svankmajer y Daniel Johnston son otras de sus recomendaciones que se han quedado en mi repertorio de distracción.
Voltea para el otro lado, para el lado de los dibujos y también al lado de las revistas, los colores, recortes y el resistol. Deformidad craneal. Dispersión de cejas.
Véngate, véngate, véngate, vamos.

Mon premier amour est avec les photos, éclaboussé arbres verts et respire la vengeance pure.
私の最初の愛の写真で、緑の木々はねや純粋な復讐を吸うは、

Caracoles en los asientos traseros de tu auto.

La noche de viernes no está hecha para el arte conceptual, veo un dibujo de Jorge Flores en la revista Moho y no lo encuentro en la red. Me gusta, ese dibujo me gusta.
Ninguna noche está hecha para el arte conceptual.
El mundo está harto de conceptualizar. Los filósofos deberían de dejar de conceptualizar todo, ni siquiera pueden decir rápidamente su color favorito o si quieren que a su torta le quiten el chile o el jitomate.
Conozco lugares en donde la gente no conceptualiza, en donde pierde todo raciocinio, en donde los cerebros duermen dejando que la saliva caiga: el metro Df, la oruga León, el vasallo de cristo Guanajuato. En esos tres lugares las personas duermen, babean, se deprimen y a veces se acuerdan.
El único lugar en donde los artistas conceptuales deberían de hacer "obras" es en el transporte público de cualquier ciudad, de cualquier región. Ahí se necesita de un concepto que se salga de un contexto determinado y haga al menos parpadear dos veces seguidas a los pasajeros (ahora todos temen a los estornudos).
No sé alguien debería de aventar una gallina artificial o despoblar la ceja del chofer. Quitar el esmalte de uñas de una señorita a través de succiones nasales o llevar al contador para que diga un poema, no, el poema no, con su mirada basta (al cabo, como dice Fadanelli en Educar a los topos: Las miradas son capaces de secretar sustancias aún más nauseabundas que la propia boca, sustancias invisibles pero letales) . Llevar al contador para que mire a la gente. Explicar lo que pasa si te drogas con jarabe para la tos, decir que por ningún motivo lo combines con paracetamol.
Alguien debería de dar información de utilidad en el transporte público, alguien que pierda todos los sentidos menos el común. Alguien debería de plantar una obra conceptual en el transporte público mientras se mete cuatro tachas y escucha sin parar a Animal Collective.

Pd. Visiten a la gallina volteada: http://www.acetona-acetona.blogspot.com/ y de paso denle una vuelta a a Isabel: http://www.proyecto-isabel.blogspot.com/
Lo olvidaba, busquen el vídeo de Joaquín Segura en donde rompe una botella a un caminante, eso, para que sus cólicos menstruales sean menos dolorosos.

Mi barrio en las estaciones del año.

Por la ventana se ven las construcciones chuecas, los colores dispersos, el puño de árboles.
El callejón está escondido porque no tiene buen aspecto.
Aquí lo que me gusta es el color ladrillo y mi caminar diario.
Aquí lo que me gusta son los techos abollados y los tendederos unisex.
Es adoptado. El que se mete con mi barrio me cae mal.
Parece que se aproximan los últimos tiempos del lugar.
Los túneles se están cayendo y resbalan gotas de sudor.
El sudor de las personas que gozan dormir sobre los túneles para ver el techo del mundo en la azotea del mundo.
Parece que están lejanos los últimos tiempos del lugar.
Lo que lo hace imperecedero es la música que se escucha cuando subes las escaleras de la ciudad a media tarde.

Mi desesperado acercamiento...















... al arte "contemporáneo" de Gabriel Orozco.

2010.

Mi collage favorito del último día del año





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¡FELIZ 2010!