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Simulacro


Collage: Paulina Mendoza


No vemos la realidad sino el reflejo de lo que nosotros somos.
Somos eso, un reflejo y un río de lava, 
no vemos el volcán porque nosotros somos el volcán.
No vemos la lluvia cuando nos convertimos en agua. 
Si somos fuego no vemos el sol. 

Tantas teorías para plantearnos que la realidad es un simulacro, 
la vida misma es un simulacro y somos los objetos que vemos.
Nunca imaginé ser una puerta, nunca imaginé ser una ventana, 
nunca imaginé ser una mesa y un puño de ceniza. 

No vemos la realidad sino el reflejo de lo que nosotros somos. 
La mirada es un salto en paracaídas, es una cascada de lava, 
porque nosotros somos el volcán, el que hace erupción por cada parpadeo 

de los ojos que somos. 

Ondulaciones


Me pregunto sobre esas vueltas que dicen que da la vida. ¿Por qué no sigue una línea recta?

Pasa diciéndonos a dónde ir pero llevándonos a lugares contrarios.
Siento el miedo que tienen todos cuando la incertidumbre llega. Siento el miedo cuando se aproxima cualquier final. Se siente tanto y a la vez nada. Podría pasar el tiempo como un vegetal. Afuera veo cómo se apilan los cadáveres que no ganaron la guerra, cualquier guerra: la del petróleo, la de los papeles verdes, la religiosa, la de las añoranzas, la molecular, la guerra sucia, limpia, fría, caliente .

Pero cada uno tenemos nuestras batallas, nuestras pequeñas y grandes batallas, las que nos aíslan de lo general y  nos llenan de partículas. Cada uno nos preguntamos cosas distintas, cada uno tenemos nuestro territorio marcado, nuestros instintos desatados. Nos inventamos nuestro propio conflicto bélico, fabricamos las armas que llevaremos, no las compramos a nadie, no las vendemos a nadie. Las espadas que hago son para mí y terminarán enterradas en la piel de quien yo decida.


Las líneas rectas son aburridas y los humanos no sabemos medir el tiempo, por eso la vida se mantiene en ondulaciones, precisamente para que no nos mate el aburrimiento y para que nos aniquilen las sorpresas: mientras no estemos armados.

De Julio a Agosto.

Frecuentemente leo la columna que Fadanelli publica cada lunes en El universal, lo leo porque en la mayoría de los casos me gusta lo que dice y me gusta lo que cita. No siempre lo hago  los lunes, por ejemplo hoy miércoles leí la de esta semana que trata sobre un tema común en esta temporada: las olimpiadas.
A mí también me dan igual esos juegos pero no niego que me puedo entretener viendo algunas competencias por televisión. Pero bueno, a lo que iba es que hace rato leí su columna y me gustó esto que dice:
"Yo definiría el amor como la capacidad de hacer el ridículo ante un ser inventado por nuestra imaginación, de modo que este ser inventado suspire y se conmueva hasta el grado de entregarse a los brazos del ser ridículo que es todo enamorado. Pasar del poema a la saliva, de la melancolía suspirante al encuentro de humores corporales es ya otra cosa".
Me resulta interesante su definición del amor porque a mí me gustaría definirlo de la misma forma, sólo agregando otras palabras en vez de ridículo usaría bochorno, en vez de melancolía usaría vísceras y en vez de suspiros pondría eructos.
Esta semana he notado que ya no tolero como antes a la gente, que me molestan las risas fuera de contexto, que me molesta ir al cine, al teatro y que la gente ría cuando no hay motivo. Pero también esta semana descubrí que las películas de Woody Allen me ponen de buen humor y que podría ver Lost in traslation una y otra vez sin aburrirme y que leí por primera vez una novela de Garcia Ponce. 
No hay mucha novedad, sólo eso.

Lo buscado está en el propio buscador.

Estoy leyendo La gramática del tiempo de Leonardo da Jandra, su forma de escribir me ha gustado bastante sobre todo porque repasa teoría filosófica que tengo muy olvidada, más bien nunca aprendida. Leo sobre el dinamismo y  el estancamiento de la sociedad. Leo sobre la muerte y el tiempo. Las ganas de matar de un huatulqueño y la pérdida de lo "sagrado" que nos llevará a la decadencia, según el autor. La civilización  es representada como el estado de derecho mientras la barbarie es el estado natural.
Me imagino viviendo en la costa oaxaqueña, pero la imagino solitaria y ruidosa. El mar que hace música y no ruido o quizá hace ruido y no música, algo que llega a mis oídos, tenga los ojos abiertos o los tenga cerrados.
Lo que me gusta de la imaginación es que en un cambiar de pensamiento la segunda opción derriba a la primera y así podemos ir derribando nuestras primeras ideas y sosteniendo las últimas. Pensar en el presente, en el adverbio "ya" que indica tiempo inmediato. No voltear hacia atrás pero tampoco ver hacia adelante. Estar flotando en una piedra gigante que se encuentra justo en medio del mar, con nuestras plantas de los pies bien anclados y la mirada en un punto fijo y cercano. Tambaleando de vez en cuando pues no todo se trata de mantener el equilibrio. Se vale saltar e incluso también es permitido clavarse en el agua hasta la profundidad. 

Aquí unas citas del libro:

"Privado de su ritualidad (pasado) y de su libertad (futuro) el nativo hace del consumo (presente) la medida de su felicidad: consumo, luego soy; y cuanto más consumo, más soy".

"Siendo la felicidad masiva todavía inconcebible, la única opción es la utopía grupal o de pareja. Lo demás es profanación civilizadora, tecnocracia, inmoralidad, poder".

"La mentalidad utópica debe ser en consecuencia, anticonsumista y metódica, ritual y ajena al poder, apasionada por la naturaleza y consciente de sus límites".

"Hoy se sabe que la duda es infinita, y que ser escéptico es la forma menos comprometedora de enfrentar la estupidez masiva".

"El hombre en cuanto a ser físico, es gobernado como los otros cuerpos por leyes invariables. En cuanto ser inteligente viola incesantemente las leyes que Dios ha establecido, y cambia las que él mismo ha forjado".

Todos son enunciados que me he topado en La gramática del tiempo, el que más me gusta es el tercero, el que habla acerca de la utopía, porque es lo que hago diariamente: utopizar (si es que eso es una actividad). Quizá mi utopía aún  no está consciente de sus límites pero pienso de forma "utópica" en que algún día lo estará.
La utopía como una foto aérea que se le toma al campo o a una ciudad, podemos ver todas las vértices, todos los caminos posibles mientras escuchamos la voz de algún individuo que dice: "porque el mundo y es el mundo y no escribe historias que terminen en..." y permanecemos atentos mientras nos rascamos la cabeza.

En fin, seguiré leyendo y espero como sugieren las palabras en la contraportada del texto, realizar mi utopía costeña de (re)leer este libro de Da Jandra frente al mar.
No estoy escribiendo una reseña del libro, ni una recomendación, son ideas sueltas a la gramática del tiempo.

La post-adolescencia, las viseras, el alivio y la libertad.

Nunca había visto a los volcanes de cerca como lo he estado haciendo en estos días, al tener un paisaje tan esplendoroso a mi alrededor no tendría por qué quejarme de nada. Conservo mis ojos y además de eso conservo la capacidad de asombro que muchos ya perdieron. O quizá que muchos nunca tuvieron.
La nostalgia y esas cosas que te hacen detenerte en los recuerdos, a veces en recuerdos que ni siquiera valen la pena. Como me pasó hace algunos días.
No necesito ese pasado, ya desde hace mucho tiempo he tenido bien claro que no quiero que regrese nunca. Me siento con mucha libertad y esa sensación no la cambio por los años anteriores.
Aquí están mis papilas gustativas, mi tiempo para leer
para escribir, aquí dentro de mi cabeza tengo un montón de conexiones nerviosas que me hacen ser como soy. Me llevo todo lo que necesito a donde quiera que vaya, a donde quiera que regrese.
La vida también se encarga de quitarme a los roedores de encima, de quitarme lo que no trae nada bueno, ni una pizca.
La fortuna.
Hoy brindaría alzando el licor a favor de la fortuna, la que me persigue pero que en algunas ocasiones yo no quiero que me alcance. Hoy me detendré.
Somos seres complejos que a veces sin saber por qué nos aferramos a cosas tan inútiles, tan llenas de basura. También he comprendido que existen "humanos" en el mundo que tienen la cabeza llena de algo peor que la basura y algunas veces su cabeza está también llena de imanes con los cuales atrae a otra gente. Puede que esa otra gente también posea los mismos desperdicios en su cabeza pero puede que existan otras personas que no y que sin embargo, fueron arrastradas por ese imán.
Corran rápido, huyan, sean fuertes y poderosos porque se pueden quedar atrapados.
Corran y escuchen fuerte también.
Todos tenemos las palabras, a ellas nunca las perderemos y tenemos que aprender a escuchar las que de verdad nos sirven. Escuchar.
A ignorar también.
Me ha gustado esta estancia en la que he pasado mucho tiempo conmigo misma.
Tengo la vida para ir más lejos.
Si tuviera un abuelo o mis abuelos en donde quiera que se encuentren me dirían algo que es muy cierto: "De los errores se aprende".
Yo no me vuelvo a equivocar de esa manera tan infame. Pensar más antes de sentir simulacros.
Mente despejada, tengo la vida para ir más lejos.
La vida para ir más lejos.
Como quizá, la última parte de este concierto:

Pero una ley infalible asegura que cuanto más repudiamos algo, más se aparece en nuestra vida. p.51


-A ver si me entiendes-dijo apagando su cigarro en el suelo del camión-, alguna gente se sorprende de que las plantas crezcan en hidroponias, en laderas sequísimas, o el moho que vive en condiciones inimaginables. ¿Qué me dices de los amores sin un milímetro de futuro?, ¿los que nacen en calabozos, en los cruces de trenes? Yo les llamo amores-hongo y requieren de mucho valor o de mucha estupidez.

El Huésped de Guadalupe Nettel, p. 154.

Pensando en todo el tiempo que pierdo.

Breve lista. 5 cosas que me gustan y 5 cosas que no me gustan.

Cosas que me gustan:
1.- La música de Daniel Johnston.
2.- Las cámaras lomográficas.
3.- Los libros de aforismos.
4.- La poesía francesa del siglo XIX y XX
5.- Las bicicletas y las películas de Woody Allen.

Cosas que no me gustan:
1.- La música de Linking Park, ni Blink 182, por ejemplo.
2.- Las cámaras escondidas.
3.- Los libros de caballería.
4.- La poesía barroca.
5.- Lo trineos y las películas del Padrino.

Todo lo que ves al levantar la mirada.


No quiero hablar.
No quieres hablar.
No quieren hablar.
Y así seguimos conjugando en el silencio de nuestras habitaciones, en donde la música de repente, también es silencio.
Todos estamos mirando al sol.
Volteamos la cara al sol.
Nuestros ojos se hacen tan fuertes como para no derretirse ante el sol.
Todos cortamos nuestras cabezas para enviarlas al sol.
¿Cuánto cuesta enviar un paquete ensangrentado al sol?

De eso que no me separo.




Sigo pensando en la lejanía, en el mar. En la lejanía y en la cara que pondré cuando vea por primera vez nevar. Aún no sé dónde ni cuándo.
La incertidumbre, lo que está casi siempre tan cerca de mí.

There is life on Mars?



A cada momento me dan ganas de ir de viaje. Todos los días pienso en un viaje. Lejos, cerca, en medio, eso es lo de menos. Llegará el día en que tome un vehículo y me vaya a conocer lugares. Me imagino de vieja,paseando por ahí. Imagino muchas cosas. Desimagino otras tantas. En este espacio de escritura cotidiana pienso en lo que me ha pasado durante el día.
La lluvia ha estado presente, mis pies se han mojado. Los proyectos avanzan poco a poco. Aún siento que los asuntos amorosos son para otra gente, la que está lejos y cerca. Pienso que a algunos les funciona, me encontré a un buen amigo de la prepa que es novio de una buena amiga de la prepa: serán papás. Yo grité mucho y lo abracé, porque están contentos y me puse contenta por ellos también. La vida y sus vueltas. La vida, mis amigos y sus vueltas.

De repente me sigo sintiendo como en la secundaria cuando no quería hablar con nadie y escuchaba música todo el día. 22 años y sigo en la pubertad a punto de pasar a la adolescencia. Mis amigos ya están siendo adultos. Que alguien me desenrede el cabello por favor.



No sé cuántos barcos de papel he hecho en mi vida.




Eran las cinco de la tarde, faltaba una hora para que se escondiera el sol. Ahí estaba yo a punto de zarpar. Leven anclas, escuché a lo lejos. Navegué por ese gran muro azul que es el mar. Pasé varios días en ese barco que se convirtió en mi hogar. Conocí a una sola persona estando allí, un hombre alto de cabello blanco. Él y yo vivimos juntos, me contó la historia de los barcos: el hombre construyó elementos para flotar en el agua, usaba los troncos de los árboles, de repente inventó los remos. El hombre aprendió a moverse sobre el agua. Ahí estábamos nosotros en un barco en el que a veces remábamos y algunas otras lo movía el viento. No había límites. Llegó la noche él y yo nos tomamos de la mano, viajamos inmóviles.

Una foto feliz para un triste relato.


Hubo un día (hace unos meses) en el que me sentí muy triste, lo bastante como para perderme toda la tarde por las calles hasta que me llegara la noche. Salí muy temprano de mis actividades que muy apenas pude hacer y comencé a caminar por las calles. Mi mente no descansaba, cada momento pensaba en las fallas, mis fallas. Las fallas. Tenía miles de pensamientos chocaban unos con otros, todos eran demasiado gruesos. Mi cerebro se inflamó, se inflamó tanto que dejó de pensar. Hice todo lo que no hubiera en un estado de ánimo normal (no digo de felicidad, sino de un estado de ánimo "normal", estable). Fui a ver la peor y la más pésima de las películas en el cine. Me senté yo sola hasta la última fila. En esos momentos además de estar muy triste no me agradaba la humanidad, no quería a nadie cerca de mí. Trataba de pasar la mayor parte del tiempo sola. La película transcurría, desde el principio me percaté de que era una bazofia pero me quedé ahí, quieta pero tratando de parpadear. Me quedé sentada frente a la pantalla que se estaba pudriendo con la película. Salí del cine y mi ánimo iba cada vez más para abajo. Tenía hambre. Traté de comer lo más desagradable que se puede comer, sí, lo hice, me dirigí a un Mc Donalds que quedaba cerca y no pude comerme ni siquiera dos pedazos de esa basura. Era una imagen triste. Yo sola en ese lugar de comida rápida viendo como al lado de mí otro pobre miserable como yo ingería esa "comida" mientras veía los dibujos en la cajita feliz. Ese día el panorama era gris y lo recuerdo. Porque hoy pienso en ese día, en lo difícil que fue. Ese día lloré un poco. Llamé a quien no tenía que llamar. Quise que me animaría quien no me podía ya animar. Antes de llegar a casa traté de respirar un poco, traté de que mi mente triste se fuera a otro lado para que llegara solamente mi cuerpo y atravesara la puerta, saludara a mamá y papá y se fuera al cuarto. A pensar, a llorar, leer o hacer algo por el estilo. Ese día fue triste y ese día por una extraña razón viene a mi cabeza los días finales de cada mes. Por una extraña razón que más o menos voy conociendo, ese día tan triste viene a mis pensamientos los días finales del mes. Odio el cine basura y la comida basura. No me gusta ponerme tan triste porque así suelo tomar las peores decisiones a la hora de elegir una película o elegir qué comer. Al final la soledad no es algo que me moleste tanto.

Odio deberían de tener los pájaros cuando les cortan los árboles con sus nidos dentro.




Esto no es una declaración de odio, tampoco es algo que valga la pena leer.
Es simplemente algo que escribo en este sitio postadolescente visceral.
Si esto fuera una declaración de odio no colgaría esta imagen. Porque en ella está lo que quiero: viajar.
Mi único objetivo, lo que más busco y me gusta.
Un viaje lejos. A lo más lejos que se puede ir: el espacio. Ver de cerca lo que son las estrellas y darme cuenta de que nuestra percepción del mundo en la tierra está equivocada. Subirme a la nave espacial y recortar papeles para hacer collages. Llevar unas buenas tijeras y un resistol de barrita.
Esto no es una declaración de odio porque si así lo fuera no colgaría esta imagen.
Pondría el dibujo de un perro con rabia, así de fácil de connotar, sin complicaciones semánticas ni nada.
Esta imagen es sólo para recordarme que tengo que viajar. Que las ojeras aumentarán si me quedo en el mismo lugar.
Es para recordarme que tengo que terminar lo que he empezado. Es para recordarme que tengo que comprar un casco para salir en bicicleta. No me gustaría partirme el cráneo.
Deberían de inventar un casco que haga a la gente viajar. Seguro en el año 2046 alguien lo inventará. Las aerolíneas pasarán de moda y ahí estaré yo comprando vuelos económicos que me lleven a recorrer la tierra. Ahí estaré yo, viajaré sola.
No necesitaré de nadie en los viajes, estaré sola. Ignoraré a los paseantes. A la gente que se asusta con muy poco. A la gente que ilusiona para sentirse bien sólo por un momento. Olvidaré a toda la gente que tiene ilusiones porque eso es para la gente que tiene tibia el alma. En mis viajes no habrá gente con alma. Iré sola. Tendré conmigo la música. Mis ojos. No necesitaré más. Viajaré sola. No necesitaré ningún arma ni a nadie. No necesitaré ni siquiera un cortauñas.
No necesitaré de un taxi. Yo me moveré sola. No necesitaré de alguien estratega.
Solo estaré yo y la ciencia de las soluciones imaginarias por si necesito encontrar una solución a algo. Así de simple.
Esto no es una declaración de odio, esta imagen no es de odio. Es para viajar. Es también para olvidar lo que se quiere olvidar. Porque la memoria es sabia y algunas veces sabe seleccionar aquello con lo que se quiere quedar.
Porque el sistema nervioso de estar tantas veces en lo mismo se atrofia. Porque hay personas que no pueden permanecer.
Saber elegir.
Saber elegir el lugar a donde quiero viajar.
Saber elegir el no llevar maletas.
Saber elegir mi propia compañía.
Saber elegir las palabras.
Llegar a la impertinencia. Saber parar. Detenerlo todo en el momento justo.
Frenar con palabras a aquello que puede acercarse más y destruirte.
Que las palabras ayuden a frenar el tren cuando estás amarrado a las vías.
Esto entonces, no es una declaración de odio.

22 1/2

De mayo a julio con veintidós años y medio. Escribo esto después de cinco años.
A los diecisiete tenía una grabadora en mi cuarto y escuchaba música de viejitos. Llegaba de la prepa, intentaba tomar café (nunca he podido, me mareo). Trabajaba en el teatro. Escribía una historia por semana. Leía textos muy aburridos pero en el fondo me divertía. Tenía ya como unos dos o tres amores platónicos. Un actor, un fotógrafo y un museográfo. Todos como unos diez años mayores que yo.
Me fui a ciudad subterránea y ahí pasé los dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno y una muy pequeña parte de los veintidós. Comencé a creer que los árboles que van al camino de Valenciana sí tenían el tronco dorado. Siempre he disfrutado las curvas de las carreteras y los cerros. Y siempre he disfrutado que la gente lea cosas sin importancia.
En esos cinco años mi cara se fue alargando y las muelas del juicio fueron saliendo, menos mal que durante ese tiempo no sufrí ninguna fractura como de los cinco a los nueve años (Tres fracturas en ese lapso de tiempo).
Además de que me salieron las muelas y luego me las quitaron, probé cosas que antes no había probado que me llevaron al doctor (pero fue peor en la infancia cuando probé una hamburguesa de Burger King y terminé vomitando por horas y luego en el doctor).
Me subí a unos columpios, me trepé a un árbol, de esos que hay en la presa de la olla. Tomé muchas fotos con una cámara lomográfica. Intenté escribir más historias. Leí todo lo que me pidieron, escribí todo lo que me pidieron. Recibí un premio. A los diecisiete me enamoré, después entre todos esos cinco años me fui desenamorando. Me desenamoré. Siempre pero siempre he tenido amores platónicos, durante esos cinco años algunos ya no fueron tan platónicos. Viajé. Recordé y muchas veces me quedé sólo en los recuerdos (como ahora). Durante esos cinco años siempre estuve planeando a dónde sería el siguiente viaje. Todavía no sé a dónde ir.
A los 22 1/2 he descubierto muchas cosas:
1.- Me gusta la música tranquila, escuchar las guitarras. Pensé que nunca me gustaría la música sin voz.
2.- Descubrí que tengo un sistema nervioso muy débil, lo descubrí experimentando.
3.- A los 22 1/2 no he terminado mi tesis, estoy a punto de graduarme porque acabé todas la materias.
4.- A los 22 1/2 acepté por fin, lo que ya había pensado hace años: no creo en ninguna fuerza divina.
5.- 22 1/2 pensé en que nunca quiero tener hijos.
6.- 22 1/2 he visto muy malas películas últimamente.
7.- 22 1/2 Descubrí que me gusta la gente que habla extraño. Y si me gusta me voy.
8.- A los 22 1/2 me despedí de mi gran amor platónico.
9.- A los 22 1/2 cambié mi cama de lugar después de pasar el momento más duro de la desilusión de los 22.
10.- A los 22 1/2 estoy aquí tontamente desvelándome aunque en una horas tenga que ir a dar clase. Chicos, su maestra de 22 1/2 tiene veintidós años y medio tratando de comprender el mundo, no pregunten por qué tiene esas ojeras grandes. Piensen que se fue de fiesta.

Sólo en mi funeral portaré el vestido más escotado que haya existido nunca, uno que combine con mi piel morada y fría.


Si puediera llevarme a la tumba a todos los rostros que me he topado esta noche, la noche anterior y los rostros de varios años viejos, no lo haría. No lo haría. Preferiría escaldarme la lengua yo sola. Preferiría un autocastigo. Comer piña y escaldarme la lengua antes de llevarme a la tumba cientos de imágenes de desconocidos repugnantes. Porque sería una fiesta de monstruos a la que prefiero no estar invitada. Ser la anfitriona que no está invitada. Ofrecer un banquete sin estar presente, sin ser invitada, sin ser coleccionista de armas.
Ahorré toda la noche, así toda la noche guardando las ganancias que no han llegado. La finalidad de mis ahorros van hacia la compra de un patíbulo.
Un patíbulo en donde meteré a las moscas que me despierten por las tardes. A los perros que me persigan en el bosque. A las plantas que no cumplan su deber.
Si pudiera llevarme a la tumba unos pocos recuerdos, no me llevaría éste. Abandonaría esta noche en la que escribo sin razón alguna, abandonaría a todas esas melodías lentas que inventan los que tienen el entrecejo fruncido, la cara larga, la boca chica y la voz lenta. Sin duda no me llevaría esto a la tumba.
Allá abajo adornaría mi estancia con lucecitas de navidad y evitaría a los darketos y a las personas que piensan que son vampiros y a las personas que piensan que dar abrazos a desconocidos reconforta el espíritu. A ellos, les escupiría con todas mis fuerzas.Juntaría toda la saliva que he producido desde que salí del vientre de mi madre hasta ahora para aventársela y mojarlos. Les escupiría todos mis líquidos hasta casi quedarme seca. Y eso lo traduciré como un acto para mostrar que puedo tener mucha repulsión. Mucha.
La imagen de un ave cayendo después de que algún gordo calvo con dientes de oro le haya disparado, no me parece bella. Sin embargo parece ser un asunto cotidiano el debatir que imágenes son bellas ante mis ojos. Y aquí tengo una:

(Léase con tono lento, con matices de voz, con un cuarto lleno de arcilla)

Un calvo cae
no el calvo, o la
ésta es sencilla
anónima desde el vientre.

Acaso se desploma, se sumerge se hace bomba
pero concordamos en que un descenso se está dando.

Si yo digo que un calvo cae
lo digo sencillo
pero con la mayor aspiración.
De que cuiden su cuero cabelludo,
No intercambiar dientes por cabellos.

Si la muerte llega a a mi puerta
la recibiré con un ligero asentamiento
que además de sentir el viaje en balde
querrá cambiarme sus dientes y huesos viejos y rotos
por los tres cabellos que me quedan.

Un calvo cae, ahí voy inescrutable.

La vida me parece innecesaria cuando son las tres de la mañana. La gente se dedica a dormir y a vivir los sueños. En los sueños aparece de nuevo la fiesta de monstruos, toda su vida me parece aburrida. La vida de los objetos caros que habitan en los sueños.
Me daría asco decir que todo lo escrito aquí, ahora, no tiene ningún sentido.
15.16 enero de 2011. Muero de asco.

The ghosts that sell memories.


Tengo recuerdos acumulados como un costal lleno de zapatos viejos. Estamos en los últimos días del año y no he hecho ninguna lista como muchos lo hacen, ninguna lista de libros, discos, canciones del 2010.
Pero tengo una lista de recuerdos, la misma lista que olvidé.
La que no voy a apuntar.
El libro de la memoria que se queda conmigo. El que no comparto ni quiero decir. Yo misma he tratado de clasificar los recuadros que veo diferente. Lo daltónica que soy.
Los años acumulados en mi mente.
Las coincidencias también las lecturas. "La invención de la soledad" de Paul Auster, justo cuando tengo en frente de mí, la noticia de la muerte de un padre. Un montón de lágrimas. Un montón de miedo imaginándome. Y las lecturas coinciden.
Después el libro de la memoria con sus recuerdos de infancia. Todos. Y los míos. Todos.
Tengo una lista que hacer con mis recuerdos de infancia. Con los sueños de la niña que fui. Porque así permanece la vida.
Me gusta que mis amigos me digan sus recuerdos de infancia, cada quien descubre el mundo de forma distinta.
Me voy a inventar más recuerdos que nadie y luego recordaré que todo esto que escribí yo lo inventé y me da risa y asco a la vez.
Este año almacenaré mis recuerdos, los tendré bien guardados. Las circunstancias chuecas fueron varias. Mi mente disparada. Mi mente retorcida y todas las malas decisiones. Mi mente retorcida y todas las buenas decisiones.
Todo lo que pude decir y lo que dije.
Todo está apuntado con tinta invisible. Con la misma tinta que comen los fantasmas.
Digo sin decir nada.

You´re a stuck-up prep-school bitch!

Hace como dos o tres años vi la película de Ghost World. O bueno dos años, quizá tres, pero no hace un año. Nunca leí el cómic de Daniel Clowes pero ya antes gracias a Crocota había visto sus dibujos.
Cuando vi la película quería ser como Enid, quería encontrarme un hombre mayor y solitario, ver las cosas raras que tenía en su casa y salir con él a tomar cerveza.
Quería tener pocas gesticulaciones como Enid, sus dibujos con corrector, sus lentes y su cabello. También quería algunas de sus faldas pero sobre todo sus botas.
Cuando vi Ghost World ya estaba en el segundo año de la Universidad o en el primero, no recuerdo pero no en el tercero.
Luego, recordé cuando salí de la preparatoria y pensaba mudarme con mi mejor amiga a Guanajuato porque ella estudiaría Artes plásticas y yo seguía con la necia idea de estudiar para ser piloto. Una casa juntas como la que planeaban Enid y Rebeca. Al final las cosas son diferentes, P. ya terminó la licenciatura en Cultura y Arte y a mí ya me falta menos.
Enid y Rebeca son dos chicas que buscan qué hacer con su vida, parece que Enid no quiere algo simple o tal vez no encuentra la simpleza que quiere en los barrios de Estados Unidos. La desilusión ha llegado a su mente, ya no hay una ilusión de la realidad.
Mi parte favorita de la película es cuando Enid se sube en un autobús sin rumbo y se va. El final es lo que más me gusta. Enid con un vestido rojo y una mochila redonda se sube al autobús gris. Lo que sigue para Enid son las carreteras, mis lugares favoritos.
Ayer me acordé de la película por eso ahora escribo esto. Igual si regreso un poco el tiempo en vez de subirme a un autobús como Enid, después de terminar la preparatoria, me hubiera subido a un barco y hubiera dejado que una gaviota me sacara un ojo. Para llevar un parche y ser como un pirata. Mi casa sería el mar. Viviría en la tercera parte de la quincoagésima que es el mar.

Las carreteras que marcan el deseo de cada uno.



¿Qué haces con los ojos abiertos a las tres de la mañana?
1.- Pienso en el bosque y lo que hay dentro, pienso en las personas que desaparecen en el bosque, que mueren en el bosque y que jamás son encontradas.
2.- Hay un lugar perfecto en el que podría estar yo a las tres de la mañana: la carretera, la que sea. Y seguro tendría los ojos abiertos.
3.- A las tres de la mañana no estoy en la casa vieja, enfrente de mi hogar hay una casa vieja. Yo duermo no duermo ahí a las tres de la mañana.
4.- Escucho música vieja como la casa vieja, pensamientos viejos también en mi cabeza, viejos y repetitivos.
5.- Una danza lenta de un país lejano, miles de policías corriendo por el callejón, una cocina limpia, un montón de ropa en una esquina, ruido con guitarras, bajo, pandero, ruido. La semana pasada. Viendo a las parejas jóvenes molestarse por tonterías, viendo también que todo es un círculo que empieza y termina.
6.- Los días que han pasado y lo que ha pasado, viendo con desesperanza que las balas van por donde quiera, viendo las ruinas y la gente que las rodea, las personas que rodean ruinas somos nosotros somos todos.
7.- Yo veo las carreteras y pienso en el trabajo que cuesta hacer una carretera, pienso en el trabajo que cuesta tener un hijo y pienso en las mujeres, mis amigas, que tendrán hijos pronto y pienso en ellas en su esfuerzo y valentía. Pienso y pienso lo que es tener un hijo en este país en donde la gente vive para trabajar en vez de trabajar para vivir. Ellas tendrán niñas en una sociedad en donde la mujer trabaja el doble. Nuestra generación trae nuevas generaciones y mis amigas tendrán niñas. Luego pienso en Guanajuato y sus absurdas leyes en las restricciones a las mujeres. A las mujeres tatuadas, a las mujeres que piensan y que eligen.
8.- En esta madrugada, las tres de la mañana, pienso en mis mujeres. En mi madre, mis hermanas y mis amigas. Las pienso a todas ellas caminando en las carreteras y llegando al bosque. Las pienso a todas ellas trabajando y las pienso a todas ellas comiendo un pedazo de pastel que el horneó un capitán de un barco.
9.- Las mujeres saben construir aviones y tomar fotografías, saben hacer ropa y escribir al mismo tiempo. A pesar de todo eso muchas mujeres son despedidas injustificadamente de su trabajo porque tienen hijos. Y ellas siguen en las carreteras, en mis lugares favoritos y en todas mis semanas.
10.- Pienso esto porque pronto mis amigas tendrán hijas y yo las llevaré al parque, les compraré un helado, jugaré con ellas y les trenzaré el cabello. Prometo no peinarlas como Simone de Beauvoir pero no prometo que ellas no estarán corriendo, saltando por miles de carreteras y por miles de pensamientos sin que nadie se meta en su camino.

Llega el momento en que se paga de nuevo la renta.


foto de: Ramón, Moncho. www.medioperronegro.blogspot.com

Mis nuevos hermanos.
Mis nuevos hermanos se parecen a los versos de ¡Adelante! libro de Bukowsky en el librero de D id. Se parecen a las carreras de caballos, a las apuestas y el alcohol del que habla tanto en La sede del club. Hagan sus apuestas, apuesten para ver quién se cae más rápido del cerro, quién se tropieza con una piedra, a quién regaña más su mamá, quién se cortará primero el cabello. Quién ayudará a mover el refrigerador del lugar.
Hagan sus apuestas.
Griten como bestias.
Muerdan las cuerdas del tendedero.

La izquierda es una cuestión hormonal.



Feel me now
I don't know maybe you could not love me now
You will know, and her feet down to the ground
Over there, and I want true love to love
You can't hide, oh no, from the way I feel

Cabezas cortas. Flores rotas.
Aprender a nadar con la garganta. Fragmentos nuevos de nuevos libros.
Frases cortas. Flores rotas.
Teorías salvajes.
Fragmento de la canción que escuché repetidamente mientras dormía en una habitación grande, recién habitada.
Nunca he sabido descifrar lo obvio, mejor me corto el cabello cuando estoy en aprietos. Noticias de 7.
Todos los días, todos somos unos espías.