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Estar solo como un niño



Este día no he podido ir al cementerio a ver a las flores y las calaveras, pero me encontré con los pensamientos y reflexiones de personas muertas, un profesor nos pasó un pdf con "Cartas a un joven poeta" que Rainer Maria Rilke escribió al escritor Franz Xaver Kappus.

En esas cartas el escritor mayor le dice al joven que la necesidad de escribir se encuentra en el deseo, el verdadero deseo de querer hacerlo. Se encuentra en una reflexión interior y en la cotidianidad de cada uno, aunque ésta en muchos casos no parezca interesante. Los textos sobre los grandes temas ya están hechos, hay que mirar a nuestro alrededor y saber que aunque no quedan cosas por decir, hay que decirlas.

En la carta número VI escribe lo siguiente:

"Lo que se necesita, sin embargo, es sólo esto: soledad, gran soledad interior. Entrar en sí y no encontrarse con nadie durante horas y horas, eso es lo que se debe poder alcanzar. Estar solo, como se estaba solo de niño, cuando los mayores andaban por ahí, enredados con cosas que parecían importantes y grandes, porque los mayores parecían tan ocupados y porque no se entendía nada de lo que hacían".

Estando lejos se vive otra infancia, ves a la gente ocupada, cansada, quizá estresada... consumidos precisamente por la cotidianidad, por la monotonía de los días, pero como tú no entras en ese juego, vuelves a la infancia donde hay muchas cosas que te sorprenden, desde la forma de un edificio hasta el cambio de color de las hojas en los árboles, los nuevos sabores, colores, las nuevas formas de mirar. Una infancia solitaria.

Y entre todo eso, hay que dominar a la soledad, a la verdadera. Decir no a la soledad moderna que tanto nos cuesta dejar. Son las recomendaciones que Rilke hizo años atrás, tampoco hay que hacerles caso. Tampoco hay que escribir si no se quiere. Tampoco hay que levantar la mirada si quieres caminar con los ojos cerrados. La inspiración no existe.

¿Qué haces en esta ciudad donde eres pobre y desconocido?

Ha llegado el tiempo en el que se me dificulta decir todo, cada palabra tiene que estar bien pensada, ya no tengo ninguna justificación para decir un derroche de tonterías y armar varios soliloquios insoportables.

No tengo la justificación para decirlos pero sí para escribirlos, desde el 2007 los escribo aquí, no hay otro lugar.

Son tiempos muy locos, raros, nostálgicos, inesperados, sorprendentes y hermosos los que veo aquí, aunque siga como hace cinco años sin saber exactamente cuáles son mis deseos, si de verdad me interesa el periodismo, la fotografía, la poesía, los cuentos...

Encontré unos textos que escribí cuando tenía 10 años, estaban hechos con lápiz pero aún son legibles, me pareció muy cómico que las hojas fueran rosas y en forma de corazón, me acuerdo que ese cuaderno lo compré junto con mis hermanas, cuando estaba de moda escribir diarios. Y así todas contábamos lo que nos pasaba en las hojas de papel y luego escondíamos el cuaderno para que nadie se enterara de nada, porque los diarios son un secreto o bueno, antes eran un secreto. Ahora todos podemos escribir nuestros secretos más profundos para que sean leídos.

En el diario de infancia escribía cosas que en ese momento significaban algo para mí, en esas hojas que encontré escribí sobre unos cuestionarios que nos hacían aprender en la escuela, cincuenta preguntas con sus respuestas que tenía que memorizar para un examen. No sé por qué pero me encantaba hacer eso, memorizar las preguntas y luego hacer que uno de mis hermanos o papás o quien estuviera cerca me las preguntara para yo contestarlas todas. Creo que me gustaba memorizar sin pensar. Me acuerdo de una pregunta: ¿Qué es un archipiélago? es un conjunto de islas rodeado de agua.

Cuando contestaba eso me imaginaba un paraíso tropical, también imaginaba muchos barcos alrededor de las islas. Ahora sigo pensando en un paraíso tropical y seguro que en un momento de mi vida me mudaré a una isla.

Estoy en momento en el que tomo unas decisiones tan fácil y tan segura, sin nada de complicaciones y otras que pienso repetidas veces y que regreso a la adolescencia con crisis existenciales pronunciadas. También estoy en un momento en el que puedo reír fácilmente de todo, lo bueno y lo malo.

No es que no lea otra cosa más que a Roberto Bolaño últimamente (me la tengo que pasar leyendo libros de foto pero cuando intento tomar una foto parece que se borra de mi cabeza y de mis ojos todo lo que he leído),  me encontré un libro de sus poemas hace unas semanas en una biblioteca de Barcelona (amo las bibliotecas de Barcelona), el libro se llama "La Universidad desconocida", me senté y lo leí en dos visitas, en muchos de sus poemas precisamente habla de su estancia en Barcelona, de su soledad, de la falta de plata, de su tiempo para escribir, de la ciudad y fue una casualidad muy buena haber encontrado ese libro, del cual saqué unos fragmentos que me gustaron:

"Tal vez esta es la única forma de no tener miedo/instalarse en el miedo/como quien vive dentro de la lentitud"

"Aquel chileno prodigioso que tantas veces habló donde no debía, babeando su desesperada ignorancia del amor"

"¿Qué haces en esta ciudad donde eres pobre y desconocido?"

"De sillas, de atardeceres extra/ de pistolas que acarician nuestros mejores amigos/ está hecha la muerte"

Y después copié un poema completo en mi cuaderno y por si mi cuaderno se pierde lo escribo aquí:

"Suerte para quienes recibieron dones oscuros
y no fortuna                  los he visto despertarse
a las orillas del mar y encender un cigarrillo
como sólo pueden hacerlo quienes esperan
bromas y pequeñas caricias           Suerte
para estos proletarios nómadas
que lo dan todo con amor"

Este poema está en la página 109 del libro, quizá quiere decir que en 109 segundos, horas, meses, años seré una proletaria nómada o eso soy, me gusta ser una proletaria nómada que con el paso del tiempo le da más importancia a dar todo con amor, entendida esta frase más allá de la cursilería.

Escribo esto una mañana muy nublada en Barcelona en la que vine a la misma biblioteca en la que encontré el libro, pensando en sentarme a seguir escribiendo la tesis, pero mejor abrí esto, mi diario virtual desde hace años y me preparé a hacer un derroche de pensamientos inconexos. Qué importa, ya con la presión encima no hay escapatoria.

Todos lo hemos pensado algunas veces ¿no?, ese pensamiento de que nuestra vida se puede acabar en cualquier instante, pero bueno, no tenemos tampoco mucho tiempo para instalarnos en eso porque tenemos que trabajar, tenemos que sobrevivir todos los días, tenemos que superar el tedio de los días cotidianos, la oscuridad de los días tristes y la felicidad de los días luminosos. Tenemos tanto por hacer.

Al lado de mí, hay una chica que está estudiando sobre las partes del corazón, lo sé porque he visto un dibujo en el que ella va marcando nombres y un libro de anatomía que no deja de mirar, pero también no deja de estornudar, lo que me está costando mi ultraconcentración para escribir todo esto, no solo por el ruido de cada estornudo sino por el miedo del contagio pero como dijo Bolaño hay que instalarse en el miedo para superarlo (risas).  La gente estudia cosas importantes, la anatomía, la historia del corazón humano, en un futuro quizá esa chica que ahora estudia a pesar de un resfriado mortal, pueda salvar la vida de miles de personas. Yo puedo salvar la vida de la gente con autoreflexiones desquiciadas, bueno, yo no puedo salvar a nadie.

Aquí se escucha mucho la palabra "crisis" en México no se escucha tanto como se ve, aquí se escuchan muchas palabras pero que tienen diferente significado... se escucha mucho la palabra "euros", se escucha mucho la palabra "joder".

Yo me defino como una proletaria nómada que se instala en el miedo, babeando en mi desesperada ignorancia en una ciudad en la que vamos todos tratando de encontrar cada uno nuestro don más oscuro.








Aquí todo madura y se descompone con facilidad.

Soy el narrador. El que dicta esta historia simplemente, sé de los pensamientos y de las ideas de otras personas. Sé la historia de esa persona y de aquella otra.
Sé lo que les pasa y lo que ven.

Ella, una fanática de todo y de nada, le gusta saber de muchas cosas, su imaginación le impide estar acorde con la realidad, la imaginación o la pereza, no lo sé muy bien. Sé que le gusta el arte, su pintor favorito René Magritte. Le gusta la literatura, no tiene ningún escritor favorito pero le gusta Raymond Carver, Paul Auster y recientemente lee a Virginia Woolf. Su futuro no es muy claro pero tampoco su presente, su mente está un poco estancada. La veo pasar y sé de ella, de sus pensamientos y su vida porque yo soy un narrador. Tiene un trabajo que no le gusta mucho, de hecho tiene dos trabajos que aunque no los aborrece, tampoco está conforme, ella no está conforme con nada. Le falta algo de motivación o quizá simplemente arriesgarse más. Le gusta escribir pero no lo hace muy seguido, piensa mucho en ello, en las historias que le gustaría escribir en qué decir y cuándo, pero como les decía para ella es difícil notar que un pensamiento no es la realidad tangible y concreta. Por lo que a veces le basta el pensamiento, lo cual le ha traído algunos conflictos existenciales internos con los que batalla algunas veces. Hace varios meses que no escribe un relato y un día de navidad, después de ver demasiadas películas decide sentarse y tratar de escribir en el ordenador. Piensa en muchos temas: en barcos, en escribir alguna historia que tenga que ver con la formación de los planetas, con el clima, con el caos del mundo y hasta en escribir sobre las compras de pánico.
Decidió escribir sobre el tema que menos podría interesarle al mundo (al mundo de los lectores, las editoriales y en general al: mundo), así que se dispuso a escribir un relato sobre sí misma. Un relato de su vida. Hace algún tiempo concluyó con algunas etapas en su vida, se gradúo y terminó una relación. Le daba mucha pena escribir algo sobre su vida, pero a fin de cuentas lo intentó. Escribió sobre ella y sobre ellos (personas que estaban a su alrededor), lo siguiente:

En una tarde de mayo, Teresa portaba un vestido verde y unas mallas cafés, no se había dado cuenta que para esa tarde primaveral había escogido un vestuario similar al de un árbol. Tenía trabajo, mucho trabajo en un festival de cine, se encargaba de organizar unas conferencias sobre un famoso cineasta ruso llamado Andrei Tarvkovsky. En el mundo hay muchas personas que dedican su tiempo a realizar análisis sobre cosas realmente innecesarias, por ejemplo: análisis sobre las películas de este señor. Sin embargo, ella pensaba que había varios seguidores de aquel director y que sería bueno reunir a esa gente para que hablaran de sus aficiones y un tanto de los fetiches que tenían.
Esas conferencias absorbían su tiempo y sólo quería que quedaran perfectas ya que si lo lograba obtendría un puesto en las oficinas de la Cineteca Nacional. Uno de sus pasatiempos preferidos era sin duda ver películas, el cine llenaba un espacio de su vida por lo que deseaba trabajar en la cineteca.
Se encontraba en un momento conflictivo con un chico con el que había salido algunos años. La vida se encargó de terminar con lo que había que terminar, aun así quedaron algunas secuelas que el paso del tiempo poco a poco fue curando. A ella todavía le parece increíble el haber podido dejar de establecer contacto con él, aunque le parecía, faltaba más determinación de su parte.
Pasó su etapa de prueba y finalmente no consiguió el trabajo en la cineteca, siguió con una vida un poco más solitaria y dos trabajos que a pesar de que no eran los que quería le ayudaron a sostenerse un poco y a comprar cosas que le hacían falta.
Transcurrían los días, ella trabajaba y pensaba mucho en su futuro, por un largo tiempo se perdió de su presente precisamente estando atrapada en los pensamientos sobre su futuro. Se estancó en el tiempo. En el verano fue cautivada por un estudiante de cinematografía, salieron un par de veces y conversaron un par de veces también, eso fue suficiente para que ella pusiera demasiada atención en él. A veces solía ser muy fácil de cautivar. No sabía si esa especial atención era su manera de distraerse de sus verdaderas responsabilidades como la de titularse o la de olvidar o la de conseguir un nuevo trabajo.
Se estancó en el tiempo pensando en alguien a quien no veía y a quien no conocía del todo bien como para decir que estaba enamorada (además decir que uno está enamorado es como decir que se tiene diarrea en una junta laboral a la que no se pudo llegar, es mejor guardárselo y decir que se tuvo un contratiempo). Todo era un poco confuso.
Esa autosuspensión del tiempo pasó del verano al invierno hasta que en una película escuchó la siguiente frase: "las personas (hombres o mujeres) se olvidan convirtiéndolas en literatura". Como si esa frase fuera la llave de la puerta del olvido, Teresa estaba dispuesta a escribir un relato sobre ese chico que le hizo de la manera más absurda suspender el tiempo -sabía que quizá lo que escribiría no resultaría ser literatura, pero esos balbuceos le podrían ayudar en algo- y el resultado fue el siguiente:

Llegada la noche, Esteban tomaba una taza de café en la sala de su casa, con la luz apagada y sólo iluminado por una tenue lámpara, pensaba en la muerte y sus implicaciones. El día anterior había visto un documental sobre la muerte de los pingüinos, los cuales eran suicidas y la película "El séptimo sello" en donde la muerte y el ser humano se enfrentan a un duelo de ajedrez. Pensaba en la defunción, particularmente en el día de su descenso, en cómo sería, en dónde a qué día y a qué hora, sería en un hospital, en la calle, en otro país, con su familia o solitario.
En la oscuridad y con esa taza de café pensaba en todas los detalles de su propia muerte, se imaginó la caja en donde estaría y en cómo sería su funeral (si es que tendría uno), quiénes irían, quiénes llorarían, quienes no. Imaginaba a aquella niña a la que obsequió el cadáver de una mariposa el día que se encontraron en el jardín japonés. La imaginaba llegando al funeral con una caja de galletas, la misma que le había regalado cuando iban en sexto de primaria. Llegaría aun siendo una niña a pesar de los años. Pensaba en ella y en sus amigos de la infancia también, esos que no ha vuelto ver desde entonces.
Pasó algunas horas imaginando los detalles de su muerte, pero lo que realmente hacía que le diera más vueltas al asunto fue la realidad, la realidad de saber que nada de lo que imaginaba pasaría, -los seres humanos solemos fantasear demasiado, por eso, la realidad puede ser un tremendo choque-. Sin embargo, la incertidumbre fue algo que le encantó siempre.
Fue la incertidumbre la que lo llevo a encerrarse dentro de sí, era un tipo un tanto solitario, hablaba poco y sólo cuando era necesario. Estaba consiente de que sus circunstancias de vida definían su personalidad, le gustaba reflexionar acerca de las cosas y situaciones que lo rodeaban. Su voz era muy baja, transmitía cierta tranquilidad a quien lo alcanzaba a escuchar. Las personas están acostumbradas a hablar con un tono alto, quieren llegar a los oídos de todos, si por ellos fuera gritarían todo el día. Él no.
Esteban se dedicaba a escribir guiones cinematográficos y a producirlos también, por las noches se sentaba un rato en su sillón favorito que estaba justo en medio de la sala, tomaba café veracruzano y se disponía a pensar por lapsos de tiempo a veces cortos, a veces largos. Tenía una obsesión por pensar en la muerte, le gustaba leer los poemas de Villaurrutia antes de ponerse a escribir. El guion que más había disfrutado hacer era sobre danza Butoh, ese tema llamaba su atención desde tiempo atrás por los fundamentos en los que se construye esta expresión del cuerpo: "la danza hacia la oscuridad" que pretende recobrar el cuerpo desde el vientre materno.
Elaboró una historia que quiso abordar a través de un cortometraje, construyó vestuarios que parecían el cielo muy nublado de alguna ciudad abandonada, dos bailarines profesionales estuvieron presentes con sus movimientos el día de la grabación. Gesticulaciones rígidas, la expresión facial en su máximo esplendor, el cuerpo cubierto de llagas despertando al movimiento lento, las sensaciones tomaban velocidad. Corte.
Después de grabar, su mirada se enfocó en aquella bailarina, su cuerpo tan delgado, su cara un poco demacrada, su cabello tan frágil, sus ojos tan fuertes. Quiso abrazarla pero temía que un sólo abrazo fuera a deshacerla. Tenía bailando Butoh ya casi treinta años, conocía la técnica, el poder de la danza hacia la oscuridad. Nadie como ella para transmitir con sus manos, piernas, vientre, rostro.
Esteban quedó impregnado, la pensaba todo el tiempo, quería volverla a ver. La llamó con el pretexto del cortometraje, le dijo que necesitaría hacerle otras tomas. Ella accedió y cuando estuvo en casa de Esteban los dos se sentaron en su sillón favorito y tomaron café. Platicaron un poco sobre sus vidas, la bailarina tenía cincuenta y tres años recién cumplidos, no tenía esposo ni hijos. Vivía sola en una casa muy grande que había heredado de sus padres, desde niña comenzó a interesarse en la danza, pero no fue sino hasta que viajó a Japón a la edad de 23 años cuando conoció el Butoh y se convirtió en su profesión.
Vivió tres años en ese país del cual siguió recordando los campos de cerezos como una imagen linda que la acompañaba todas las noches antes de irse a dormir. Le contó a Esteban que estaba enferma, le quedaban algunos meses de vida según su doctor particular, ella estaba lista para partir. Sentía nervios pero a la vez tranquilidad, era de esas personas que creían en el destino y en que existía un libro que ya estaba escrito y que ese libro regía su vida, el autor ya había escrito esa enfermedad y nadie la podía borrar.
Esteban no podía dejar de mirarla con afecto, a sus adentros pensó que estaba enamorado, que quería besarla pero que era demasiado pronto. Mientras ella hablaba, él se detuvo en la muerte de nuevo. Él, que siempre se intrigaba en las formas de morir, en pensar en su muerte y en lo mucho que le angustiaba no conocer su futuro, se sorprendió al escuchar a una persona que ya tenía bien claro el lecho de su muerte, el médico le contó uno a uno los días y casi tenía una fecha clara en la que dejaría de existir.
Esteban quería que su muerte tuviera fecha también, quería saber el día preciso de la partida de su bailarina de Butoh. En su adolescencia a Esteban lo acompañó muchas veces una canción de The Smiths llamada "There is a light that never goes out" en la que una frase tenía especial atención en él: “to die by your side is such a heavenly way to die”. Siempre se preguntaba si en realidad alguna vez podría decir esa frase a alguien con toda seguridad, ¿algún día sentiría placer y privilegio de morir al lado de alguna persona?
Como Esteban ocupaba bastante tiempo pensando en su muerte, quiso planearla igual que unos novios recién comprometidos planean su banquete de bodas.
Para esto, necesitaba la ayuda de una sola persona, la bailarina de Butoh.
El tiempo pasó y se fueron conociendo mejor, entre los dos formularon ideas para que el cortometraje quedara mejor, a ella le gustaban tanto las imágenes, su vestuario, sus gestos, quedó satisfecha.
Comenzaban a tenerse confianza, la suficiente para que ella le revelara a Esteban la fecha tentativa de su muerte: 23 de mayo.
Era verano, los dos subieron al auto rumbo al bosque, llegaron a ese lugar recóndito y lleno de árboles, se sentaron a comer panecillos y a beber un poco de vino tinto. A sus 53 años y él a sus 24 sabían perfectamente cómo unir sus labios, cómo acariciar sus cuellos, cómo sujetarse de las manos. Después de comer pasaron la tarde localizando a un árbol que fuera lo suficientemente amorfo para que se convirtiera en su favorito.
Esteban creía que los seres humanos tenían una idea muy simple de lo que era la belleza, sus cánones estéticos le parecían de cierta manera vulgares. Él sabía que era la naturaleza la que tenía la belleza que buscaba, ahí nada era perfecto. Las ramas de los árboles, por ejemplo, no eran nunca iguales, ni estaban parejas ni seguían un sólo camino, eran un sin fin de posibilidades en cuanto a formas, eran un sinfín de posibilidades en cuanto a colores, olores, dimensiones. Para él la belleza era ese cúmulo de posibilidades, esa enredadera sin fin.
Al encontrar el árbol, los dos le hicieron un hueco en donde susurraron su más grande secreto, algo que sólo confesarían a aquel tronco café lleno de hojas verdes. Al terminar de susurrar taparon el hoyo. A los dos les daba tanta curiosidad saber qué habían dicho a ese árbol frondoso pero ninguno dijo nada.
Era de noche, se fueron al auto de nuevo y llegaron a la carretera, la neblina cubría el camino, con la canción de The smiths a todo volumen, cerraron los ojos apretando fuertemente los párpados y sin soltarse las manos, se dejaron caer a un barranco lleno de hermosas rocas de diferentes tonalidades.
Teresa puso fin a su relato, mató a sus dos personajes de la manera más obvia, los mató en un auto. Imaginó la caída al barranco con un soundtrack de fondo, lo imaginó en cámara lenta como si estuviera viendo una película en el cine. Después, se dio cuenta de que esa hipótesis sobre escribir de alguien a quien quieres olvidar para olvidarlo de verdad era totalmente errónea porque le surgieron ganas de escribir más y más acerca de la vida de esa persona que la suspendió en el tiempo. Escribió y escribió en una libreta de pasta color púrpura hasta llenarla, sólo ella leyó los relatos y lo hizo una y otra vez hasta llegar al punto de quemar la libreta en la fogata que hicieron sus primos en una noche de campamento. La lectura de la libreta púrpura se había vuelto una obsesión.
No supo qué más decir sobre Teresa, sabía que contar detalles de su vida no le traería nada bueno, además siempre que escribía pensaba que estaba prediciendo el futuro, le daba miedo diagnosticar enfermedades en sus personajes, que fueran suicidas en potencia, que murieran sus amigos, su familia. Pero tampoco le gustaba escribir acerca de la felicidad, le parecía un tema que no era digno de contarse, tal vez sólo de vivirse si es que era posible.
Yo como narrador he podido observarla y ver cuál es su proceso creativo a la hora de escribir y sé que se pone muy nerviosa y que muchas cosas la distraen, siempre tiene la necesidad de beber un vaso con agua cuando está a punto de culminar una idea y tiene que caminar o moverse un rato para luego sentarse y concluirla. No sé si con esa inconstancia llegue lejos. Necesita más lecturas y un tiempo más largo para escribir.
Uno de sus amigos le obsequió algunas películas que ella disfrutó mucho ver, en especial una llamada “Memorias del subdesarrollo” de Tomás Gutiérrez Alea, esta película es cubana y fue hecha en 1968, está basada en una novela del mismo nombre escrita en el año de 1965 por un escritor cubano llamado Edmundo Desnoes en donde nos cuenta la vida de un burgués que trata de adaptarse a los cambios que trae consigo la Revolución. Ella no leyó la novela sólo ha visto la película y notó que el personaje principal refleja a esas personas que llevan una revolución interior constante, esas personas suelen ser muy observadoras y a través de sus ojos podemos ver los cambios en Cuba, su gente y lo que proyectan.
El personaje principal se la pasa observando y dando sus opiniones sobre lo que ve, nos describe qué es y qué significa el subdesarrollo. Habla de algunas características con las que convive la gente que vive en un país subdesarrollado como él, habla hasta del subdesarrollo de sus sentimientos, habla sobre la incapacidad de relacionar las cosas, para acumular experiencia y desarrollarse. Ella tenía muy claras muchas frases de la película. El protagonista era un ser un poco apático que veía con cinismo y un cierto despotismo a sus paisanos y las personas que gestaban la Revolución, sobre todo se burlaba de la gente de su misma clase, los burgueses que eran como marionetas en un país en donde el socialismo estaba a punto de tomar sus propias riendas. El protagonista creía que todos eran unos ilusos y que no había nada ni nadie que pudiera transformar en otra cosa el subdesarrollo de su país.
Al ver la película ella quedó enamorada del personaje principal, su actitud tan aparentemente indiferente, su apatía, su reflexión tan ácida pero de cierta manera tan verdadera acerca de la situación social. Todo eso y uno de sus tantos amores imposibles por ser un ente de la ficción. Esa película desarrolló varias reflexiones en su interior porque a la vez estaba leyendo “El extranjero” de Albert Camus en donde el protagonista era tan parecido al de la película. Como si alguien se hubiera encargado de extirparles las emociones e inyectado sustancias de resignación. Ella se preguntaba si alguna vez podría llegar a ser como ellos a dejarse llevar con resignación pero con muchos cuestionamientos en su interior. Dejándose que la vida le vaya pisando los pies. Así como Cuba, su país México, seguía en el subdesarrollo por eso se identificó con muchos conceptos y observaciones del filme.
Una de las frases de esa película que más se quedó en su cabeza fue en la que se menciona que las personas en subdesarrollo son incapaces de sostener un sentimiento. Se cuestionó sobre si ella sí era capaz de sostener un sentimiento y sobre cómo era o qué era sostener un sentimiento. Se dio cuenta de que los sentimientos le dan miedo al igual que muchos, se dio cuenta de que su cerebro estaba en subdesarrollo.
Yo como narrador, la observé y escribí sobre ella porque estaba muy aburrido mirando el cielo, me sabía de memoria las formas de las nubes, mi imaginación estaba en su apogeo pero a la vez muy trabada, como si alguien la tuviera amarrada a un árbol, quizá al mismo tronco al que Esteban y la bailarina le contaron su secreto.
Su vida me dejó todavía más aburrido, ser un narrador tiene su precio, uno también se acompleja contando las historias de otros pero hay que renovarse y pensar en el próximo relato a narrar ya que aquí en esto que llamamos mundo, todo madura y se descompone con facilidad.



Hoy hace frío en la ciudad.

Si existe la concentración, nunca ha estado en mí. Mi mente: un incendio que dura más de mil años, uno que no sólo el agua pone fin. Es como una habitación desordenada en donde se pierden los calcetines. En ese mismo desorden pienso en el desayuno, en la música, en la escritura, en mi vestimenta, en las computadoras, en los chocolates, en los libros de ilustraciones, en mi cámara de fotos... Cada persona tiene su propia estrategia, su propia manera de pensar, yo por ejemplo, me he detenido a pensar en que todos alguna vez hemos puesto una especial atención a nuestros sueños. Yo estoy en esa etapa. No sé nada científico acerca de los sueños, más que son un reflejo del subconsciente.
En la preparatoria llevaba clases de Psicología clínica en donde nos explicaron que el subconsciente está por debajo de la conciencia y que después se suprimió ese término y ahora es el equivalente al inconsciente... algo así, no me acuerdo mucho y no soy muy fan de Freud. El asunto es que los sueños son parte de la vida y de la realidad a fin de cuentas, en ellos puedes encontrar personas que conoces, gente que nunca has visto y puedes hacer lo que haces siempre o simplemente hacer lo que no harás nunca: Como viajar en el avión privado de Woody Allen comiendo una sopa de fideos rumbo a Cuba, o saltar por los techos,o estar en un teatro lleno a punto de tocar una flauta transversal que de pronto se convierte en una flauta de madera del mercado y luego en una pluma.
Sueños peculiarmente raros he tenido los últimos días. Gente que hace mucho que no veo se aparece. La gente cambia sus rostros, de estar viejos pasan a ser jóvenes, de ser alguien pasan a ser otros.
Hace unas semanas tuve un sueño en el que caminaba por la calle que acostumbro a transitar diariamente, iba caminando con dos buenas amigas, conversábamos y de repente se aparece una persona a la cual veo y sólo digo adiós y aún siendo eso un sueño tuve la sensación de regresarme y hablar con esa persona, pero algo me detuvo y seguí caminando, dentro de mi sueño comprendí que existen momentos que ya no podemos traer de vuelta. La vida, una constante renovación. La vida es un parpadeo y ahí están los sueños siempre.
Hace unos días soñé que estaba a la orilla del mar,descalza y dando vueltas, mi mamá estaba conmigo y ella buscaba conchitas. Un paisaje bastante hermoso, justo cuando estaba a punto de meterme al mar, desperté. Así son los sueños terminan en el momento cúspide todos por igual desde las pesadillas hasta los sueños más maravillosos. La vida tiene la ventaja de que las cosas buenas continúen, que lo que nos gusta, las acciones, los momentos, la música y todo lo que nos pone contentos continúe. Aunque en la vida al igual que en los sueños existen los finales. Y de los finales debemos aprender, aprender cosas o más bien los finales nos enseñan a despedirnos, puede ser.
Los finales llevan consigo siempre un comienzo. He tenido un sueño recurrente en el que voy en un automóvil de copiloto y cuando damos vuelta nos metenemos a un callejón lleno de escaleras, sin embargo, el automóvil puede pasar por ese camino lleno de obstáculos y pienso que esto lo sueño porque me pongo algo nerviosa en los autos y porque viví en varios callejones de Gto. Los sueños y la vida y la vida y los sueños y las canciones que hablan de los sueños y las películas que tratan sobre los sueños y las personas que te cuentan un sueño.
Faltan 3 días para que cumpla 23 años, esto lo escribo aún de 22 y si me pusiera a pensar los sueños que tuve el año pasado y los comparo con este, sería una genio de la memoria pero como no lo soy, en vez de sueños comparto recuerdos. Tengo un acetato de Daniel Johnston que un amigo (que fue especial en mi vida) me regaló en mi pasado cumpleaños. Aún no lo he escuchado porque no he enontrado un reproductor de acetatos en donde hacerlo y ya pasó un año. Los días que se escurren como agua. El tiempo y la música y los recuerdos y los sueños que sólo durán unos minutos antes de despetar y que parece que son más largos.
Aquí seguimos con cólicos terribles y esto que le llaman vida.

Porque el mundo es el mundo y no escribe historias que terminen en amor.

Me pregunto cúando llegará el día en el que escriba algo verdaderamente interesante. Quizá nunca, quizá mañana.

Soñé una vez más
un hombre acompañándome
a buscar mi bicicleta
que tenía una llanta sin aire
hablaba y sonreía mucho
sonreíamos mucho

Luego yo en una escuela
compañeros que no nos hablamos
todo es un lío
los sueños y las aves muertas
que veo muchas veces en las calles.

Lo de la bicicleta es un sueño y lo de las aves es real.

A todas mis despedidas, un armisticio.

Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: Se alquila paraíso en ruinas.
Juan José Arreola.

A todas mis despedidas a las que ya hice, a las que ya olvidé y también a las que he hecho pero no he olvidado. Para todas mis despedidas va este texto de Arreola.

De eso que no me separo.




Sigo pensando en la lejanía, en el mar. En la lejanía y en la cara que pondré cuando vea por primera vez nevar. Aún no sé dónde ni cuándo.
La incertidumbre, lo que está casi siempre tan cerca de mí.

No sé cuántos barcos de papel he hecho en mi vida.




Eran las cinco de la tarde, faltaba una hora para que se escondiera el sol. Ahí estaba yo a punto de zarpar. Leven anclas, escuché a lo lejos. Navegué por ese gran muro azul que es el mar. Pasé varios días en ese barco que se convirtió en mi hogar. Conocí a una sola persona estando allí, un hombre alto de cabello blanco. Él y yo vivimos juntos, me contó la historia de los barcos: el hombre construyó elementos para flotar en el agua, usaba los troncos de los árboles, de repente inventó los remos. El hombre aprendió a moverse sobre el agua. Ahí estábamos nosotros en un barco en el que a veces remábamos y algunas otras lo movía el viento. No había límites. Llegó la noche él y yo nos tomamos de la mano, viajamos inmóviles.

De las cosas que no se tienen que decir.

Un breve soundtrack. De las canciones que más me han gustado de un tiempo para acá, de las que puedo escuchar una y otra vez. La música que me ha seguido este año. Diez de mis canciones favoritas, sólo por perder el tiempo y no hacer lo que realmente debo hacer. Pero me da curiosidad la idea de ver esto después de 10 años y ver cómo las cosas han cambiando totalmente o cómo algunas permanecen.


Do you realize



I break horses


Sometimes


I have know love


Falling Down


Story of an Artist


Runaway


In dreams


Purple Bottle


Absolute Beginners

Son sólo algunas faltan muchas más. Imagino la vida sin canciones, sonidos combinados que nos mueven la cabeza. Ese imaginar me es indigno. Todas estas canciones me gustan, las podría escuchar una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez.
Existen otras dos canciones en especial que me traen muchos recuerdos y que me gustan de manera exagerada:


The seasons reverse



Infection.
Thinking Fellers Union Local 282

Odio deberían de tener los pájaros cuando les cortan los árboles con sus nidos dentro.




Esto no es una declaración de odio, tampoco es algo que valga la pena leer.
Es simplemente algo que escribo en este sitio postadolescente visceral.
Si esto fuera una declaración de odio no colgaría esta imagen. Porque en ella está lo que quiero: viajar.
Mi único objetivo, lo que más busco y me gusta.
Un viaje lejos. A lo más lejos que se puede ir: el espacio. Ver de cerca lo que son las estrellas y darme cuenta de que nuestra percepción del mundo en la tierra está equivocada. Subirme a la nave espacial y recortar papeles para hacer collages. Llevar unas buenas tijeras y un resistol de barrita.
Esto no es una declaración de odio porque si así lo fuera no colgaría esta imagen.
Pondría el dibujo de un perro con rabia, así de fácil de connotar, sin complicaciones semánticas ni nada.
Esta imagen es sólo para recordarme que tengo que viajar. Que las ojeras aumentarán si me quedo en el mismo lugar.
Es para recordarme que tengo que terminar lo que he empezado. Es para recordarme que tengo que comprar un casco para salir en bicicleta. No me gustaría partirme el cráneo.
Deberían de inventar un casco que haga a la gente viajar. Seguro en el año 2046 alguien lo inventará. Las aerolíneas pasarán de moda y ahí estaré yo comprando vuelos económicos que me lleven a recorrer la tierra. Ahí estaré yo, viajaré sola.
No necesitaré de nadie en los viajes, estaré sola. Ignoraré a los paseantes. A la gente que se asusta con muy poco. A la gente que ilusiona para sentirse bien sólo por un momento. Olvidaré a toda la gente que tiene ilusiones porque eso es para la gente que tiene tibia el alma. En mis viajes no habrá gente con alma. Iré sola. Tendré conmigo la música. Mis ojos. No necesitaré más. Viajaré sola. No necesitaré ningún arma ni a nadie. No necesitaré ni siquiera un cortauñas.
No necesitaré de un taxi. Yo me moveré sola. No necesitaré de alguien estratega.
Solo estaré yo y la ciencia de las soluciones imaginarias por si necesito encontrar una solución a algo. Así de simple.
Esto no es una declaración de odio, esta imagen no es de odio. Es para viajar. Es también para olvidar lo que se quiere olvidar. Porque la memoria es sabia y algunas veces sabe seleccionar aquello con lo que se quiere quedar.
Porque el sistema nervioso de estar tantas veces en lo mismo se atrofia. Porque hay personas que no pueden permanecer.
Saber elegir.
Saber elegir el lugar a donde quiero viajar.
Saber elegir el no llevar maletas.
Saber elegir mi propia compañía.
Saber elegir las palabras.
Llegar a la impertinencia. Saber parar. Detenerlo todo en el momento justo.
Frenar con palabras a aquello que puede acercarse más y destruirte.
Que las palabras ayuden a frenar el tren cuando estás amarrado a las vías.
Esto entonces, no es una declaración de odio.

Sólo en mi funeral portaré el vestido más escotado que haya existido nunca, uno que combine con mi piel morada y fría.


Si puediera llevarme a la tumba a todos los rostros que me he topado esta noche, la noche anterior y los rostros de varios años viejos, no lo haría. No lo haría. Preferiría escaldarme la lengua yo sola. Preferiría un autocastigo. Comer piña y escaldarme la lengua antes de llevarme a la tumba cientos de imágenes de desconocidos repugnantes. Porque sería una fiesta de monstruos a la que prefiero no estar invitada. Ser la anfitriona que no está invitada. Ofrecer un banquete sin estar presente, sin ser invitada, sin ser coleccionista de armas.
Ahorré toda la noche, así toda la noche guardando las ganancias que no han llegado. La finalidad de mis ahorros van hacia la compra de un patíbulo.
Un patíbulo en donde meteré a las moscas que me despierten por las tardes. A los perros que me persigan en el bosque. A las plantas que no cumplan su deber.
Si pudiera llevarme a la tumba unos pocos recuerdos, no me llevaría éste. Abandonaría esta noche en la que escribo sin razón alguna, abandonaría a todas esas melodías lentas que inventan los que tienen el entrecejo fruncido, la cara larga, la boca chica y la voz lenta. Sin duda no me llevaría esto a la tumba.
Allá abajo adornaría mi estancia con lucecitas de navidad y evitaría a los darketos y a las personas que piensan que son vampiros y a las personas que piensan que dar abrazos a desconocidos reconforta el espíritu. A ellos, les escupiría con todas mis fuerzas.Juntaría toda la saliva que he producido desde que salí del vientre de mi madre hasta ahora para aventársela y mojarlos. Les escupiría todos mis líquidos hasta casi quedarme seca. Y eso lo traduciré como un acto para mostrar que puedo tener mucha repulsión. Mucha.
La imagen de un ave cayendo después de que algún gordo calvo con dientes de oro le haya disparado, no me parece bella. Sin embargo parece ser un asunto cotidiano el debatir que imágenes son bellas ante mis ojos. Y aquí tengo una:

(Léase con tono lento, con matices de voz, con un cuarto lleno de arcilla)

Un calvo cae
no el calvo, o la
ésta es sencilla
anónima desde el vientre.

Acaso se desploma, se sumerge se hace bomba
pero concordamos en que un descenso se está dando.

Si yo digo que un calvo cae
lo digo sencillo
pero con la mayor aspiración.
De que cuiden su cuero cabelludo,
No intercambiar dientes por cabellos.

Si la muerte llega a a mi puerta
la recibiré con un ligero asentamiento
que además de sentir el viaje en balde
querrá cambiarme sus dientes y huesos viejos y rotos
por los tres cabellos que me quedan.

Un calvo cae, ahí voy inescrutable.

La vida me parece innecesaria cuando son las tres de la mañana. La gente se dedica a dormir y a vivir los sueños. En los sueños aparece de nuevo la fiesta de monstruos, toda su vida me parece aburrida. La vida de los objetos caros que habitan en los sueños.
Me daría asco decir que todo lo escrito aquí, ahora, no tiene ningún sentido.
15.16 enero de 2011. Muero de asco.

The ghosts that sell memories.


Tengo recuerdos acumulados como un costal lleno de zapatos viejos. Estamos en los últimos días del año y no he hecho ninguna lista como muchos lo hacen, ninguna lista de libros, discos, canciones del 2010.
Pero tengo una lista de recuerdos, la misma lista que olvidé.
La que no voy a apuntar.
El libro de la memoria que se queda conmigo. El que no comparto ni quiero decir. Yo misma he tratado de clasificar los recuadros que veo diferente. Lo daltónica que soy.
Los años acumulados en mi mente.
Las coincidencias también las lecturas. "La invención de la soledad" de Paul Auster, justo cuando tengo en frente de mí, la noticia de la muerte de un padre. Un montón de lágrimas. Un montón de miedo imaginándome. Y las lecturas coinciden.
Después el libro de la memoria con sus recuerdos de infancia. Todos. Y los míos. Todos.
Tengo una lista que hacer con mis recuerdos de infancia. Con los sueños de la niña que fui. Porque así permanece la vida.
Me gusta que mis amigos me digan sus recuerdos de infancia, cada quien descubre el mundo de forma distinta.
Me voy a inventar más recuerdos que nadie y luego recordaré que todo esto que escribí yo lo inventé y me da risa y asco a la vez.
Este año almacenaré mis recuerdos, los tendré bien guardados. Las circunstancias chuecas fueron varias. Mi mente disparada. Mi mente retorcida y todas las malas decisiones. Mi mente retorcida y todas las buenas decisiones.
Todo lo que pude decir y lo que dije.
Todo está apuntado con tinta invisible. Con la misma tinta que comen los fantasmas.
Digo sin decir nada.

Hasta que vea un cerdo volar.



En el cielo hay un cerdo que nos mira. Que nos esconde y nos busca.
En el cielo hay un cerdo del color de nuestra carne.

Se alimenta de las nubes y de los pensamientos de los imbéciles.
En el cielo hay un cerdo con los ojos cerrados, hay un cerdo enamorado.
Escucha canciones noise.
En el cielo hay un cerdo que se dedica a hacer noise.
Sólo en una parte del cielo vive y vuela, sólo en los edificios legendarios.
Me asomé por la ventana, el cerdo se comió los últimos cabellos que te quedaban.
Tomó tus dientes prestados y de pasó te mordió las costillas.

En el cielo hay un cerdo que se parece a nosotros.

Uno no debe mostrar jamás la cólera o el odio sino con los actos.

“Dejar entrever cólera u odio en gestos o palabras es inútil, es peligroso, es necio, es ridículo, es vulgar. Uno no debe mostrar jamás la cólera o el odio sino con los actos.” — Arthur Schopenhauer

Era una tarde vacía y tranquila en la que Adela esperaba sentada en un parque al señor que vendía marihuana. Había tenido una semana de trabajo intenso, buscaba relajarse. Fumar mota y ver una película en su cuarto era una buena opción.
Adela vivía con sus padres, en un modesto departamento de la delegación Tlalpan. Por las mañanas asistía a la Universidad en donde estudiaba para ser escenógrafa y en las tardes trabajaba con un pequeño grupo de teatro que montaba una obra diferente cada mes.
Sus expectativas académicas y profesionales no eran altas, simplemente quería encontrar una posibilidad de sobrevivencia haciendo lo que le gustaba. Era fan del cine negro y pertenecía a asociaciones que protegían a los animales en peligro de extinción. Odiaba la poesía y escuchaba fervientemente música hecha con sintetizadores y objetos extraños.
No se involucraba nunca en la política pero de vez en cuando leía los periódicos, veía las noticias y escribía sobre ello. Esa tarde ella esperaba al señor que vendía marihuana. Una semana de trabajo intenso. Quería relajarse.
Adela, una chica de baja estatura, de piel morena, ojos grandes y pies planos.
Su padre, Arturo. Él fabricaba pieles sintéticas para hacer zapatos.
Su madre, Antonia. Ella era pintora.
Su hermano Mario. Él estudió leyes.
Su pequeña hermana. Ella disfrutaba el andar en bicicleta.
Esperaba al señor que le vendería marihuana. Esperaba sentada, leyendo un periódico de nota roja. El encabezado hablaba de un cubano que fue encontrado a la vuelta de su casa, muerto. Ella lo conocía, a él y a su esposa. El artículo del periódico describía la forma en que murió ese hombre. Su esposa, una mujer mexicana de 32 años se había casado con él, tenían apenas dos años de matrimonio. Se habían conocido en la isla, ella visitaba Cuba con fines recreativos y de entretenimiento. Una mujer en busca de hombre y con veintiséis dólares en la cartera. Siempre a la expectativa, siempre esperando una señal.
Pablo. Él era cuatro años menor que ella, trabajaba de taxista y asistía a una escuela nocturna donde estudiaba Cine. Se conocieron precisamente en el taxi. Fátima, respondió ella cuando Pablo le preguntó su nombre. La estancia que Fátima tenía prevista en Cuba era de dos meses y medio. En ese tiempo Pablo se convirtió en su chófer oficial. La llevaba a cualquier lugar que ella quisiera y la recogía de cualquier lugar en donde estuviera. Pasaron algunos días y él la invitó a salir al bar más concurrido del lugar. Ella aceptó. Pasaron la noche sin poder conversar, la música se escuchaba tan fuerte que apenas y pudieron conversar. Sólo se miraban y sonreían. Esa noche hicieron el amor en el departamento de Pablo.
Los dos meses se cumplieron y Fátima se casó con Pablo para poder viajar los dos de regreso a México. Él consiguió un trabajo en una casa productora y continúo sus estudios de cine. Ella seguía trabajando en el despacho de arquitectura, profesión que había adquirido.
Vivían juntos cerca de la casa de Adela, la reconocían, la saludaban y de vez en cuando se encontraban los tres en un bar cercano a la colonia.
Una noche Pablo llegó a casa después del trabajo. Llegó dispuesto a darle una noticia importante a Fátima. Ésta preparaba mojitos en la cocina. He pensado que llego el momento de separarme de ti, dijo. Ella tiró las bebidas al suelo y le pidió que repitiera lo que había dicho. Pablo lo dijo de nuevo.
Fátima lloraba. Él subió al cuarto a hacer su maleta. Fátima lloraba y pensaba que sólo había sido el medio para que Pablo pudiera salir de la isla. Pensaba que era una extranjera más, víctima de los hombres cubanos que buscan escapar. Pensaba en sus amigas que le habían advertido de la situación. Pensaba en que ella no sería una víctima pero él sí. Pensó en matarlo y lo hizo.
Sacó la pistola que Pablo guardaba cerca del escritorio en el que cada noche se sentaba a juntar ideas para guiones cinematográficos. Cogió el arma y corrió a la habitación, ni siquiera quiso detenerse a mirar el rostro de su esposo, le disparó mientras él estaba de espaldas. Le dio en la cabeza y explotó, la sangre salpicó la pared. Pablo cayó en la cama. Las sábanas repletas de sangre, su ropa tirada en el suelo. Sus párpados secos. El rostro de Fátima mojado.

Adela esperaba a que llegara el señor que le vendería marihuana. Miraba la foto después del encabezado. Pablo entre las sábanas llenas de sangre con su rostro oculto, el rostro oculto la fina expresión de la muerte. Pablo cayó de frente.
Adela sintió un escalofrío al terminar de leer el periódico. Ya estaba ansiosa, se imaginaba lo bien que le caerían unas cuantas fumadas de hierba mientras la película de cine negro entonara los balazos, música cotidiana para sus oídos.

Aquí, con las hormonas.

Si de algo puedo estar segura es de que las notas de mi cuaderno están escritas con unas manos carcomidas además de fugitivas.
Pasan millones de minutos, litros de minutos, grados celcius de minutos, ríos de minutos, metros de minutos, cifras largas y decimales de minutos, porque el tiempo se mide en cualquier sistema, en cualquier reproductor de dvd. Escuchar que una ambulancia pasa afuera de casa no basta y el
pasear por el barrio con dolores coléricos no es buena opción. Pero si lo haces al lado de tu padre y con un helado en la mano disminuye la presión. Hoy fue la primera vez que pensé que eso de ser mujer a veces no es tan bueno, pero no soy una cobarde.
Hoy todo es hormonal, la comida también lo es, las lecturas también lo son, los objetos de mi vecino son hormonales, las corcholatas que algunas personas clavan en el piso son hormonales, la presión en los hombros de igual manera, el día de ayer fue todo hormonas.
El aprender a confiar y a desconfiar. Nominalización de un verbo en infinitivo, así de aburrido resulta ser nuestro día cero. Entonces presiento que mi sentido del humor escasea y temo. Vi un perro muerto en medio del túnel, vi la sangre del perro chorreando en medio del túnel.
Escuché unos poemas sobre Hiroshima: D Ó N D E, D Ó N D E, D Ó N D E, Q U I E N E S, Q U I E N E S... e insensiblemente reí. Mordí mi dedo para poder aguantar porque reía cuando no tenía que hacerlo. Mi sentido del humor se desvía. Imagino cuando el señor de enfrente se pintó el cabello con un tono rubio.
Mis manos siguen mordidas y fugitivas. Mi confianza ha sido empaquetada y enviada a un lugar desconocido.
Me acordé que un día una escena de "Los caballeros de la mesa cuadrada" de Monty python que me hizo reír mucho, pero como no encontré tal episodio y como mi ingenio está más hundido que la cabeza de un avestruz en el hoyo más profundo, pongo dos capítulos de "El sentido de la vida" acá donde una carcajada es lo que se necesita: