Vivimos entre las rocas.











Yo pido que me extraigan la piedra de la locura.

La vida es un cuento de ruido y furia que no significa nada.


En días como estos lo único que hace falta es ver una película de Woody Allen.
Quedarse en cama y leer sobre sociología del arte (ser un aburridor), luego ir a buscar un libro y leerlo rápido porque lo tenías que haber hecho semanas atrás, incluso meses atrás (empezar una tesis y no tener idea de cómo empezar).
Leerlo y no esperar ninguna llamada. Pensar en canciones y no en ruidos. Pensar en viento y no en furia. Quitarle el significado a todo.
No significar nada.
Raspar la pintura de Chirico.

Llega el momento en que se paga de nuevo la renta.


foto de: Ramón, Moncho. www.medioperronegro.blogspot.com

Mis nuevos hermanos.
Mis nuevos hermanos se parecen a los versos de ¡Adelante! libro de Bukowsky en el librero de D id. Se parecen a las carreras de caballos, a las apuestas y el alcohol del que habla tanto en La sede del club. Hagan sus apuestas, apuesten para ver quién se cae más rápido del cerro, quién se tropieza con una piedra, a quién regaña más su mamá, quién se cortará primero el cabello. Quién ayudará a mover el refrigerador del lugar.
Hagan sus apuestas.
Griten como bestias.
Muerdan las cuerdas del tendedero.

Otg.



La paradoja de la fraudulencia consistía en que cuanto más tiempo y esfuerzo invertías en resultar impresionante o atractivo a los demás, menos impresionante o atractivo te sentías por dentro: eras un fraude. Y cuanto más fraude te sentías, más te esforzabas en transmitir una imagen impresionante o agradable de ti mismo para que los demás no descubrieran a la persona vacía y fraudulenta que realmente eras. Por lógica, lo normal sería pensar que en cuanto una persona supuestamente inteligente de diecinueve años fuera consciente de esta paradoja, dejaría de ser un fraude y se conformaría con ser él mismo (fuera lo que fuese) porque se daría cuenta de que ser un fraude era una regresión infinita y viciosa que al final solo conducía a estar asustado, solitario, alienado, etcétera. Pero esta era la otra paradoja, de orden superior, que ni siquiera tenía forma o nombre: yo no lo hacía, no podía hacerlo.

El neón de siempre, Extinción, David Foster Wallace, traducción de Javier Calvo para Mondadori.

Ya habían dicho: el amor es un perro infernal.


El amor existe, cómo negarlo. Sólo que, al menos en su variante más aguda y fervorosa, es como una bestia hambrienta de carne a la que no es posible mantener saciada todo el tiempo. Y que no apetece nunca la misma carne.


R.H A. ortuño.

Te gustan de esos.





“He vivido como si fuera hijo secreto de un rey, en espera de que algún cortesano me rescate. Claro que nadie me rescató; nadie rescata a nadie. Por ello dejé las pretensiones en un cajón. No era más guapo que ellos, no había ido a mejores escuelas ni me vestía mejor y carecía de su encanto. Pero había decidido apegarme al fundamento que hace triunfar a los bandidos: olvidar minuciosamente la compasión.”

Recursos humanos, Antonio Ortuño.

Testosterona.






El orgasmo es un paroxismo; la desesperación, otro. El primero dura un instante; el segundo una vida.
E.M Cioran.

Gargajo Ácido.

La izquierda es una cuestión hormonal.



Feel me now
I don't know maybe you could not love me now
You will know, and her feet down to the ground
Over there, and I want true love to love
You can't hide, oh no, from the way I feel

Cabezas cortas. Flores rotas.
Aprender a nadar con la garganta. Fragmentos nuevos de nuevos libros.
Frases cortas. Flores rotas.
Teorías salvajes.
Fragmento de la canción que escuché repetidamente mientras dormía en una habitación grande, recién habitada.
Nunca he sabido descifrar lo obvio, mejor me corto el cabello cuando estoy en aprietos. Noticias de 7.
Todos los días, todos somos unos espías.

De todos modos ni me gusta la carne.

Mac Donald’s

Nunca te enamores de 1 kilo
de carne molida.
Nunca te enamores de la mesa puesta,
de las viandas, de los vasos
que ella besaba con boca de insistente
mandarina helada, en polvo:
instantánea.
Nunca te enamores de este
polvo enamorado, la tos
muerta de un nombre (Ana,
Claudia, Tania: no importa,
todo nombre morirá), una llama
que se ahoga. Nunca te enamores
del soneto de otro.
Nunca te enamores de las medias azules,
de las venas azules debajo de la media,
de la carne del muslo, esa
carne tan superficial.
Nunca te enamores de la cocinera.
Pero nunca te enamores, también,
tampoco,
del domingo: futbol, comida rápida,
nada en la mente sino sogas como cunas.
Nunca te enamores de la muerte,
su lujuria de doncella,
su sevicia de perro,
su tacto de comadrona.
Nunca te enamores en hoteles, en
pretérito simple, en papel
membretado, en películas porno,
en ojos fulminantes como tumbas celestes,
en hablas clandestinas, en boleros, en libros
de Denis de Rougemont.
En el speed, en el alcohol,
en la Beatriz,
en el perol:
nunca te enamores de 1 kilo de carne molida.

Nunca.

No.

Poema de: Julián Herbert.

Troll you.


Es aquí donde se esconden los archipiélagos ¿Qué es un archipiélago? Un conjunto de islas rodeado de agua.
La pregunta que memoricé hasta ahora, lo que aprendí a los 10 años a través de un cuestionario para un examen. Porque son las cosas más inútiles las que me se me quedan grabadas de por vida.

By this river.







Con sus hombros encima de los míos. Con sus botas rodando por el suelo y sin pies adentro. Se acabó tu cumpleaños, ya no es primero de diciembre, sin embargo, hay muchas luces e insectos arrastrándose.
Desde que te convertiste en Yonqui no te he vuelto a ver. Me hago muchas preguntas ¿por qué no mejor en punk?
Excesos absurdos del arte conceptual, en eso hemos caído.
La ausencia del abuelo. Los pensamientos dirigidos a las personas que nunca conocí y a las que voy a conocer cuando tenga 22 años, 33 años, 44 años, 55 años.
Números iguales puestos juntos, eso justamente eso nos debería de dar miedo y no los peinados de David Bowie.
Desde que te convertiste en hipster no te he vuelto a ver. Me hago muchas preguntas ¿por qué no mejor Yupie?
Hay que comprarnos una canción lenta y colgarla en la pared de nuestra habitación.
Hay que procurar no vivir en casas que tengan humedad. Cuatro mudanzas en cuatro años y no recuerdo las escaleras. Hay que comprarnos un idioma y tatuarlo en nuestro cerebro.

Someone once told me the grass is much greener on the otherside.

Tom Waits, cásate conmigo antes de que se acabe tu voz.


El título de esta entrada es cortesía de Pablo Martínez Chino, gran amigo.

Mon amour fou.

¿Cómo llegas a querer a alguien de forma extraña?


La
música.
Los desconocidos.

El amor que le tengo
a los lugares que no conozco.

Mi extraña forma de querer.
Una forma extraña de querer.

Para los que se tardan en conciliar un parpadeo.




Llueve. Hoy llueve mucho y veo estas fotos. Me gusta la llanta abandonada.Me gusta la cama abandonada. Es simple pues, pero me agradan este tipo de fotos, estilo Aki Kaurismäki como platicaba con Fieltroman. Melancólicas, por decir algo. Solitarias, por decir algo.Irónicas, por decir algo. Parece que en esos lugares (no lugares) hay miles de recuerdos acomulados. Por eso me gustan porque me hacen recordar a la lluvia cuando la lluvia está aquí presente. Trabajo con la memoria.

La primera imágen la traje del FB de Haima Roll.
La segunda imágen la traje del FB de Carlos María.
Creo que los dos son de León, fotógrafos locales.
Fotógrafos que me recuerdan a Jeff Wall y William Eggleston con los que últimamente he estado obsesionada. Viendo sus imágenes hasta ponerme los ojos secos.

Corre, aplasta la mosca que se quedó viendo a través de la ventana.

De cuatro años para acá. Se me vienen estos cuatro años. He aprendido mucho pero también he ignorado otro tanto. He dejado de hacer unas cosas por otras. Y esta noche escucho Radiohead, Animal Collective, Molloy and his bike y Daniel Johnston.
Escucho y veo y me truena la cabeza.

Hace como un mes vi un documental sobre Hunter S. Thompson y me quedé pensando en las bermudas y las armas. Y en los autos viejos y en los viajes por carretera.

Hace cuatro años no pensaba en eso. Hace cuatro años leía Herman Hesse y a Oscar Wilde, escribía cosas y se las mostraba a mis amigos. Hace cuatro años veía el escenario y me emocionaba la música, sobre todo la música que se hace con panderos. Pensaba también en el periodismo, en escribir artículos sobre política, sobre lo que pensaba una tipa de 17 años que escuchaba a Lennon y a Yoko por las noches. Leía diario las columnas de los periódicos y buscaba artículos científicos para obtener puntos extras en física.
Hace cuatro años estaba en un cerro con una pluma, rellenando bolitas en un papel, jugaba México contra Argentina, así como hoy. Me regresé con el doctor que también estaba rellenando bolitas, nos fuimos juntos y yo estaba entusiasmada y nerviosa, él ya estaba resignado, bebimos jugo y agua al mismo tiempo y escuchamos la radio, el partido a punto de terminar, la derrota.
Hubo un cambio, me fui a la ciudad subterránea. Un lugar al que al principio me resistía, pero ahora después de cuatro años, puedo decir que es mi lugar. Un lugar a punto de ser abandonado.
Se acabaron mis materias y busco temas, cosas que me agraden, algo con lo que pueda escribir como cien cuartillas.
Y no sé todavía qué, no encuentro algo que se me pegue totalmente en la cabeza, algo que realmente me interese.
De lo primero que escribí hace cuatro años fue sobre Boris Vian, sobre sus poemas, hice un ridículo análisis que valió para luego escuchar su música.
Después escribí sobre el movimiento Dadaísta, sobre la "muerte del arte", sobre Magritte.
Hicimos muchas lecturas, lecturas colectivas y empezamos a construir un diálogo, un diálogo pesado. Un diálogo basura, uno serio, otro derribador de lo serio, uno cómico, indiferente, a veces con teoría a veces sin ella.
Empecé a leer a Sausurre, a distinguir entre lengua y lenguaje. A leer al círculo de Praga, a Roman Jakobson con la función poética y después no entender a Hjelmslev, ni a Sapir y la lingüística estructural y la conceptualización del mundo. Para luego pasar a Chomsky y comprar Chomsky para principiantes y leer La arquitectura del lenguaje y el minimalismo y la reducción. Y olvidarlo todo, así de fácil, quedarte con ciertas frases, ciertas imágenes y nada más. Quedarte con el frío, con las bancas de cuero, con las crudas.
La Retórica y La Poética de Aristóteles, el diccionario de Helena Beristáin. El encuentro de ensayistas y Simone de Beauvoir. El segundo sexo.
Semántica, el signo y su relación con el mundo, Frege. Polisemia, polisemia.
La vida es sueño, Los viajes de Gulliver, Drácula, Historia de Cronopios y de famas, Fervor de buenos aires, La casa de muñecas, Las flores del mal, Mujeres, El café de nadie, El capote, Nadie los vio salir, Bodas del cielo y del infierno.Luego el clave con Mallermé. Cosas que te decían, cosas que querías o cosas que encontrabas, todo disparejo, todo como quieras, tus ojos y tu tiempo.
Luego D. Fieltroman Aguilar Crocota Ruvalcaba me prestó muchos libros, me regaló otros y vinieron Carver, Bolaño, Bellatín, Kerouac, Bukowsky, Jarry, Paul Auster, Borroughs y Borges de nuevo.
La conjura de los necios, La biblia de neón y los libros de aforismos. Alejandra Pizarnik y la piedra de la locura del mundo.
Pasaron los años entre varios libros, entre varias películas y nueva música para mí.
Escribí sobre Borges, luego Guillermo Fadanelli y Compraré un rifle y Lodo. Sobre el fotoperiodismo y Patricia Aridjis. Y sobre Blanco y un Coup de dés, Revueltas y esas cosas, y sobre Beckett y luego de nuevo sobre Boris Vian y terminé de nuevo con el arte contemporáneo en México y su relación con el pesimismo y la indiferencia anunciada en La era del vacío. Y de nuevo Magritte.
Todo esto para autonarrarme que no tengo una idea clara, pero pienso que las artes visuales y la literatura en estos cuatro años, me han hecho ver y pensar cosas diferentes. Me gustan pues y pienso unirlas. Pero no sé cómo ni cuáles.
Porque quedan muchas cosas por leer y por ver, porque tengo memoria corta y falta de atención. Porque quiero verlas juntas, porque son parte de mi autobúsqueda. Y porque sí.
Pienso de nuevo en Hunter S. Thompson en tener armas para matar tantas palabras inútiles como éstas. Pero pienso más en las bermudas y en largos viajes por carreteras.
Escuchando Let Down de Radiohead. Canción vieja, de hace cuatro años.