Aviso


Foto: Jeff Wall


Quiero anunciarles que este es un virus y que no lo abran,
si lo hacen tendrán la boca marchita,
la saliva seca.

Es un virus, mejor aléjense y corran lejos porque puede 
expandirse y llegar a su duro cráneo. 

Quiero decirles a todos que ignoren el virus, que no lo abran, 
que no le dejen entrar, porque si lo hacen, seguro se meterá 
en su cama y les jalará las cobijas, desaparecerá poco a poco 
sus encías, succionará sus mejillas.

Hago un aviso en nombre de la catástrofe. 

Enunciamos nuestros virus, 
queremos destruirnos, 
no nos soportamos,
enviamos virus, anunciamos el peligro cuando ya es demasiado tarde.

Quiero avisarles que este es un virus y que no lo abran, 
si lo hacen, la enajenación ocupará el trono del rey. 




Caen las manos

Foto de: Imogen Cunningham


Las gargantas se quedan trabadas
mientras las ramas secas entran por la boca
de un hombre sin espíritu 

¿Qué vine a decir del mundo?
¿Qué vine a decir de lo que veo?
¿Qué vine a decir de lo que pasa aquí?

El hombre grita todas las preguntas anteriores
las grita en medio de un puente movedizo y los caminantes voltean
los caminantes ahora son nadadores en el río

No digas lo que sabes lo que piensas lo que ves
no digas nada sobre las bombas que activaste sobre las balas que lanzaste
sobre las noches heladas sin abrigo
no digas nada de lo que pasa aquí
No queremos escucharte hombre sin espíritu 
eres huesos y lengua 

Gritan los nadadores: eres huesos y lengua

Caen las manos de los victoriosos caen las manos de los pescadores
caen las manos de los hombres sin espíritu caen las manos de los espíritus
caen las manos de los nadadores caen las manos de los caminantes
caen las manos de los desterrados 

Eres huesos y lengua

Fuga de cerebros



Científicos exiliados se fueron del planeta,
cuando se dieron cuenta que no les funcionaban
las cuerdas vocales.

Se las acabaron en su última investigación.
Los científicos sabían que Stephen Hawking,
tenía razón.

Quemaron libros, destruyeron computadoras,
discos duros fueron mutilados, todos con información
prohibida para los mortales.

Quienes nunca han fallecido lo saben porque
han visto desfilar ante sus ojos a miles de hombres
con batas blancas.

La inteligencia artificial, acabará con la raza humana,
dice Hawking y alza la mirada a la pared de fondo.
Rotas habitarán nuestras neuronas.

No ha sido descubierto el planeta de los científicos,
pues no dejaron huella al huir, se llevaron incluso
a la persona que podría descubrirlos.

Hay espacio en este mundo para los que muerden
la lengua del otro, para los que salivan como perros,
para los que se derriten ante el sol.

Pero no hay lugar para roedores exiliados, que usan
su tiempo para buscar la verdad ante el circulo infinito
de incertidumbre, que es la vida.

Los cerebros se dieron a la fuga, dejando una nota
en la que dictan que no regresarán jamás.
En su lugar se quedarán un par de estafadores.

No se preocupen, ellos se van a reproducir
rapidamente, velozmente, ferozmente,
con el objetivo de dirigir con sus uñas, nuestras universidades.

La sequía


Todos se fueron a las tumbas

para sacar los dientes de oro de los muertos.

Los colgaron en las ramas de los árboles,

no sintieron frío, mucho menos miedo.

Los niños confundían los frutos con los dientes,

pensaron que de todas las ramas colgaban huesos de oro.

La sequía llegó, muchos árboles murieron.

Los habitantes construyeron un cementerio nuevo

y dejaron sangrar sus encías,

antes de descansar en la tierra.



Días de Junio



Fue en junio cuando fuimos a Cuba. Tiempo atrás yo anhelaba visitar esa isla que imaginaba llena de historias, de música y de colores. Pensé que tardaría más en ir, pero conocí La Habana a mis 25 años.

Desde que empaqué la ropa ligera en mi mochila, iba sintiendo el calor de aquel singular país y cuando E. y yo nos subimos al avión iba tan emocionada que le pedí que me dejara sentar del lado de la ventana para ver el mar Caribe desde lo alto. 


Pensé que estando allá tendría tiempo para escribir mis impresiones pero no lo hubo, me dediqué a observar todo, además de que solo fuimos por ocho días, muy poco tiempo para apreciar la inmensidad de cosas que se quieren ver. Hay recuerdos que no quiero que se vayan y una manera de conservarlos está en la escritura. 

Llegamos al Aeropuerto Internacional José Martí y nos recibió un clima cálido, húmedo y disfrutable.
Lo primero que hicimos fue cambiar nuestros pesos mexicanos a CUC la moneda para extranjeros que equivale al dólar. Estuvimos atentos ya que amigos y conocidos que habían viajado a Cuba, nos advirtieron que algunos cubanos podían estafarnos cambiando nuestro dinero a pesos cubanos, que valen mucho menos que el CUC. (Un CUC vale 13 pesos mexicanos o lo equivalente al precio del dólar en el momento y un CUC vale 24 pesos cubanos.  Hace poco leí que se pretende instaurar en Cuba solo una moneda, pero aún no está confirmado).

Al terminar con la Cadeca (así se les llama a las casas de cambio), ya teníamos a varios taxistas ofreciéndonos su servicio. Nosotros estábamos apabullados, aún sin ubicarnos en un nuevo espacio y de pronto, llegó un señor que no era taxista y nos invitó  subir a su camioneta  para llevarnos a nuestro destino (que aun no teníamos, pues no sabíamos en dónde nos hospedaríamos).

Una amiga que había viajado meses antes a La Habana me había recomendado una casa de huéspedes con un señor llamado Roberto, que rentaba cuartos a un precio accesible. Nosotros fuimos con poco dinero, viajar a Cuba puede ser muy barato. Durante el trayecto del aeropuerto al centro de La Habana vieja, iba viendo todo el paisaje verde y tropical, así como a todos los cubanos con su singular belleza y diversidad. Veía los letreros que había por las calles a favor de la Revolución, unos con imagenes del Che Guevara, otros más con Camilo Cienfuegos y Fidel Castro. 

Recuerdo que a veces, yo expresaba mi deseo de conocer Cuba antes de la muerte de Fidel, ya que me interesaba cómo funcionaba el socialismo, quitando los mitos y las historias que escuchaba sobre dicho sistema político. No conocí muy bien la forma de vida en ocho días pero por lo menos me di una idea y a pesar de que me dijeran y viera que muchas cosas estaban controladas por el gobierno y la policía, me gustó ver  y sobretodo sentir la seguridad en las calles. Saber que nadie te iba a asaltar o atacar, incluso si querías salir a dar un paseo en la madrugada, eso era algo sumamente agradable. Una sensación que nunca he experimentado en mi país, una experiencia nueva para mí. 

No puedo decir mucho sobre el sistema político, pues solo estuvimos en La Habana vieja durante nuestro viaje y conocimos solo un pedacito de la isla, que para mí era hermoso. Entonces dejé de preocuparme por la política y dejarme llevar por lo bello del paisaje, por la gente y por la cultura. 

Al llegar al centro de La Habana pagamos con un billete que tuvimos que cambiar, así que lo primero que vi fui un bar al que me metí, la música era increíble, había un cuarteto de mujeres cantando y tocando y el bar era asombroso, me acerqué a la barra y pedí que me cambiaran el billete, el señor al que teníamos que pagar entró también, él pidió el cambio y se lo dieron. El bar al que habíamos entrado era El Floridita, uno de los más famosos, ya que constantemente fue visitado por el escritor Ernest Heminway. 
En ese lugar había una escultura del escritor y fotografías de su estancia en Cuba. 

Estábamos buscando hospedaje y comenzó a llover, nos dimos cuenta que la dirección del señor Roberto estaba en un mensaje de un correo electrónico por lo que necesitábamos internet. En Cuba es muy complicado y muy caro tener acceso a internet, además de que funciona lento. Encontramos un hotel con servicio y rentamos una computadora que se encontraba en la recepción, nos vendieron una tarjeta de una hora de internet por algunos CUC, pero no recuerdo cuántos. Lo que sí es que para los cubanos con un sueldo promedio de 20 CUC al mes, les es muy difícil adquirir acceso a internet.

Encontramos la dirección y  la casa pronto, llegamos y nos instalamos, el señor Roberto era un cubano al 100 por ciento, un hombre grande, fuerte, negro como la noche, pelo canoso y sonrisa amplia. El acento de los cubanos me fascinaba, recuerdo que al llegar a la aduana a pesar de que habláramos el mismo idioma, me tardé un poco en distinguir las palabras. 

Dejamos las mochilas en nuestro cuarto y salimos a recorrer las calles de La Habana, una de las cosas que más me gustaron fue ver pasar los coches antiguos por las calles, casi no había automóviles nuevos. E. me decía que los coches que veíamos pertenecían al tiempo de la Unión Soviética. E. los identificaba casi todos. Caminamos por el malecón, vimos esas casas enormes y viejas, nos sentamos a observar a los pescadores, caminamos y caminamos, con el calor y con el sol como acompañantes, mientras que nuestras miradas se refugiaban felices en los colores azul y verde de La Habana. 

Todas las mañanas íbamos a buscar el desayuno, comprábamos cosas a pesos cubanos y comíamos jugos y sandwiches que vendían en puestos donde se formaban muchos residentes en las mañanas y a medio día. 

La Habana Vieja es una ciudad demasiado turística por lo que habían muchos productos para dicho mercado:  desde hoteles, souvenirs, restaurantes y lugares para bailar. Lo que E. y yo elegimos fue asignarnos, con nuestro presupuesto bien contado, dos actividades diarias. Una consistía en ir a la playa. Llegábamos nos metíamos al mar y después tomábamos el sol. Una vez nos enterramos en la arena y mi cara quedó roja después de ser lo único expuesto a los rayos del sol.

Además de la playa, fuimos al Museo de Arte Cubano, donde vimos obras de diversos pintores y escultores, todas éstas distintas, sin embargo, al observarlas con atención, podíamos encontrar un común denominador en las mismas. Todas llenas de colores fuertes, amarillos, rojos, verdes y azules. En ese lugar platicamos con una de las custodias, una cubana que llevaba su cabello lleno de trencitas. Se llamaba María y nos dijo que muy pronto tendría vacaciones, que ya las esperaba pues no aguantaba el calor del lugar, ya que el aire acondicionado se había descompuesto. Lo que ella quería era pasar tiempo con su mamá y cambiarse el peinado.

También tuvimos la suerte de escuchar en el Teatro José Martí a la Orquesta Sinfónica de Cuba, acompañada con solistas invitados de Japón, Austria y Corea. Estar en ese concierto fue una experiencia única. Ahora es un grato recuerdo.

Como lo es también aquella noche que pasamos en el malecón, observando el movimiento del agua, la luna, las estrellas, los pescadores y la gente que se reunía a platicar. En esa ocasión, se acercaron dos cubanos a conversar con nosotros y contarnos un poco de sus vidas. Uno era médico y dio la casualidad de que trabajó por un tiempo en un hospital de la ciudad de León en México. El otro era entrenador de un equipo de béisbol (deporte en el que Cuba ha tenido uno de los mejores desempeños). Se quedaron un rato platicándonos sobre el clima, su sueldo, el béisbol, sus paseos nocturnos en la ciudad, etc.  Nos despedimos y caminamos por la Cuba oscura pero tranquila, aquella noche solitaria en la que apreciamos las charlas y la vista y el estar en un lugar inigualable como lo es La Habana.

La comida era deliciosa, los moros y cristianos (una mezcla de frijoles y arroz), se convirtió en mi platillo favorito, los frijoles cubanos fueron un manjar para mi paladar, al igual que el fuerte café y los mojitos que probamos.

Un día antes de partir, visitamos el Museo de la Revolución, un sitio lleno de una historia que en la actualidad muchos cubanos siguen contando orgullosos, mientras que otros piensan y quizá anhelan otra forma de vida. Lo que yo vi, es que hay muchas cosas que en mi país hacen falta como mejor educación, un sistema de salud más eficaz y un apoyo genuino para la cultura. Quizá en dicho país hacen falta cosas que el mío tiene, pero no soy ninguna experta para opinar nada al respecto. Lo que escribo son vagas impresiones, pues deseo nuevamente regresar a la isla cubana y recorrer más de sus ciudades para sumergirme en su música y en su canto.
Me falta mucha música cubana por cantar, muchos poetas cubanos por leer y muchas calles cubanas por caminar.









Belly Boat

Quiero y estoy.  Estoy escribiendo crónicas sobre dos viajes especiales que aparecieron por sorpresa este año. Quiero escribir los cuentos pendientes y también poemas.
Estoy escribiendo en este espacio que aparece y desaparece, estoy sentada en una casa en las montañas, estoy escuchando una canción del pasado, aun me sigue gustando el disco Dear Robert Handey  de Belly Boat y solo encontré una canción en youtube. 
Quiero tener el disco completo. Estoy a punto de hacer cosas académicas, estoy pensando en que tengo hacer eso que no hago.
Quiero ir lejos, quiero estar cerca. Estoy cantando una canción vieja que nadie conoce, estoy bostezando mientras escribo esto.
Quiero que deje de hacer frío dentro de casa, quiero que el sol se meta un ratito. Estoy sentada en un sillón con la computadora en las piernas, quiero que una buena idea entre en mi cabeza, quiero subir el volumen, luego quiero bajar, lo estoy subiendo. 
Estoy aquí, estoy ahora, estoy parpadeando, estoy moviendo las manos, estoy y está.
Quiero una cámara de fotos, quiero un nuevo lugar donde poner mis pies, quiero una taza de té negro caliente en todos los lugares a los que voy. 

La ciudad

Lo que alguna vez yo vi al girar mi vista a lo que alguna vez fue mi ventana. Los instantes, las nubes y la ciudad.

El agua

Es la imposibilidad de ver todo y de ver nada, aquí estamos de nuevo. Este año he aprendido a nadar, desde enero comencé a sumergirme en la alberca sin saber ni siquiera flotar, ahora nado cada viernes en la noche y doy rápidas vueltas y miro el fondo de la alberca de cinco metros y el reflejo de la luz en el agua e imagino que estoy en el mar, nadando para tratar de salir a la superficie. Cuando pienso en el mar, me imagino tragando el agua salada, sintiendo esa extraña sensación en la garganta y luego cambio de escenario, me encuentro en un río. Me gusta estar en el agua, hoy en la alberca pensé si así se habría sentido estar en el vientre de mi madre, girando sin que importe la gravedad. Hoy escuché la conferencia de Anton Corbijn y vi sus fotografías, qué bellas eran, lejos de retratar personajes famosos que me gustan mucho como Tom Waits o David Bowie, sus fotos tenían composiciones realmente conmovedoras. Exhibió su trabajo en una pantalla grande, yo tomé varias fotos de las fotos, mi favorita fue la de Capitain Beefheart y claro, las de Joy Division y Ian Curtis. Después pensé que tendría la tarde libre pero recordé las clases de natación y lo lejos que está de casa y pensé que habría que invertir el tiempo en ir, cuando estoy ahí sumergiendo mi cabeza en el agua pienso en todo lo que no se me ocurre con la cabeza seca. Me gustaría tener ahora mismo la cabeza en el subterráneo acuático.

Bill Callahan "Riding For The Feeling"



Gargajo Ácido.

Una lengua lejana

Así pasamos las tardes, todos sentados frente a la computadora. Lo último que leí fue una antología de poemas de Efraín Huerta, me la regalaron. Me la regaló el gobierno del estado por trabajar en un periódico, qué ironías. Me gustaron bastante sus poemas, sus analogías y figuras, su fuerza para pensar y escribir. Aún no termino Los detectives salvajes, me he tardado en leer esa novela. Ayer antes de dormir leí un libro hecho de varias ideas, un cadáver exquisito llamado Taller de mecanografía, realizado por cuatro escritoras, una ya murió, murió joven y era de León, pero no murió en esa ciudad sino en Oaxaca, en el mar, en la playa. Hoy he leído la columna de Fadanelli que habla sobre la riqueza y la ambición, también sobre la resignación y tristeza y sobre la desigualdad, todo dicho de forma indirecta. Hace varios meses vi la película de Her, me gustó tanto su soundtrack que lo escucho casi cada noche.La melodía que más me gusta es la de Loneliness #3 por su evidente tono nostálgico. Leí un par de entrevistas a escritores y leí también textos que hablan sobre la situación del arte contemporáneo en México y me di cuenta de que hay mucha vanidad en la gente, mucha vanidad en los humanos pues todos queremos demostrar que sabemos más que otros y que nuestra opinión realmente importa. Por eso, cada uno de nosotros tenemos nuestra columna de opinión en la red. Estoy a punto de dormir, a punto de quitarme el rimel de las pestañas y lavar mis dientes. Hay días en el presente que te trasladan al pasado y otros más que intentan llevarte al futuro, sin embargo, aquí estoy oyendo de fondo una lengua lejana, un tono que ahora me es familar. Buenas noches.

Lleno de todo

Recuerdo que a los 17 años, estaba escribiendo en este blog que no podía dormir porque me quitarían una muela, ya no la tengo, han pasado los años. Quiero escribir mucho, pues ha pasado tanto, en este presente lleno de novedades, de descubrimientos, lleno de cambios y recuerdos. Lleno de vida en el pasado y el presente, lleno de todo. Quiero escribir sobre lo que he visto, lo que he soñado e imaginado. Quiero escribir todo lo que mis ojos me muestran en estos días. Quiero cantarle una canción al oído antes de dormir, tomar su mano y viajar juntos, como lo hacemos despiertos y como lo hacemos dormidos. Han pasado 7 años, 25 son el presente, en los que puedo cerrar los ojos y recordar todos mis anhelos, todas mis canciones favoritas, todos mis gustos disparejos. Apuntar todo en un cuaderno, recordar nuestros ojos mirando el mar, la noche que caminamos demasiado, anotar nuestros recorridos por otro país, sintiendo el calor y la alegría a cada paso. Los espejos, objetos en los que nos reflejamos día a día, que nos dicen del presente pero ignoran lo que pasará, representaciones llenas de misterio tienen nuestros ojos. Aunque a veces mi cabeza giré para ver lo que hay detrás, quiero que esto permanezca, esta vez, quiero viajar acompañada.

Green Arrow

Lunes 7 de abril del 2014. Buscando una canción. 12:52 pm con un nuevo horario.

Decir

Pensamientos estériles, todos puestos en esta cabeza. Todos estamos cansados. Las calles, el sol, las subidas, las bajadas, el internet nos cansa. La vida a veces nos pudre a veces no. El tiempo ataca, todos lo días. En la mañana, en la tarde, en la noche, una computadora frente a mí. Hablamos del pensamiento en el pasado y reflexionamos sobre el pensamiento del futuro. Redes sociales donde quiera. Inexistencia de niños en la calle. Inmediatez. No sabemos qué hacer con todo esto, con todo y nada. Mañana, ya casi... saltemos, movamos los sesos que llevamos dentro.